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9/2/09

La confesión del teniente Tamús

Esposado en una cárcel de máxima seguridad al norte de Porto Alegre, así recibió a LA REPUBLICA el recluso uruguayo Mario Ronald Barreiro Neira.


Ex agente uruguayo dijo a LA REPUBLICA en Brasil que existió una "Base Arenal" donde fue cremada Elena Quinteros.
Preso en una cárcel de máxima seguridad en Porto Alegre, Mario Barreiro Neira, ex miembro de la superbanda, afirma que participó en la Operación Escorpión en la que murió João Goulart. Acusa a un forense de la muerte de la esposa de Heber. Revela un plan para asesinar a Gavazzo.

Mario Ronald Barreiro Neira, un uruguayo detenido en una prisión de Brasil, se confesó integrante de un "servicio" uruguayo durante la dictadura, donde lo conocían como el "Teniente Tamús". Dice haber participado de múltiples "operaciones", entre las que se incluye el asesinato de João Goulart y la cremación del cuerpo de Elena Quinteros.

Recluido en una cárcel de máxima seguridad a 60 kilómetros al norte de Porto Alegre, Barreiro Neira (48 años) aceptó hablar con LA REPUBLICA, con la condición de no ser interrogado sobre los delitos por los que está preso en Brasil (tenencia de armas y robo), ni de su vinculación con la "superbanda", por la que tiene un pedido de extradición de la Justicia uruguaya (ver recuadro).

El "Teniente Tamús" dice que militó en la Juventud Uruguaya de Pie (JUP) y trabajó para la Agencia Internacional de Desarrollo (AID). Luego integró un grupo paramilitar llamado Garra 33 y, finalmente, se sumó a esta "agencia secreta", denominada Grupo Gamma, donde actuó antes y después del régimen militar.

Señala a un médico forense como responsable del asesinato de la esposa de Mario Heber, indica que existió una "Base Arenal" --cuya ubicación se negó a proporcionar--, donde existió un horno en el que fue incinerado, entre otros, el cuerpo de la maestra Elena Quinteros. Afirma, también, que realizaron seguimientos del coronel José Nino Gavazzo, a quien planearon matar.

Barreiro Neira ocupó los titulares de prensa brasileños cuando pidió para declarar ante la comisión del Parlamento brasileño que estudia la muerte del ex presidente João Goulart, denunció a la Policía civil brasileña por su relación con una red de delincuentes y envió una nota al prefecto de Chui, Mohammad Kassem Jomaa, alertándolo sobre eventuales atentados contra la colectividad árabe.



Un "agente" que nació de la JUP
(Neira Barreiro esperaba la visita en una sala especial de la prisión, a la que se accede luego de pasar dos guardias y cuatro rejas. Sentado en un banco de estudiante, con el brazo derecho sobre el posatextos, trataba de ocultar las anchas esposas de metal. Parecía a punto de rendir un examen ante quien se sentara al frente del escritorio de cármica. Se sorprende por la presencia de un periodista uruguayo. Sólo esperaba al colega Humberto Trezzi, de Zero Hora, quien había gestionado ante las autoridades carcelarias el encuentro con LA REPUBLICA.)



--¿Cómo se presentaría ante los lectores uruguayos?

--Eu soy un uruguaio que participó en una época muito oscura de nostro país. Eu fui escogido pra ser parte dos servicios secretos... (empieza en un trabado portuñol y se interrumpe). Preferiría hablar en castellano, aunque hace tiempo que no hablo en mi lengua con alguien.

--No es problema, al contrario.

--Digamos que yo estuve durante un largo tiempo prestando servicios para el Estado. Sólo que esos servicios no eran del todo conocidos, por ser sigilosos. Y tomé conocimiento de innúmeras cosas que tampoco condicen con los procedimientos que el Estado debería realizar. (Habla en un tono casi doctoral, al forzar la traducción de palabras de uso común en portugués.)

--¿Esos servicios eran policiales o militares?

--Bueno, la función de agente secreto de un organismo de inteligencia es una función de Estado y en él puede haber individuos naturales del Ejército, de la Policía o simples civiles que tienen algún tipo de conocimiento que le presta utilidad al servicio. El servicio secreto está compuesto por un grupo muy heterogéneo de personas a las que se elige por sus características.

--¿Usted por qué fue "elegido"?

--Yo entonces estaba estudiando segundo año en el Liceo Bauzá, empecé a actuar con algunas organizaciones y fui llamado a participar en el Grupo Gamma por el año 1972.

--¿Qué organizaciones integró antes de ese Grupo Gamma?

--Para suerte o para desgracia, estuve afiliado a la Juventud Uruguaya de Pie. Me afilié a la JUP porque tenía un par de compañeros de clase que como me vieron con una camisa negra que me habían regalado, creyeron que yo era parte de ellos. Me propusieron afiliarme y me afilié. Después, la JUP se fortaleció en el trabajo con la Alianza para el Progreso y me mandaron hacer pesquisas sobre la opinión política de la población. Ahí ganaba buen dinero y tenía un trabajo lícito haciendo encuestas. (Por momentos Barreiro Neira deja el castellano para seguir hablando en portugués y sólo vuelve a hablar en español cuando se le interrumpe con preguntas.)



El Garra 33 de Campos Hermida
--¿Su familia tenía tradición política?

--No hubo influencia de mi familia. Ninguno era de ultraderecha. Mi padre, incluso, era simpatizante del Partido Comunista. Yo no tenía definiciones políticas. Me afilié a aquella organización estudiantil como quien se afilia a Peñarol o a Nacional. Después, un compañero de liceo de apellido Petrópulos, que tenía un pariente que trabajaba en la Embajada (se refiere a la de Estados Unidos), me dijo si quería ganarme un dinero y... ¡claro que quería! Mi familia no era rica. Así que empecé a hacer trabajos políticos para la AID.

--¿Usted sólo hacia sondeos de opinión?

--No. También me integré a un grupo paramilitar en el que estuve poco tiempo, porque yo pensaba una cosa y me encontré con otra. Era el Garra 33, un grupo de ultraderecha armado, muy reducido, que según me habían dicho estaba para combatir a la guerrilla. Me encontré que en lugar de combatir la guerrilla, lo que hacían era atacar trabajadores en conflicto, dar palizas, hacer atentados y otras cosas. Yo quería combatir a la guerrilla que quería adueñarse del país a tiros, frente a frente, y no hacer eso. Vos no tenés por qué creerme y ellos pueden desmentirme, tratarme de extraterrestre o de loco, pero yo sé muchas cosas por haber estado en lo que estuve.

--Lo escucho.

--El Garra 33 preparaba personal. Había instructores militares que daban cursos.

--¿Militares o policiales?

--Eran de la Policía.

--¿De la gente de Castiglioni, en Inteligencia?

--De la gente de Campos Hermida... (Neira se arrepiente de nombrarlo y hace un gesto hacia el grabador para que no le pida más nombres "on the record"). El objetivo del grupo fue tirar unos tiros o atentar contra fachadas de domicilios particulares o golpear a un trabajador. Yo no estaba de acuerdo con ello. Me dijeron que eso era un proceso en el que me examinaban. No quise seguir allí y entonces me llamaron para entrar al servicio secreto. (Ante las miradas de incredulidad, Neira aclara.) Yo también me dije qué es eso del Servicio Secreto, que sólo conocía de las películas. Me dijeron que era la inteligencia del gobierno y que desde allí podía combatir a la guerrilla.

--¿Eso era antes del golpe de Estado?

­Sí, en los preámbulos. Ahí empecé a hacer distintos tipos de cursos de capacitación. Estudie en Chile también. Yo sobre esto tengo escrito un libro de 635 páginas que no sería sencillo resumir en una entrevista. (Sobre el escritorio Neira tiene fotocopias de un manuscrito caratulado con un bosquejo de la portada de un libro que reza: "Entrevista com um reu confesso - Todas as respostas sobre o assesinato do João Goulart". Hojea el texto, pero no nos lo entrega.)



El Grupo Gamma y la Base Arenal
--Bien, dejemos que compren su libro. ¿Participó en alguna operación que implicara una muerte o desaparición forzosa?

--No en una, en innúmeras.

--¿Qué casos?

--(Sonríe con ironía, negándose a responder.) Lamentablemente ocurrieron esas cosas y algún día quizás tenga que responder por ellas. No apreté el gatillo, no di el veneno, no hice nada personalmente, pero yo estaba en conocimiento de los hechos, porque era el que instalaba equipos de radio, intervenía aparatos telefónicos, tiraba fotografías, hacía seguimientos progresivos.

--¿Contra el Partido Comunista, en particular?

--(Vuelve a sonreír.) Cuando tengan el libro verá una larga lista de atentados, secuestros, conspiraciones, etcétera, que fueron en perjuicio de la izquierda. Yo no me volví comunista ahora. No lo fui antes ni lo soy hoy. Nunca fui contra el Ejército ni contra las Fuerzas Armadas, ni estoy hoy en contra de ellos ni de la Policía. Ellos son los que mañana van a defender a mi patria contra un enemigo. Estoy en contra de aquellos que usaron sus facultades y su poder. Yo no estoy arrepentido de lo que hice. Lo hice creyendo que era algo digno. Hoy estoy decepcionado. (Por momentos, el discurso de Neira parece ensayado. Es entonces que habla portugués y busca como interlocutor al colega de Zero Hora.)

--No me queda claro el rango de ese grupo secreto del Estado del que usted habla. ¿Tenía mando militar o policial?

--Hay que explicar que cada fuerza militar tiene su servicio de inteligencia. También lo tiene la Policía. Lo nuestro era aparte. El gobierno tenía un servicio secreto propio.

--¿El gobierno de Bordaberry?

--El gobierno militar. Un servicio de inteligencia no es un servicio secreto. El Grupo Gamma por eso era heterogéneo, estaba formado por gente que provenía de todos los sectores. (Quiere gesticular, pero se lo impiden las esposas.)

--¿Tenía alguna base de operaciones?

--Tenía una sede que se llamaba Base Arenal, que era secreta. Creo que hasta ahora nadie la había nombrado. Ahí era donde se cocinaba todo. (Neira pide parar la grabación y explica en "off de record" que no está dispuesto a revelar datos y hechos que lo puedan comprometer judicialmente porque, dada su condición de civil, no sabe si está amparado por la Ley de Caducidad.)



El asesino de la esposa de Heber
--Entonces, se puede afirmar que usted integraba un Grupo Gamma, que podía considerarse paramilitar o parapolicial, pero en el que usted es consciente de que existía una dependencia directa con las autoridades de gobierno.

-- Estuve en el servicio secreto uruguayo desde el año 1972, cuando tenía 17 años, y no me aparté de él hasta después de reinstaurada la democracia. Incluso en democracia continué por algunos años, porque el trabajo se incrementó. La actividad aumentó después de la transición.

--¿Usted tenía rango dentro de una estructura de mandos?

--No había una estructura de mandos tradicional. Hubo gente importante, algunos están vivos y otros muertos. A mí me pusieron como nombre de guerra "Teniente Tamús", y con ese grado me siguieron llamando después, aunque no tenía jerarquía militar ni policial. Yo era un agente especial. Podía haber un jefe o un encargado, que también era agente. Estaba al mando pero no era mi superior. Eso no funciona así en estas organizaciones.

--Usted habla en términos conceptuales, pero no da datos concretos que puedan confirmar que ese Grupo Gamma existió. Hubo muchos casos sospechosos en esa época. Por ejemplo: ¿qué sabe del caso del vino envenenado que mató a la esposa de Mario Heber?

--Esa fue una operación en la que yo no participé, el que participó fue el doctor C. M. (Neira lo nombra, esta vez sin dudar), el médico forense al que le decían "Capitán Adonis", que fue mi jefe en una época. En ese caso, la idea era una y ocurrió una desgracia.

--¿Eso era parte del Plan Cóndor?

--No. La Operación Cóndor no funcionó como se la conoce ahora hasta después de 1975. Incluso entonces no la conocíamos con ese nombre. Cuando se hizo la Operación Escorpión, en la que murió João Goulart, la considerábamos una extensión natural de la Operación Yacarta con la que los brasileños planearon eliminar a sus disidentes. Habían tomado el nombre de aquello que ocurrió en Indonesia cuando se barrió a un millón de personas. Apoyarse entre servicios secretos es parte de la colaboración natural entre dos estados que tenían enemigos comunes.



El "Escorpión" que mató a Goulart
--¿Usted participó en esa Operación Escorpión que, según dice, mató a Goulart?

--Sí, aunque no sé sí me incluyeron en esa operación porque hablaba bien el portugués o si fue por mis conocimientos de electrónica. (El tema llama la atención a Trezzi, quien continúa el interrogatorio en portugués. Es la oportunidad para tomarle fotografías --"siempre con la pared de fondo", según advirtió el director de la cárcel.)

--¿Usted realizó espionaje telefónico a Goulart?

--Bueno, en un primero momento me encargué de grabar las conversaciones de João Goulart y realizar seguimientos progresivos. Era el que desgrababa lo conversado. Pero la Operación Escorpión fue una de las más largas y que duró más tiempo antes de llegar a su final. Porque fue una operación que comenzó antes de que yo perteneciera al Gamma y terminó en diciembre de 1976. Duró muchos años. Yo creo que en principio no se pensaba en la muerte de Goulart. Sólo se buscaba una vigilancia preventiva de una persona que era considerada peligrosa. La operación no era contra Goulart, sino contra varios disidentes brasileños, entre los que él era importante.

--¿Qué brasileños eran vigilados?

--Leonel Brizola era el más importante en su apartamento de Atlántida. Era el más corajudo. Estaba en contra de lo establecido y se transformaba en un objetivo que, eventualmente, podía ser eliminado.

--¿Por qué se cambió hacia João Goulart?

-- No sé si en realidad se cambió. Brizola había demostrado su fuerza en el fallido golpe del 61. Brizola fue el victorioso. En 1964 fue diferente. Podíamos hablar largamente de todo ese proceso, pero no tenemos demasiado tiempo. (Neira sabe cuánto tiempo le permiten por visita. Un agente de seguridad que al principio se asomaba cada tanto a una ventana de control, ahora está fijo en ella y sigue la conversación.)

--¿Pero Goulart fue el objetivo de una operación que en principio era para Brizola?

--Había diferencias entre Brizola y Goulart. Hubo una reunión al poco tiempo de que ellos llegaron exiliados. Ellos se pelean entonces. Fue "la briga dos cuñados". También hubo una reunión de exiliados donde se separaron más. Fue el 24 de setiembre de 1967 que hicieron aquella reunión en la calle Leyenda Patria. Pero yo entonces no estaba. Ingresé años después.

--De aquel grupo, João Goulart, Carlos Lacerda y Juscelino Kubitschek murieron en pocos meses, en forma sospechosa, al punto de que se crearon comisiones investigadoras parlamentarias sobre sus presuntos asesinatos, ¿Brizola se salvó?

--Brizola no estuvo de acuerdo con participar de aquella alianza política y quedó separado del grupo de disidentes; también quedó fuera de aquella investigación. La Operación Escorpión comenzó cuando Goulart llegó al aeropuerto. Además, Goulart siempre estaba en medio de los acontecimientos.

Era un líder para su gente, pero a la vez se metía en temas del propio Uruguay.

(La frase silencia el flash. Neira, al que no le gustaban las fotografías --"Estoy desprolijo, ¿me podría ir a poner una corbata?", adujo--, devuelve el eje de la entrevista hacia el interés uruguayo.)



Jango y el destino de Elena Quinteros
--¿En qué tipo de internas uruguayas participó Goulart?

--En el caso de la "profesora" Elena Quinteros. Usted puede pensar ¿qué tendría que ver Goulart con eso? Pero, la verdad es que cuando Quinteros fue secuestrada de la Embajada de Venezuela, Goulart terminó haciendo tratativas diplomáticas. Jango, como le decían, ya no vivía en el Parque de los Aliados y había vuelto a la casa de la calle Cannes, donde también vivía Frank Becerra, que era el embajador de Venezuela. Goulart terminó haciendo tratativas con el Ministerio de Relaciones Exteriores y con todo el mundo para que se devolviera a la "profesora" y que no se rompieran las relaciones diplomáticas.

--¿El grupo Gamma tuvo relación con el secuestro de Elena Quinteros?

--Nosotros no tuvimos que ver. Fue otro grupo de inteligencia. Nosotros veíamos lo que hacía Goulart. Pero después que Quinteros fue recapturada de la Embajada de Venezuela, nadie quería tenerla en su base porque era quemante. Nadie quería en su carcelaje a una mujer que dio origen a un conflicto diplomático internacional. El Departamento 6 de Inteligencia no sabía qué hacer con ella: allí es que intervino el servicio secreto.

--¿Adónde se supone que la llevaron?

--Ella estuvo en la Base Arenal.

--¿No fue trasladada al Batallón 13 de Infantería, al "300 Carlos"?

--No. No sé de dónde salen esos datos.

--Son datos que dieron presos que la vieron...

--Quinteros fue detenida y cremada en la Base Arenal.

--... y que también habrían dado a la Comisión para la Paz.

--Bueno, después que acontecen los hechos cada cual puede decir lo que quiere. A ella la llevaron de un lado para el otro, hasta que se dio la desgracia de que vino a fallecer. Entonces hubo que cremar el cuerpo y eso fue hecho. Ahí el servicio secreto tuvo una participación activa, porque era el único que tenía un horno para cremar.

--¿Adónde estaba ese horno y esa base Arenal?

--Eso está en el libro. No lo voy a decir en esta entrevista. Sí le digo que por mis conocimientos de ingeniería fue que se instaló allí el horno. Después quisieron hacer otro horno en la Base Marta en la calle Amado Nervo, pero fue un fracaso, lo mismo que el grupo de policías con el que quisieron crear un Gamma institucional. El gobierno quiso legalizar al grupo, porque decían que hacíamos y deshacíamos. Eligieron 14 miembros de servicios de inteligencia y le dieron una estructura. Fue un error. Un servicio secreto no puede ser de conocimiento público. Hicieron una base, a semejanza de Automotores Orletti. Consiguieron una fábrica de café abandonada que era propiedad de un coronel, e instalaron allí la Base Marta. Quisieron poner la casa en orden. Eso fue por el 80 o el 81. Llamaron al capitán (Ricardo) Medina Blanco y lo pusieron a cargo de ese equipo

--¿Por más que insista no me va a decir adónde estaba la base Arenal?

--No. (Neira juega con sus secretos. No cuenta todo lo que sabe. Es lo que lo transforma en un preso especial, con una connotación "política" que, quizás, podría utilizar cuando deba enfrentar el pedido de extradición uruguayo.)

--¿Conoció una base Valparaíso cerca del zoológico de Villa Dolores?

--Hablé por radio con una base con ese nombre pero tenía entendido que estaba cerca de la estación de trenes, por la calle Valparaíso. Conocí la base Lima Zulú que tenía Campos (Hermida) por Lezica, el "300 Carlos" que estaba en el 13, la base Rosen que nunca la vi, la de la calle Ismael en Punta Gorda... hubo muchas bases.



"Hubo planes para matar a Gavazzo"
--Antes de la muerte de Goulart, hubo otros casos importantes. En mayo de ese 1976 fueron asesinados Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz, y desde junio comienza a operar Automotores Orletti como base para captura de extranjeros en Argentina.

--¿No fue antes de junio que funcionaba Orletti? (Pregunta con tono ingenuo.)

--Por lo que se sabe, posiblemente hubo una base anterior, pero Orletti se ocupa luego de firmar el contrato el 1º de junio.

-- No sé... (Pasa a ser enigmático.)

--¿Pero sabe de la serie de traslados clandestinos de prisioneros a Uruguay, los que vinieron en avión en junio y un segundo vuelo en octubre?

--Yo sólo supe de un vuelo, el que se hizo antes de mi cumpleaños, que es el 8 de agosto. Lo que tenía entendido es que a otro grupo los trajeron luego por Mercedes. Pero puede haber habido otros traslados, nosotros no estábamos en ese tema. Sí sé cosas de Gavazzo, porque él era objeto de nuestra vigilancia. (Vuelve a proponer el tema.)

--¿Por qué vigilaban a Gavazzo?

--El gobierno estaba sabiendo lo que hacía Gavazzo. El fue utilizado y en varias oportunidades, escuche lo que estoy diciendo, el servicio secreto pensó en matar a Gavazzo. El iba al frente, no mandaba a los soldados, ese coraje le daba una jerarquía extra a su mando. Enfrentaba a un general o podía ponerle un revólver en la cabeza. Eso lo hacía peligroso. (El guardia de seguridad habla con otros guardias. Se hace evidente que la entrevista debe finalizar.)

--¿Ese servicio secreto supo lo que ocurría con los desaparecidos?

--Todo el mundo sabía lo que pasaba con los desaparecidos. Eso era un invento. Sabíamos que los desaparecidos habían muerto. O fueron ejecutados o murieron en el interrogatorio o en una "troca" de tiros. Se decía que estaban fugados, pero estaban bajo tierra.

--¿Sabían dónde estaban los cementerios?

--Es algo complicado hacer afirmaciones de eso. Yo no sé todo, sé parte.

--¿Sabe si hubo una Operación Zanahorias, dirigida por el coronel Lami por la que desenterraron cuerpos de las unidades militares para hacer una tumba única?

--No supe de ella, si la hubo la hizo inteligencia del Ejército. Hubo pozos que se hicieron en distintos lados bajo la custodia del Ejército, como aquel por el Cilindro, donde estaba el cuerpo de Bomberos.

No sé que se desenterraran cuerpos. Es posible que se haya tratado de eliminar pruebas antes de que volviera la democracia. En cualquier delito se eliminan pruebas. En todo trabajo de inteligencia se evita dejar documentos, se tiene una conducta ágrafa, se evita el testimonio escrito. (Neira mira a los ojos, y calla.)


El preso Nº 94.148
Sesenta kilómetros al norte de Porto Alegre, en un área cercada de arrozales y algunos bañados, se encuentra el complejo carcelario La Charqueada, compuesto por seis presidios que congregan a unos cuatro mil procesados por la Justicia federal y estadual de Río Grande del Sur.

Una es la Penitenciaría de Segurança Máxima conocida como la PARÇ, donde permanecen recluidos poco más de doscientos presos "especiales", quienes poseen la ventaja de vivir en celdas individuales y la desventaja de que en la historia del presidio sólo se logró una fuga (y fue recapturado).

El director del instituto, Abelino Chaves, no tuvo mayores reparos en permitir la entrevista con un preso tan particular como el uruguayo Mario Ronald Barreiro Neira, a quien otros periodistas de Río de Janeiro venían visitando desde hace meses con el objetivo de hacer un libro: "Reportaje a un reo confeso - Todas las respuestas sobre el asesinato de João Goulart", de próxima edición.

Neira Barreiro --en Brasil anteponen el apellido materno-- está detenido como el prisionero Nº 94.148, bajo el nombre de Antonio Merelles Lopes, según establecía el documento falsificado (que le valió una de sus condenas) con el que fue atrapado en noviembre de 1999 en la localidad de Gravataí.

La Policía Federal capturó a Neira junto a otro uruguayo, Ricardo Anacleto Ruiz Mendieta (también preso en la PARÇ), en un domicilio donde se encontró un arsenal de armas, municiones, equipos de comunicaciones y anotaciones de las frecuencias radiales de la Policía regional.

Ambos fueron vinculados por las autoridades brasileñas con sendos asaltos a camiones blindados de la empresa Proforte en Canoas y Sapucaia de Sul, con un frustrado atraco al aeropuerto de Rivera-Livramento y con el tráfico de automóviles en el Mercosur.

Rápidamente se obtuvieron sus antecedentes en Uruguay, donde los relacionan con una de las superbandas que actuaron en Montevideo en 1998. A ellos corresponderían el asalto al Zoológico de Montevideo, a la sede de Casa de Galicia, a las oficinas de Oca y Plata Card en el Paso Molino, el mismo año.

En Uruguay, Barreiro Neira pudo ser detenido en Rocha, frente a la Aduana de La Coronilla, donde también se encontraron objetos robados y equipos de telecomunicaciones. Logró huir por el Chuy. Atrapado en Brasil, cumplió una preventiva de 24 meses en la cárcel de Bagé.

El preso uruguayo obtuvo rápida fama debido a que él mismo confesó su condición de ex militar y agente de los servicios de la dictadura uruguaya, cuando pidió para declarar ante la Comisión Parlamentaria Investigadora que indagaba sobre la muerte del ex presidente João Goulart.

Neira Barreiro también se las ingenió para denunciar una relación entre la Policía civil y una red de delincuentes brasileños, y enviarle una carta al prefeito de Chui, el polémico Mohammad Kassem Jomaa, a quien le advirtió sobre posibles atentados contra la colectividad árabe en la zona


La República
22/12/02

22/1/09

Entrevista a John Dinges

Revelación del periodista John Dinges en el programa Primera Voz de 1410 AM LIBRE

"Si fue el general Alvarez como dice Campos Hermida eso está por probarse, pero que caben responsabilidades en los Servicios de Inteligencia uruguayos, eso no me cabe duda", afirma John Dinges

El periodista norteamericano John Dinges, autor del libro "Operación Cóndor", reveló que un ahijado del presidente de facto y ex jefe del Ejército, Gregorio Alvarez, fue el nexo entre las dictaduras de Argentina y Uruguay para consumar en Buenos Aires el asesinato del ex legislador Zelmar Michelini. La investigación de Dinges se basó, en buena parte, en una conversación que mantuvo con el ex jefe de Inteligenia de la Policía Hugo Campos Hermida, pocos días antes de su muerte. En el programa Primera Voz que conduce Sonia Breccia, Dinges narró aspectos de su investigación.

¿Qué tipo de fuentes personales y de documentos ha manejado usted para llegar a esta conclusión y qué elementos tiene probatorios ? Alvarez acaba de negarlo.

Yo lo pongo como una pista de la investigación. El Ejército había removido a Campos Hermida como jefe de Inteligencia, él cumplió un papel preponderante en la lucha contra los tupamaros en los años 70. La unidad fue reemplazada por una unidad de los militares mismo. Campos Hermida habló conmigo tres semanas antes de su muerte, yo creo que él quería limpiar su nombre. El había sido vinculado a las operaciones en Argentina, entonces quiso decir que él sabía de la operación a través de un tercero, e identificó a este tercero como un mayor de Ejército que había sido ahijado de Alvarez y que actuó de enlace entre Alvarez y Videla para cumplir, para dar la orden de ejecutar a Zelmar Michelini.

¿Le dijo Campos Hermida el nombre de este ahijado ?

­No, no me dijo el nombre.

­En ese diálogo que mantuvo con usted, usted señala que esta es una pista, ¿Campos Hermida fue tajante, fue claro, fue definitivo, en señalar la responsabilidad de Gregorio Alvarez ?

­Sí, para él no cabía duda, él lo describió en términos muy directos, muy definitivos y además él habló mucho, no solo de la operación contra Zelmar Michelini sino también sabía de todas las operaciones que hizo Uruguay en Argentina, en que murieron muchísimas personas, yo digo en el libro que murieron 135 uruguayos en Argentina, creo que es una cifra más alta que el número de muertos en Uruguay mismo y Campos Hermida ha sido vinculado a estas operaciones en muchos documentos y él quería limpiar su nombre, decía que no era él, que eran otras personas que incluso en algunos casos habían utilizado su nombre y credenciales, pero que en ese momento él ya se había alejado de las operaciones antiterroristas y se dedicaba a las operaciones de Policía Antinarcóticos.

­En lo que usted está diciendo quedan por lo menos dos líneas, la primera, usted dice que él quería limpiar su nombre, ¿el contacto con Campos Hermida lo hace usted o Campos Hermida lo busca a usted ?

­No, lo hice yo, viajé a Montevideo, eso fue en el año 2002, y lo busqué porque me parecía que era una persona clave ; hablé con varios militares pero Campos Hermida es el que me dio estos datos. Yo creo que es una tragedia que murió tan rápido porque para mí era claro que él quedó de contactarme más tarde, dijo que estaba dispuesto a hablar con cualquier investigación en Uruguay, lamentablemente en ese momento no existía ninguna investigación judicial en Uruguay con quien él pudiera hablar pero yo esperaba cuando habló conmigo que pronto iba a hablar con alguien oficialmente, e incluso traté de hacer contacto con otra persona para que alguien fuera a entrevistarlo oficialmente.

Cuando usted dice que Campos Hermida buscó limpiar su nombre, que había sido separado de determinado tipo de operaciones y que había sido sustituido por un comando ¿reconocía Campos Hermida responsabilidades personales o responsabilidad de él, de Campos Hermida en operaciones o actos violatorios de los Derechos Humanos antes de ser separado de ese cargo y ser sustituido por un comando ?

­Básicamente sí, él reconoció haber dado golpes muy fuertes al terrorismo en Uruguay, se sintió no culpable, sino orgulloso de haber derrotado a los tupamaros en los años 70-71-72 ; negó ser jefe de algún escuadrón de la muerte como le acusan pero sí reconoció que había matado a varias personas en lucha, negó haber participado en torturas porque dijo que ese no era su método.

­En el año 2002 habló usted con Campos Hermida ¿correcto ?

­Sí.

­¿El le mencionó haber sido citado o haber buscado comparecer por ejemplo ante la Comisión para la Paz ?

­Sí, o sea, yo creo que estamos hablando... no de la Comisión para la Paz, en ese momento no sé si estaba trabajando...

­Sí.

­Que yo sepa no habló con ellos, no fue citado, pero yo sé que dio testimonio en el año 86, cuando se hizo la investigación sobre la muerte de Michelini y de otros crímenes sobre Derechos Humanos.

­Sí, la comisión parlamentaria.

­Sí, y en el testimonio del 86 hay contradicciones con lo que él me dijo en la entrevista más reciente, o sea que en ese momento, en el 86, él estaba obviamente en conocimiento de que él tenía y aparentemente se había decidido a hablar, ojalá que la segunda versión fuera la verdad, yo no puedo decir que sí o que no ; pongo todos esos detalles en el libro, yo quiero ser muy honesto y abierto, no estoy haciendo un procesamiento contra el general Alvarez, estoy aportando un dato que creo es un dato muy importante, y trato de explicar todo lo que fue el contexto del asesinato de Zelmar Michelini dentro de la operación Cóndor, es un contexto muy amplio y que hay que entenderlo. Creo que caben responsabilidades en Uruguay sin duda, si fue el general Alvarez como dice Campos Hermida eso está por probarse, pero que caben responsabilidades en los servicios de inteligencia uruguayos, eso no me cabe duda.

­Esa comisión investigadora especial del Parlamento escuchó testimonios de una enfermera universitaria, que imputó como el asesino material de Zelmar Michelini al capitán del Ejército Pedro Mato, alias "El Burro", quien incluso habría sido recompensado con dinero por matar a Michelini ¿usted exploró la pista Mato como asesino de Zelmar Michelini o el hecho de que pudiera haber formado parte del equipo que secuestró y mató a Michelini en Buenos Aires ?

­Sí, yo sabía de esos testimonios ; tenía ciertas dudas respecto al escenario que él pintaba, no puedo decir que es verdad o no, pero no es compatible con la versión que dice Campos Hermida. Quiero hacer una aclaración, me equivoqué en la fecha en que yo hablé con Campos Hermida, no fue en el año 2002, fue en octubre de 2001 y él murió el 24 de noviembre de 2001.

En cuanto a la responsabilidad y a la complejidad de la acción que entre otros asesinatos supone el de Zelmar Michelini ¿Qué cosas destaca usted en su investigación y en su libro ?

­La Operación Cóndor fue una alianza militar de los 6 países del Cono Sur, los principales eran Uruguay, Argentina y Chile, se involucra en documentos de la CIA indirectamente a Uruguay como participante en la llamada fase 3 del Cóndor, o sea, operaciones fuera de las fronteras de América Latina, la fase 2 incluía operaciones dentro de los otros países del Plan Cóndor. En Uruguay participaba los servicios de inteligencia, el SID, participó muy activamente en operaciones en los meses de abril a octubre del año 76 dentro de Argentina, y uno tiene que mirar los blancos de estas operaciones, está establecida la presencia de oficiales de Uruguay, yo digo que la presencia de oficiales uruguayos en Argentina formaba parte de operaciones del Cóndor y su blanco eran los tupamaros que estaban trabajando en Argentina, y en Buenos Aires, y un grupo que se llama el PVP y su brazo armado OPR 33 y en conjunto, todo al mismo tiempo la operación incluía no solamente a los tupamaros sino a Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Yo doy toda la cronología de los hechos y para mí era obvio que formaba parte de un mismo plan en esos meses de limpiar toda la oposición uruguaya establecida en Argentina.



República
14, noviembre de 2004

8/1/09

Un forense habría preparado los vinos envenenados

“Siempre se manejó que podía haber intervenido un médico o un enfermero en la preparación del atentado que le costó la vida a Cecilia Fontana de Heber, pero que fue contra Mario Heber, Luis Alberto Lacalle y Carlos Julio Pereyra”, recordó hoy el abogado Javier Barrios Bove, quien viajó a Brasil para hablar con un preso que ahora señala a un forense uruguayo ya fallecido, Carlos Milles, como el responsable de colocar el veneno en los vinos. Ahora se confirman otros elementos, se alegró el abogado, aunque sabe que algunas de las cosas que dice el recluso pueden ser ficción.

EMILIANO COTELO:
“Forense uruguayo fue quien envenenó a la madre del senador Luis Alberto Heber.” Este título fuerte aparece en la portada del matutino La República, que vuelve a traer al tapete el caso de las botellas de vino envenenado.

La nota, que se despliega en las páginas 4 y 5, comienza diciendo que un médico uruguayo que actuaba con los servicios de Inteligencia de la dictadura bajo el alias de Capitán Adonis, habría sido el mismo que adulteró medicamentos del ex presidente brasileño João Gulart, para asesinarlo, en 1976 y que inyectó el veneno en la botella de vino con la que se le provocó la muerte a Cecilia Fontana de Heber, aquí en Montevideo, en 1978.

¿De dónde surge esta información? Un delincuente uruguayo, preso desde hace años en una cárcel de máxima seguridad de Porto Alegre, un hombre llamado Mario Ronald Barreiro Neira, quien se confiesa como un ex agente secreto de Uruguay, reveló a la prensa brasileña que habría sido el médico uruguayo Carlos Milles quien preparó el veneno para los dos homicidios políticos.

Luego, la nota recuerda que a fines del año 2002 el propio diario La República había entrevistado por primera vez a Barreiro Neira en una prisión de Río Grande del Sur, y que el uruguayo, procesado entonces por asaltos a vehículos transportadores de caudales, ya había mencionado a ese médico, hoy fallecido, como el responsable de los dos envenenamientos.
En aquel momento la identidad del médico fue publicada simplemente por la vía de iniciales, CM, pero su nombre fue revelado luego por el diario La República cuando el periodista autor de la nota testimonió ante la jueza en lo Penal de noveno turno, Gabriela Merialdo, que investiga la causa de los vinos envenenados con que fue asesinada la esposa del dirigente blanco Mario Heber y madre del actual senador Luis Alberto Heber.

Ya había habido pistas en esta dirección aquí en Uruguay, pero solo se habían mencionado iniciales. Ahora aparece este testimonio de Barreiro Neira, realizado en tres horas de grabación para la televisión Cámara del Congreso de Brasil. La entrevista tuvo amplia repercusión en la prensa del vecino país y motivó a los familiares del derrocado João Gulart a presentar una denuncia penal para que vuelva a investigarse judicialmente el eventual homicidio.

Barreiro Neira, que operaba con el alias de guerra Teniente Tamús, sostiene que integraba un equipo de tareas que se denominaba Grupo de Acciones Militares Antisubversivas (GAMA), que no pertenecía a los servicios de Inteligencia, de la Policía ni de las Fuerzas Armadas, pero que coordinaba con todas las agencias de espionaje.

***

EC - Estamos con el doctor Javier Barrios Bove, que patrocina la nueva investigación del caso del vino envenenado en la Justicia uruguaya.

Usted conoce esta pista y esta acusación.

JAVIER BARRIOS BOVE:
Efectivamente, es una de las líneas de investigación que venimos trabajando. Es más, días antes del comienzo de la feria judicial mayor, la doctora Merialdo remitió exhortos a la República Federativa de Brasil para que se tomara declaración formal a este ex agente que dice tener esa información o que dice aportar esos datos sobre los hechos ocurridos con relación a la señora Cecilia Fontana de Heber.

EC - ¿Por qué la doctora Merialdo hizo esa solicitud a la Justicia de Brasil a fines del año pasado?

JBB - Por varias razones. Primero, la nota del periodista Roger Rodríguez, de 2002, motivó que quien habla se trasladara hasta Charqueadas, la ciudad donde tiene sede el penal de máxima seguridad de Porto Alegre, y tuviera una entrevista con Mario Ronald Barreiro Neira.

EC - Según el informe que aparece publicado hoy, usted tuvo un diálogo mano a mano con este hombre.

JBB – Exactamente. Tuve 40 minutos de diálogo, pero por ser una prisión de máxima seguridad no pude entrar con grabador ni con filmadora y lo que él me contó es de palabra. Por eso con otros elementos de otras investigaciones que realizamos, solicitamos a la Justicia que le tomara formalmente declaración para que esta persona aportara todo lo que tiene para colaborar con la investigación que venimos realizando.

EC - En esa reunión, ¿Barreiro Neira volvió a manejar el nombre del doctor Carlos Milles como responsable del envenenamiento?

JBB – Sí. El nombre se había manejado en reserva hasta ahora, pero hoy está en la prensa nacional y la semana pasada estuvo en todos los portales de Internet y en todas las agencias. Porque es el mismo nombre que se maneja para el caso de João Gulart.

EC - ¿Cómo recibió ese dato en su momento? ¿Qué impresión sacó de ese contacto personal que tuvo con quien ahora ha hecho estas denuncias?

JBB - Hay que tener en consideración que esta persona está detenida y que busca notoriedad, busca su liberación, puede buscar un acuerdo con la justicia brasileña, que tiene otros resortes legales, para alivianar su pena, entonces parte de lo que dice puede cierto y parte puede ser ficción. En este tiempo hemos tratado de corroborar la historia que nos relató.

EC - ¿Qué fue lo que pudo investigar usted por su cuenta?

JBB - Muchos de los datos que hoy recoge el matutino, que nos comentó en su momento y que le comentó a la TV Senado de Brasil son verídicos. Hoy el matutino La República confirma datos que ya teníamos. Por ejemplo, que fue médico forense. Ese es un dato que le habíamos solicitado individualmente al Ministerio de Salud Pública y que hasta el día de la fecha, a más de un año, no hemos podido obtener. Sí habíamos confirmado, primero, que la persona realmente existió, porque cuando se maneja un nombre lo primero es saber si la persona existió, y que fue médico. Ocupó un lugar como médico. También chequeamos su domicilio y su muerte en un accidente dudoso.

EC - La nota dice que Carlos Milles era hijo de un médico del mismo nombre que se había especializado en farmacología, particularmente en tóxicos.

JBB - Hasta el día de hoy no habíamos podido confirmar eso. Eso sería lo valioso de la nota: confirma que era un médico forense. Barreiro Neira dice que Carlos Milles era una de las personas que facilitaban certificados de defunción a la gente de la dictadura, si un detenido político moría en tortura esta persona certificaba que había sido un paro cardíaco o una muerte natural. Con otras organizaciones de derechos humanos estamos trabajando en confirmar eso. Si algún familiar de algún detenido recuerda haber visto en la partida de defunción el nombre de este forense, sería muy importante que aportara ese dato, que ayudaría a corroborar la historia de Barreiro Neira.

EC - Hay otros datos en la nota, pero se pudo corroborar que, como señala este preso uruguayo en Brasil, el doctor Carlos Milles estuvo domiciliado en Tomás Diago 765 y que murió en un extraño accidente al caer desde un primer piso luego de amenazar con contar lo que sabía si no era designado en el puesto que exigía de director del Hospital Militar.

JBB - Ahí está lo que le digo sobre las cosas que podemos corroborar y las cosas que no. Podemos corroborar que murió. Varias personas que lo conocieron nos dijeron que murió en un accidente al caer de un primer piso cuando estaba arreglando una antena. El resto de los datos, si fue porque iba a hablar, qué pretendía... son hechos que no podemos corroborar, que de repente se corroboran cuando todo el resto de la historia se corrobore.

EC - Barreiro Neira dice que el doctor Carlos Milles era jefe del grupo GAMA, que comandaba junto con un agente de la CIA llamado Pedro, un general y un civil vinculados con grupos de ultraderecha. Este grupo GAMA coordinaba sus acciones con el ex comandante en jefe del Ejército general Luis Vicente Queirolo. ¿Ha hecho alguna averiguación sobre esto?

JBB - Los nombres que se mencionan existieron. Estamos trabajando y supongo que la justicia seguirá trabajando en relacionar a esas personas y ver si efectivamente tuvieron participación en el hecho que estamos investigando. Esa es una de las líneas de investigación más firmes de la causa. Pedro Peter, que sería un agente vinculado con la CIA, no solo es mencionado por Barreiro Neira sino que es mencionado como actuando en Uruguay por otras publicaciones o por otros ex agentes que han decidido confesar lo que saben.

EC - ¿Hasta ahora Mario Barreiro Neira es la única persona que ha hecho acusaciones con respecto a este nombre en particular, a este médico hoy fallecido? ¿Usted ha recogido otros testimonios en esa misma dirección?

JBB - Hay otras fuentes que confirman parte de la historia, pero no un relato con tanto lujo de detalles, con nombres, momentos, etcétera. Barreiro Neira es la persona que ha dado un relato más acabado de cómo habrían ocurrido los hechos. Por eso la importancia de que la sede, a través de su homólogo en Brasil, tome declaraciones formales a esta persona para que después la jueza Merialdo evalúe la credibilidad o no de este testigo y la verosimilitud de sus dichos. Después de obtenido su testimonio aportaremos todos los datos que hemos recabado para confirmar esa versión de la historia.

EC - Pero ¿alguien más había mencionado al doctor Carlos Milles?

JBB - Al doctor Carlos Milles no. Se manejaban hipótesis de médicos, de personas vinculadas con la medicina, con la enfermería, por la precisión con que se inyectó el veneno. En aquella época no había hipodérmicas descartables. Entonces siempre se manejó que podía haber intervenido un médico, un enfermero en la preparación del atentado que le costó la vida a Cecilia Fontana de Heber pero que fue contra Mario Heber, Luis Alberto Lacalle y Carlos Julio Pereyra, que fue quien reabrió la investigación a fines de 2006.

EC - Además de esa solicitud cursada por la jueza Merialdo a la justicia brasileña, ¿qué otros pasos están previstos en la investigación?

JBB - La doctora Merialdo también libró exhortos al gobierno de Estados Unidos, que ha desclasificado una serie de documentos que estaban en poder del Departamento de Estado pero aún tiene pendiente la resolución de un recurso de apelación que presentamos sobre una serie de documentos que están en poder de la CIA. La CIA nos confirmó que tiene documentos sobre el caso, pero argumenta que por razones de seguridad nacional no los puede liberar a 30 años de ocurridos los hechos. Eso nos llama mucho la atención. Deben tener información muy sensible ya que pasados 30 años ha liberado documentos relacionados con la invasión de la bahía de Cochinos, con un intento de golpe de Estado de Fidel Castro, pero no quiere liberar estos documentos. Hemos recurrido a la vía administrativa en Estados Unidos, hemos presentado un pedido de apelación ante los órganos de la CIA y paralelamente la Justicia uruguaya ha decidido solicitar colaboración a sus homólogos en ese país para que le soliciten a la CIA la entrega de ese material que podría llegar a arrojar luz sobre la causa.

El Espectador
21/01/08

31/12/08

Amado Curbelo


Amado Curbelo


Los mandos, los médicos
– ¿En qué fecha fuiste detenido?
– El 6 de julio de 1972.

– Y te llevaron al Batallón 4.
– Al Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia. Yo vivía en Ruta 1, antes de lo Bernardi. Desde que llegan a mi casa me ponen la capucha y me esposan. En el cuartel, ya de entrada me ponen de plantón. Me meten en un lugar que no sabía qué era, esposado y encapuchado,y me paran diciéndome que tengo que tener los pies juntos y las manos al costado del cuerpo, rígido, sin moverme. Había un milico con un garrote haciendo un control personal de esa posición. Era absolutamente desgastante. No te llevaban al baño, y si te movías te daban un garrotazo, y si caías dormido otro garrotazo. Ese es el plantón que vivimos todos los detenidos en el cuartel de Colonia, que fuimos -sólo entre junio y setiembre del '72- unas sesenta personas, entre mujeres y varones, contando concretamente los que después quedamos presos, porque por el batallón de Colonia también pasó un número incalculable de gente que sufrió todo eso pero que no la dejaron detenida. Las mujeres estaban recluidas en la parte que da a Baltasar Brum, y los varones estábamos en un galpón dividido por fardos de alfalfa, chapas de Coca Cola y elementos de Sudamtex. Eran como pequeños espacios, a los dos costados del galpón, donde solamente cabía el colchón. Después del plantón -donde unos aguantaban un día y otros hasta cinco días- unos eran metidos al submarino, que era un tanque de Coca Cola con agua y una tabla donde deslizaban al detenido, y lo zambullían hasta que el encargado de dirigir la tortura ordenaba sacarlo.

– ¿Quiénes eran esos "encargados"?
– El encargado de dirigir la tortura era Ernesto Rama, que le decían El Tordillo. Yo esa tortura del medio tanque no la viví, pero después que uno "aceptaba" firmar la declaración de pertenecer al MLN-Tupamaros, ponían al detenido en ese espacio que te relaté. Nos despertaban a las seis y media de la mañana, nos hacían doblar el colchón, nos sentaban a un metro de la pared, y en ese espacio estábamos todo el día, hasta las ocho de la noche, sentados sobre ese colchón, mirando la pared, incomunicados, sin poder hablar. Algunos teníamos una claraboya alta, por la que podíamos ver algún pájaro o alguna hoja durante tres meses; otro no, sólo veían la pared durante todo el día. En algunos períodos no nos llevaban al baño -ni esposados, ni encapuchados- y cuando queríamos hacer nuestras necesidades, el soldado que recorría constantemente el galpón nos alcanzaba una lata de dulce de membrillo con cuatro o cinco litros de capacidad. A veces la guardia era más "humana" y nos llevaba al baño, lo que por lo menos nos permitía caminar y salir de ahí aunque sea diez minutos.

– ¿No había ninguna posibilidad de verse entre los presos, en esa época?
– No. Ese espacio estaba tapiado por los cuatro costados.

– ¿También comían ahí? ¿Qué les daban?
– Sí. Nos daban un cucharón de café con leche y media galleta de mañana, un cucharón de guiso y media galleta al mediodía y otro cucharón y media galleta a la tardecita. Pasábamos mucha hambre, pero eso no es lo importante.

– Además de lo poco que les daban, tampoco era una comida "limpia"...
– No. A la espalda teníamos una lona, entonces a la hora que dos milicos nos traían ese guiso, en una olla grande de aluminio, movíamos la lona apenas un centímetro y veíamos que en el camino escupían la comida, que le tiraban soretes de perro adentro, que la meaban... pero la comíamos igual. Los días de plantón que cada uno de nosotros vivió, más los que vivieron el tacho y todo eso, era hasta que el detenido firmaba la declaración que ellos querían que firmara.

– ¿En el '72 todavía no se usaba la picana eléctrica?
– Yo no tengo información de que a algún detenido le hayan aplicado la picana en ese período de tres o cuatro meses. Tampoco puedo decir que no se usara. No escuché relatos de picana durante ese período. Hay mucha gente que prefiere no contarlo, porque es tan traumática la tortura que a veces es mejor olvidarla. Para mí es mejor exteriorizarlo, decirlo.

– ¿Ya había pasado Raúl Sendic por ese batallón?
– No. Sendic fue detenido en setiembre del '72. Nosotros no lo vimos. Además, esos tres meses, en esas condiciones, se nos terminan cuando vino el juez militar, en octubre de 1972. Cuando el juez militar nos hace firmar la misma declaración que ya habíamos firmado bajo tortura -con todo el circo mediante para darle una imagen jurídico militar- nos levantaron la incomunicación, pudimos ver a nuestros familiares cinco minutos cada uno, ese galpón se transformó en un galpón abierto, y esa "supervivencia" cambió: podíamos recibir comida de afuera, hacíamos quinta... En marzo del '73 cambia toda la oficialidad en el Batallón Nº 4 y empieza otra etapa, que yo no llegué a vivirla. Nosotros tuvimos alguna experiencia con el nueva comandante Soto, y su señora que también era militar, que entraban de noche, cuando estábamos durmiendo, y nos insultaban, pateaban los colchones, haciendo una especie de bravuconada que ya no asustaba a nadie. Eso fue lo que yo personalmente viví; la persona que estoy seguro que era la encargada de la tortura era Ernesto El Tordillo Rama, como tampoco tengo ninguna duda del resto de la oficialidad que en ese momento actuó: el capitán Bonjour, de Colonia; Emilio Álvarez, que le decían Cococho; Rabito Rivero, también de Colonia; Sosa, que también era oficial; y en cuanto a los médicos, yo sólo sabía que estaba el doctor (Eduardo) Solano y también había algún otro médico que ahora no recuerdo.

– ¿Cuál era el papel de los médicos del cuartel?
– El control del estado físico de los detenidos torturados.

– ¿También supervisaban la tortura?
– Los médicos por lo general no hablaban, y como uno estaba encapuchado..., simplemente con la cabeza decían que nos siguieran dando o no. Pero, esa era la función que cumplían: supervisar si algún torturado manifestaba algún síntoma que a ellos les parecía riesgoso...

– En aquella época, que todavía no era dictadura sino "estado de guerra interno", estando incomunicado, encapuchado y esposado en el cuartel, ¿qué esperabas que vendría después?
– Cuando hablamos de dictadura no tenemos que hablar de un cambio brusco, donde se pasa de blanco a negro. Fue un proceso. Las medidas prontas de seguridad arrancan en el año 1958, donde ya hubieron sindicalistas presos, con un gobierno blanco. Ahí se inventan esas "medidas". En el año '68, los funcionarios públicos tienen que ser algo así como reservistas del Ejército. Tuvimos que ir al cuartel y firmar como que estábamos a disposición si éramos agredidos desde el exterior. Ese año, cuando AEBU decretó un paro, vino el comandante del cuartel y nos dijo si éramos conscientes que nosotros, de a- cuerdo a las leyes, habiendo medidas prontas de seguridad no podíamos hacer paros. Hicimos el paro, y a todos los funcionarios bancarios oficiales del departamento nos llevaron al cuartel. Nos metieron en otro galpón, y a los de Colonia nos llevaban todos los días a trabajar, durante diez días. O sea que en 1968 ya detienen y encarcelan a trabajadores que hacen un paro. Ese fue, para mí, el primer escalón. Las medidas prontas de seguridad fueron una constante durante el gobierno de Jorge Pachecho Areco, o sea que no podemos hablar de dictadura a partir del 27 de junio del '73. Tenemos que hablar de un proceso escalonado, donde no solamente se metía gente presa, sino que murieron estudiantes en la calle, y se sucedieron una serie de hechos que tienen esa fecha como algo casi simbólico. Porque antes de eso también hubieron muchas muertes, muchos torturados, muchos presos.

– Incluso se llegó a matar gente por tortura en el Batallón 4 de Colonia, Aldo Perrini por ejemplo...
– Sí, eso fue en el año '73, cuando yo ya estaba en el penal de Libertad.

– ¿En Libertad escuchaste comentarios de que el cuartel de Colonia era uno de los más jodidos del interior del país?
– Nosotros lo vivíamos; porque en el penal estábamos presos junto con compañeros que habían sido detenidos en todos los cuarteles del país. Por los relatos que nosotros recibíamos, no sé si era el primero -yo creo que era el primero-, pero sí uno de los tres más sádicos y sanguinarios en tortura. En el penal de Libertad todos los meses cambiaba la guardia; venían de un cuartel distinto todos los meses. Cuando le tocaba al cuartel de Colonia ya todos los presos del país sabíamos que se endurecía la mano, en sanciones sin visita, sin recreo, y sanciones en "la isla", que era la sanción de aislamiento total.

– ¿Qué era -concretamente- "la isla"?
– Era un cajón de cemento, sin luz natural, con una lamparita todo el día, sin agua, sin colchón. Estabas absolutamente solo las veinticuatro horas del día. Ahí se las "ingeniaron" para colgarse dos compañeros; muchos salieron con problemas psíquicos que les quedaron para el resto de su vida; era el elemento de tortura en el penal de Libertad. Y había un milico psicólogo, Brito de apellido, que era el que indicaba el tratamiento a los presos, el de generar una especie de inestabilidad emocional constante, de aflojar y apretar, de sancionar por guiñar el ojo en una fila o porque a algún milico no le gustó cómo te moviste o si te olvidaste de sacarte el gorro cuando andábamos en fila para comer, para el recreo...

– Y acá, en el batallón de Colonia, ¿que era lo que más jodía, la tortura psicológica o la física?
– La física tenía un tiempo y un espacio. Hasta que el detenido aceptaba lo que ellos querían que aceptara era una tortura violenta y corta; entonces si uno se mentaliza capaz que la aguanta. El resto del tiempo que vivimos era una tortura más desgastante, más lenta, como aquella de la gota de agua arriba de la cabeza... Yo recuerdo que venía un milico y gritaba bien fuerte en el galpón: "¡detuvimos al hijo de fulano, a la mujer de mengano!". Me acuerdo de Cedrés, que fue profesor de UTU, que entró un milico y dijo "¡al hijo de Cedrés lo tenemos ahí, y a la mujer también!", y le dio como un ataque, y el hombre quedó mal de la cabeza; siendo que la mayoría de las veces era falso. Ese tipo de shock...

– ¿Por qué sería el batallón de Colonia uno de los más sanguinarios?
– Yo creo que tiene mucho que ver Ernesto Rama. El comandante era un tal Silvera, que después lo sucucharon donde repartían los uniformes y la comida de los milicos, porque no agarraba la línea. Pero el que realmente mandaba era el Tordillo Rama.

– ¿O sea que ese sadismo no obedeció a ningún plan sistemático?
– Creería que se debió a la presencia de este individuo, que disfrutaba con torturar. Él integraba la Organización Comandos Antisubversivos (OCOA), un grupo que no respondía a los mandos naturales. El nombre de guerra era Oscar, y creo que Ernesto Rama era Oscar 1 u Oscar 2; y se ha dicho que era uno de los que cruzaba a la Argentina a actuar como comando. Podemos imaginarnos a qué. Debe tener mucho que ver con la muerte de Michelini y Gutiérrez Ruiz, y con otros muchos uruguayos.

30/12/08

Ramón de Pizzol

Ramón De Pizzol


"Visca dijo: Denle más, que se hace el vivo"

– ¿Se puede decir que el Batallón 4 fue uno de los mayores centros de tortura del interior?
– En el penal de Libertad el 4 era uno de los que estaba... no sé si primero, pero andaba ahí, andaba muy arriba, eran bastante "groseros" en algunos aspectos, enfermizos incluso. -

– ¿Habrá sido casual o premeditado que fuera así?
– Yo pienso que ha sido una cuestión premeditada, una orden dada por los mandos superiores, que en algunos casos -por la misma condición del torturador o de los que lo mandaban- podía ser hasta más grave todavía.

– ¿Cuándo te detuvieron?
– El 16 de octubre de 1973.

– Ya era dictadura; ¿sabés si recrudeció el trato a los detenidos con relación a los meses anteriores?
– Hasta esa fecha, del cuartel yo no conocía nada. Al único que conocía, porque lo veía cuando salía del banco, a las siete y cuarto, buscando unas damas en el Hotel Colonial, era a (Boscán) Hontou, en una camioneta que siempre estaba a contramano. Lo poco que conocía fue de cuando me llevaron detenido una semana, en el '69, cuando la huelga.

– En la última detención, en 1973, ¿cuánto estuviste en el cuartel antes de que te pasaran al penal de Libertad?
– Me llevaron preso en octubre del '73, y al penal me parece que fui en febrero del '74, más o menos.

– ¿Cómo era la vida en el batallón de Colonia?
– Tenía altibajos. Al principio lo que le llamaban "la máquina", la tortura, no tiene plazo. Desde que me llevaron, yo recién supe el día que era el 29 de octubre, a las cuatro de la tarde, cuando un soldado me lleva a bañar, y al verme los moretones que tenía me pregunta "oh, ¿qué le pasó"... "Me caí", le dije. La tortura era de todo tipo. Arrancaban con una tortura física, que era el plantón, donde yo estuve casi quince días sin dormir. Ahí se te pierde la cabeza, y es muy poco lo que puedo recordar de todos esos días. Y también hubieron otros hechos puntuales, muy desagradables, como el "tacho", el submarino.

– ¿Pasaste casi quince días sin dormir?
– Y sí...; no te dejaban. Los tipos te ponían en posición descanso, donde estabas parado con las piernas un poquito abiertas, siempre encapuchado, por supuesto. Entonces, después de cinco horas así, uno intenta buscar otra posición, moviendo de a muy poquito los pies, y ahí es donde a uno lo golpean. Además había otro dolor, que era el de las muñecas; porque yo soy de muñecas gruesas, y las esposas casi que no me cabían...

– ¿Llegaron a aplicarte el submarino?
– Sí, el submarino también.

– ¿Sólo de agua, o también de materia fecal?
– De agua sólo; del otro no. A mí me dieron como adentro de un gorro, y me dieron tacho más que a ninguno. Cuando te meten al tacho vos entrás en una especie de locura, te enajenás; pero fui muy resistente al tacho, tanto que podía escuchar la voz de un médico diciendo: "Denle más, que se hace el vivo". Te ataban en una tabla y te metían de cabeza en un tacho de Coca Cola.

– ¿Cuánto tiempo duraban esas sesiones de tacho?
– Eran horas o minutos; uno no puede acordarse de eso porque pierde totalmente la noción del tiempo.

– Y te dejaban adentro hasta que no dieras más...
– Hasta que alguien daba la orden de que te sacaran. Y ahí yo pensé, tres o cuatro veces, que la quedaba.

– ¿Siempre había un médico militar presente?
– Siempre. En ese tipo de tortura siempre había alguien que hubiera hecho el juramento "hipócrita", aunque por más que fueran doctores en medicina nadie puede saber cuánto carajo bancás vos adentro... Y entiendo que en muchos casos, cuando la quedaron o cuando murieron, fue porque hubo una "mala praxis", con lo que te estoy diciendo que hubo médicos metidos en el tema.

– ¿Llegaste a reconocer a alguno de esos médicos torturadores, aunque más no fuera por la voz?
– A uno sí: Eugenio Visca. Ese fue el que dijo "Denle más, que se hace el vivo". Así fue lo que dijo Visca. Luego me pasan para el penal de Libertad. Y después que ...... cantó a todos los de Carmelo y a un montón de gente, me traen otra vez para el cuartel de Colonia. Y cuando volví al penal, un compañero que tenía a la mujer presa acá, me pregunta cómo estaba la cosa. Yo le mentí, groseramente, y le dije que estaban a media máquina. Y al otro día nos enteramos que había muerto (Aldo) Perrini, a quien yo no conocí, y lo único que sabía de él era que era de Carmelo.

– Pero sí sabés que lo mataron en la tortura, en el batallón de Colonia...
– Lo mataron en el batallón y a la familia le entregaron el féretro sellado. Y no tengo duda de que murió en la tortura.

– ¿En algún momento llegaste a verle la cara a algún jerarca del cuartel?
– Al único que vi fue a Bonjour (de Colonia), porque una vez me interrogó.

– ¿Lo viste pegarte?
– No. Pero yo supongo que si me pegaban, alguien lo ordenaba. Y si Bonjour fue al oficial que me llevaron, que estaba mandando en ese momento, supongo yo que sería él que lo mandaba... No entiendo mucho esa cuestión del "organigrama" militar...

– ¿Sentiste torturar a otra gente?
– Y sí. Acá en el cuartel fue una cosa espantosa cuando te dejan de torturar y estás acostado en un colchón escuchando que están torturando a la gente, que además la conocés, sentís las voces. Y eso no sé si no es peor que cuando te la dan a vos. Un día estaba durmiendo, por los gritos me despierto, y a un preso le estaban dando de todos lados porque querían ubicar la casa de una mujer que yo conocía, una amiga mía, y al tipo no le salía la ubicación de la casa, entonces le daban y le daban. Y yo, así, sintiendo eso y recién despertado, casi se me da por decir ¡en tal lugar! Menos mal que me callé.

– ¿En el penal de Libertad sentiste algún comentario de gente que hubiera pasado por la picana eléctrica en el cuartel de Colonia?
– No. No toda la gente contaba algo. Los presos hablábamos poco de materias personales, no sé si por seguridad personal o si para no comprometer. En mi caso, quería saber lo menos posible.

– ¿Qué pasaba cuando llegaba la guardia de Colonia a Libertad?
– La guardia en el penal se cambiaba cada quince días, se iban turnando. Había guardias más livianas y guardias más pesadas. La de Colonia era de las pesadas. Era dura. Era de las que más apretaban.

– ¿Qué sentís cuando pasás ahora por el batallón 4?
– Ahora no siento más que un poco de bronca. Pero cuando salí del penal, por cuatro años hacía igual setenta y cuatro cuadras por no pasar por el cuartel. No podía pasar por ahí. Y vamos a no hacernos los valientes ni los corajudos, porque el tipo no sabe quién es hasta que le pasan las cosas. El terror es una cosa que se te mete en la sangre. Yo salgo en el '77, y por cuatro años no hablé con nadie, saludaba de lejos a los amigos, no fui a ningún asado; no quería ni mancharlo ni mancharme. Tenía pánico.

– ¿Ese mismo pánico fue el que llevó a la gente a votar en favor de la ley de impunidad?
– Sí. El plebiscito por la famosa ley de caducidad se votó a favor por el terror de la gente. El tema está en que no es tanto el individuo en sí, pero ¿qué pasa con la mujer del tipo, con los hijos, qué pasa con los comentarios que había en la dictadura de que a todos nos "limpiaban" en Libertad? Esa ley la votó la gente de cagazo...

– ¿Ese miedo sigue todavía?
– Yo no lo tengo; pero el pueblo, en general, está muy desinformado.

– ¿Qué pasaría si hoy se llama a otro plebiscito sobre esa ley?
– Bueno... Yo creo que en este momento desaparecería, ¿no?

Jorge Ferrari

Jorge Ferrari


“Me dieron picana eléctrica en Colonia”

– Comencemos por tus datos, para la gente que pueda no conocerte porque no sos de Colonia.
– Nací en Nueva Palmira, pero a los tres meses mis padres se trasladaron a Carmelo, así que más bien soy carmelitano. Ahí viví hasta los 25 años. Ahora vivo en Montevideo.

– ¿Durante la juventud participaste, en Carmelo, en algún movimiento partidario o gremial?
– Desde los 14 años, a nivel gremial estudiantil, en el Centro Estudiantil de Carmelo, donde yo era secretario cuando vino el golpe de estado. Muchos de los integrantes del Centro pasamos a ser detenidos políticos.

– ¿Qué edad tenías cuando el golpe de estado?
– 18 años. Hoy que tengo tres hijos, que felizmente también están comprometidos a nivel gremial estudiantil y partidario, uno se hace la idea de lo que fue haber pasado por las mazmorras de un infierno a los 18 años, algo que te marca para toda la vida y que también te deja secuelas que uno sigue arrastrando. Por eso no quisiera que esos horrores se repitan, pero lamentablemente las violaciones a los derechos humanos siguen cometiéndose en Uruguay. La impunidad sigue.

– O sea que sos del mismo pueblo que Aldo Perrini, asesinado en el batallón 4 de Colonia...
– Sí. Chiquito Perrini es un compañero que fue detenido con nosotros, el 5 de febrero del '74, con muchos compañeros de Carmelo: Perrini, José Valenti, días antes Román Chipolini, el Pucho Martínez, Ana Telma Delpratti...

– ¿Qué recordás de la muerte de Perrini a manos militares?
– A los pocos días de ser detenido se ensañaron con este compañero en las prácticas de la tortura, hasta que cayó muerto por la tortura.

– Hablamos de tortura y muerte en el cuartel de Colonia...
– Sí. Los primeros días pasamos por un régimen atroz de tortura. Recuerdo que los torturadores se ensañaron fundamentalmente con dos personas: uno el Chiquito y el otro Pacheco Oroná, que era un contrabandista de botellas, cuando en nuestro pueblo se contrabandeaba la ginebra. A Pacheco lo confundieron con otro del mismo apellido que -según los milicos- había trasladado gente para la otra orilla. A Perrini no lo pude ver porque estábamos encapuchados y esposa- dos, pero sí lo sentíamos. Él vendía helados en Carmelo, entonces para identificarse gritaba "¡helados, helados!". Estaba totalmente quebrado, golpeado, y seguían ensañándose con él. Un día no lo escuchamos más. Era un padre de familia, con dos hermosos gurises, un matrimonio joven....

– ¿Qué viviste en Colonia?
– Pasé por toda clase de tortura: picana, tacho, potro, lo único que les faltó fue violarnos, pero también sufrimos la tortura psicológica cuando sentíamos el pedido de clemencia de las compañeras para que no fueran llevadas nuevamente a salas de tortura o que pasaran por violación. A raíz de todo eso tengo trasplantes en el oído izquierdo medio, debido a las torturas con picana eléctrica; y hace pocos días me dieron de alta del Hospital de Clínicas, donde me sacaron un quiste en el testículo izquierdo; también tengo otro en el testículo derecho; todos los órganos genitales los tengo afectados; y las secuelas psicológicas...

– ¿Llegaste a identificar a alguno de los torturadores?
– En un momento, en una de las salas de tortura, el torturador me saca la venda. Lo que recuerdo es un apodo que él usaba: La Bruja o La Brujita. Llegaba a nuestras barracas y se jactaba diciendo: "¡Llegó La Brujita; apróntense!", que sería el que comandaría la tortura, aunque no era él solo.

– También había médicos militares en esas torturas.
– Sí. Había dos médicos, los dos de Colonia. Uno de ellos era (Eduardo) Solano; del otro no me acuerdo el nombre. Eran médicos militares y supervisaban la tortura.

– ¿A Solano llegaste a verlo en la tortura?
– No, porque estábamos encapuchados. Lo vi en la enfermería cuando me fracturaron tres costillas, me fajaron, y él dijo "ya pueden seguir". Y fui trasladado a un barracón, donde seguí con un régimen de tortura.

– ¿Fue el médico quien ordenó que te siguieran torturando?
– Yo lo entiendo de esa manera.

– ¿Cómo recibís que ahora, un gobierno que se dice de izquierda, le pida informaciones a los propios violadores de los derechos humanos? ¿Cómo interpretás que en este Uruguay de hoy se siga respetando la impunidad de esos represores, aplicando apenas el artículo 4º de la ley de caducidad? ¿Cómo entendés que el gobierno continúe ascendiendo a esos violadores a los principales puestos del poder real?
– Es un gran dolor por los que ya no están con nosotros. Eran nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros hijos los que ya no están. Nos duele mucho que se siga ascendiendo a quienes están involucrados y denunciados por violaciones a los derechos humanos, como Arab, Serrón, Guarino, Rolán, Ruiz... Nos duele que queden impunes declaraciones como las de Lebel, justificando que en los interrogatorios se tenían que implementar los métodos de tortura para sacarles información a los detenidos. El caso de Roberto Rivero, en Colonia, que ejerció en Carmelo, y que se había ensañado con dos curas gauchos: Juan José Ramilo y Mario Guerriero, curas muy jugados en la denuncia a los atropellos que se cometían; la persecución que le hizo Rivero a Ramilo en Carmelo, en Colonia, en Nueva Helvecia...

Fredy González
Publicado en revista González, de Colonia. Octubre 2005
Tomado de Rodelu
18/10/05


17/12/08

Guianze: “la víctima es la dueña del conflicto”

Una vez que tuvo el tiempo para leer el auto de procesamiento de Gregorio Álvarez, la fiscal Mirtha Guianze saludó las coincidencias que encontró con el juez Luis Charles. “Si hubiera habido voluntad de colaborar (de los militares), otro habría sido el resultado. Tal vez el conflicto social no habría llegado al punto al que ha llegado”, comentó la fiscal, y destacó el papel de los familiares de desaparecidos. Agregó que hay una constante a tener en cuenta: que la víctima es la dueña del conflicto y es la que maneja sus pulsiones en el sentido de buscar la verdad.

EMILIANO COTELO:
Es el tema principal en la portada de todos los matutinos de la capital.

El País: “Álvarez preso. No se resistió y está aislado”.

La Diaria: “Hay justicia”.

La República: “27 D, el día justo. El traidor ya está preso”.

Últimas Noticias: “Álvarez ya está preso”.

Plan B: “Golpe democrático. El juez Charles hizo lugar al pedido de la fiscal Guianze y procesó con prisión al último dictador uruguayo”.

El Observador: “La caída” (incluye las fotografías de Álvarez en el momento de ser fichado, las tradicionales tomas de frente y de perfil con el número 276.487.17-12-07).

Gregorio Álvarez está preso, casi 23 años después de entregar el poder, ayer fue procesado por el juez Luis Charles por reiterados delitos de desaparición forzada, a propósito de lo ocurrido con uruguayos detenidos en Argentina y trasladados clandestinamente a Uruguay.

Dice la nota de El País que el ex dictador durmió anoche por primera vez en la cárcel especial construida para responsables de violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante la dictadura, en la que también están alojados, desde mayo de 2006, otros ocho represores. El ex comandante en jefe del Ejército es el reo de mayor rango en ese establecimiento. Pero ayer Charles también procesó por el mismo delito al marino retirado Juan Carlos Larcebeau Aguirregaray, detenido en el departamento de Colonia y pidió la captura internacional de otro marino retirado: Jorge Néstor Tróccoli Fernández.

La denuncia contra los mandos del gobierno militar que terminó en el procesamiento de Álvarez había sido presentada el 16 de mayo por familiares de uruguayos detenidos en Argentina y trasladados clandestinamente a Uruguay en 1978.

***

EC – Ayer, sobre las 10.00 de la mañana, En Perspectiva tenía el primer contacto con la fiscal de este caso, la doctora Mirtha Guianze, que en ese momento todavía no había tenido acceso al auto de procesamiento.

¿Ahora sí ha podido estudiar la resolución del juez Charles?

MIRTHA GUIANZE:
Sí. Al poco rato de que me llegó. Me pareció muy bueno el auto de procesamiento.

EC - ¿El juez acoge su planteo? ¿Hay una coincidencia con su visión de este caso?

MG - Sí, hay coincidencia en cuanto a los hechos que se encuentran probados y en cuanto a su tipificación. El juez recogió el pedido sobre desaparición forzada. Es una tipificación provisoria, como todo auto de procesamiento.

EC - El juez dice “sin perjuicio”.

MG - Después se verá, es una instrucción que va a empezar. Hay pruebas para diligenciar y pruebas para pedir la defensa.

EC - ¿Por qué este caso no está comprendido en la Ley de Caducidad?

MG - Con referencia a los marinos, el Poder Ejecutivo los dejó fuera de la Ley de Caducidad por entender –en lo que coincido– que los hechos acaecidos en la República Argentina no quedan comprendidos. En el caso de Álvarez hay una jurisprudencia constante, que ya se ha dado en otros casos, de que los mandos no están comprendidos, de acuerdo con el propio texto de la Ley de Caducidad.

EC - Si esa es la interpretación, ¿por qué recién ahora, 22 años después de terminada la dictadura, aparece una denuncia que incrimina directamente a alguien que ocupó nada menos que la Presidencia de la República como dictador, y que antes había sido comandante en jefe del Ejército? ¿Por qué la denuncia contra Álvarez recién se presentó en mayo de este año?

MG - No puedo entrar en consideraciones psicológicas o sociológicas que no son de mi órbita. Pero hace muy poquito, el mes pasado, estuve en un taller regional del Instituto Interamericano de Derechos Humanos y hay una constante que hay que tener en cuenta: que la víctima es la dueña del conflicto, es la que maneja sus propias pulsiones en el sentido de buscar la verdad. Había una cantidad de gente que venía manejando eso desde hacía mucho tiempo, que venía tratando de investigar qué había pasado con sus familiares y como que llegó el momento de presentarse a pedir que la justicia investigara, con un aporte muy importante de datos y con el aporte de posibles testigos. Después eso fue complementado en el transcurso de la instrucción, pero la base está en las víctimas. Esas víctimas siguen sufriendo las consecuencias de los hechos, al punto que ayer hablé con un familiar que me decía: “Tengo sentimientos encontrados. Hay gente que festeja y lo festeja desde su punto de vista, pero a las víctimas en sí se les remueven todas las cosas que pasaron”.

Tampoco es la primera vez. Hay que recordar el procesamiento de Juan Carlos Blanco, que era un expediente muy antiguo. Lo digo porque el abogado de Álvarez decía que yo monopolizaba estos casos, y en realidad mi fiscalía, el segundo turno, es de las más antiguas. Antes éramos cuatro fiscalías del crimen y en ellas estaban radicados muchos de los casos antiguos. Por ejemplo, el caso de la madre de Macarena, que estaba en la fiscalía de cuarto turno. En el segundo turno estaba el caso de Elena Quinteros y fue Tota Quinteros quien en un momento determinado decidió volver a remover la denuncia. Lo mismo pasó con el expediente de Michelini y Gutiérrez Ruiz, que también estaba en la fiscalía de segundo turno. En un momento determinado, no sé si hay un proceso de maduración, pero las víctimas deciden que esto sea así. Y no fue en este gobierno, fue en el anterior.

EC - Pero ¿por qué Álvarez termina procesado con prisión por estos casos que se investigan en este expediente y no lo fue por otros que ya han dado lugar a otros procesamientos? ¿Por qué el grado de responsabilidad de Álvarez se tuvo en cuenta en este expediente y no en los anteriores?

MG - Álvarez tuvo distintos cargos. Fue jefe del Estado Mayor Conjunto en el año 74. Ahí teníamos una denuncia por la cual fue interrogado; concretamente sobre la desaparición de Washington Barrios. En ese caso podía haber tenido responsabilidad cupular, pero hasta ahora no hemos recibido de Argentina los documentos necesarios para completar la instrucción. Después, Álvarez pasó a ser jefe de la Región Militar Nº 4. Por lo tanto, cuando sucedieron todos estos hechos del 76 que investigamos (incluso el asesinato de Michelini y Gutiérrez Ruiz) él no ocupaba la posición de mando en los lugares donde podían tomarse las decisiones para ejecutar esos hechos. A partir de febrero del 78 pasó a ser comandante en jefe del Ejército y estos hechos que tenemos ahora caen en ese período. Ahí habrían comenzado los traslados clandestinos, por ejemplo en lancha, de acuerdo con la información que tenemos.

EC-El propio Álvarez, hace pocos días, en la entrevista que concedió al semanario Búsqueda a propósito de los traslados de uruguayos detenidos en Argentina, dijo: “Si los hubiera traído yo, si los hubiera mandado a buscar yo, si los aviones y barcos en que vinieron, dependieran de mí, sería responsable, pero yo no tenía ni barcos ni aviones”. ¿Cómo tiene en cuenta ese argumento?

MG - Es un argumento bastante endeble. No puedo hablar de la prueba, pero actuaron en Argentina –está probado– efectivos uruguayos tanto del Ejército como de la Marina. Hasta ahora nadie ha mencionado a la Fuerza Aérea, pero no se descarta esa posibilidad. También tenemos testigos que señalan que efectivos del Ejército bajaron a los prisioneros de las lanchas y tenemos claramente identificado que los efectivos operaban en La Tablada, que eran del Ejército y de la OCOA. Esa parte de la instrucción todavía no se ha completado, porque llegó un momento en que hubo como un desborde de información y teníamos que terminar en algún punto para después seguir, ya sea con ese expediente o formando piezas separadas. En ese lugar fueron vistas personas que fueron detenidas y torturadas en pozos, en chupaderos argentinos, y luego traídas a Uruguay y torturadas aquí, y están desaparecidas.

EC - Por otra parte, hay documentos en los cuales Álvarez asumió responsabilidad por eventuales violaciones a los derechos humanos cometidas en aquellos años. Esa es una parte contradictoria de la forma como el teniente general Álvarez ha manejado su vinculación con aquellos hechos. Está la orden 7777, del año 1978 y está la carta de ex comandantes en jefe del Ejército, que él firmó, de mayo del año 2006. Con este tipo de documentos, ¿comprometió su situación y su futuro?

MG - A la de 2006 le atribuyo un valor más bien simbólico si no tenemos hechos concretos que permitan responsabilizar a esas personas en carácter de mandos. Lo que hicieron fue una manifestación pública, como las personas que presentaron aquella carta que circulaba por internet diciendo que se hacían responsables de haber practicado un aborto, de haber colaborado o haber asistido. Eso tenía un valor simbólico. Pero en el caso de Álvarez hay hechos concretos que lo incriminan.

EC - El caso de la orden 7777, de 1978...

MG - Sí, porque ahí tenía mando y se hizo responsable de haber dado la primera orden.

EC - Decía: “Este comando no permitirá fijar forma de revisionismo de lo actuado por sus integrantes durante la guerra contra la subversión y si alguna actividad reñida con los derechos humanos se le adjudica, el suscrito se responsabiliza de haber dado la primera orden en ese sentido por su condición de jefe de Estado Mayor Conjunto en la época de referencia”.

MG – Sí. Hay otra que también es trascendente, dictada creo que el 3 de marzo del 78, en la cual termina con la compartimentación. Cuando se le pidió que explicara eso, dijo que cuando entró, encontró que había cuestiones secretas, que había organismos de Inteligencia que no le comunicaban y dio la orden de que nada fuera reservado para él y desde entonces comenzó a tener conocimiento de todo. Eso lo implica.

Hay otra cuestión que el juez menciona en el auto de procesamiento –que yo había mencionado al pedir el procesamiento–, agregó un documento emanado de la Junta de Oficiales Generales cuando asumió la Presidencia, en el cual se decía que la Junta de Oficiales Generales, la junta de comandantes en jefe, iba a ser la que iba a marcar las líneas políticas, el estado subordinado. Como él en su carácter de comandante en jefe del Ejército integraba la Junta de Oficiales generales, era consciente de que las decisiones de carácter político y estratégico lo comprendían.

***

EC - El juez Luis Charles le tipificó al teniente general Álvarez el delito de desaparición forzada, que usted había solicitado. Es un delito “nuevo” en la legislación uruguaya. Está previsto en la ley 18.026, de octubre de 2006, hace poco más de un año.

MG - Es un delito nuevo en nuestra legislación positiva, pero ya existía en el derecho positivo del orden jurídico internacional, del que Uruguay forma parte. Es buscar que Uruguay se adapte a las nuevas tendencias y a la jurisprudencia en general de los organismos de derechos humanos, de la Corte Interamericana y de la jurisprudencia extranjera.

EC - De su pedido de procesamiento y de la resolución del juez se discute cómo se puede aplicar un delito “nuevo”, creado el año pasado, a situaciones que se generaron en los años 77 o 78. ¿Qué responde usted?

MG - Es una cuestión bastante compleja para debatirla en el expediente. Además, la tipificación del delito puede ser cambiada en otra instancia. Pero tenemos la característica de delito permanente. La desaparición forzada es un delito que se sigue cometiendo hoy día porque se sigue ocultando la desaparición de las personas, su destino final. En sí es cierto que pueden estar muertas, pero no se puede asimilar nunca la muerte en el domicilio a la desaparición forzada. La desaparición forzada –esto es aceptado universalmente– es un delito diferente, es pluriofensivo, comprende no sólo el derecho a la integridad física sino toda otra serie de derechos que son vulnerados. También están los derechos de los familiares y de la sociedad de conocer la verdad.

Si no les parece bien la desaparición forzada, podrían tomar otros delitos del Código Penal. En otra oportunidad yo pedí procesamiento por privación de libertad agravada. Ese sería uno de los tipos penales en los cuales encuadraría. Pero hay otra serie de delitos, porque toda esta gente fue sometida a tortura, a vejámenes de todo tipo, se ocultó su paradero, se mintió. Todo eso se puede meter en distintos tipos penales del código vigente hasta el año 2006 y llegaríamos a una serie de delitos que en sí configuran la desaparición forzada. Si se dice que la desaparición forzada como tal no está tipificada no es tan así, en el sentido de que esas conductas ya eran delito antes, en el derecho penal internacional el delito de desaparición forzada ya era delito antes y Uruguay estaba obligado, en función de los instrumentos internacionales que ha firmado, a aplicarlo.

EC - Aparte de la fundamentación que el juez Charles hace, en su escrito de 99 páginas, del pedido de procesamiento por este delito de desaparición forzada, insiste mucho, sobre todo en el tramo final del auto de procesamiento, en el concepto del derecho a saber, el derecho a la verdad y a la información, que es de los familiares de las víctimas, pero además de la sociedad toda. ¿Cómo entra este derecho a saber en la decisión de procesar con prisión al teniente general Álvarez? ¿Por qué aparece de esta forma?

MG - El derecho a la verdad es lo que subyace en el delito de desaparición forzada. Es uno de los mayores agravios que se les hace a las víctimas y a la sociedad. Cuando una persona muere se puede hacer el duelo, se puede saber dónde está enterrada, pero en esos casos hay un manto de silencio, toda una construcción de pistas falsas para llevar a otro lugar donde no tendríamos que haber buscado.

EC - ¿Cuál es la idea? Ese es uno de los derechos humanos que ha sido violado en este caso.

MG - Sí, es uno de los más trascendentes, el derecho a la verdad. Lo ha dicho la Corte Interamericana, la desaparición forzada es violatoria del derecho a la vida y a la integridad física, y cuanto más tiempo pase más peligro se corre. Pero uno de los derechos más trascendentes es el derecho a la verdad, el derecho a saber que tenemos todos.

EC - Se lo preguntaba porque está ocurriendo el procesamiento de dos militares y el requerimiento de un tercero por sus responsabilidades en estos casos de desapariciones y traslados clandestinos a Uruguay, pero no se está consiguiendo información. La verdad no parece haber avanzado, no se sabe qué ocurrió, no se conoce el destino de esos desaparecidos. ¿Cómo puede la investigación penal llegar a completar esa tarea?

MG - Hay que seguir buscando. Siempre hay pedacitos de verdad. Se han conseguido algunos avances en los interrogatorios. Si hubiera habido voluntad de colaborar, otro habría sido el resultado.

EC - ¿Qué quiere decir con eso?

MG - Tal vez el conflicto social no habría llegado al punto al que ha llegado. Porque en verdad los que mantuvieron el deseo de saber y la persecución de la justicia fueron sobre todo los familiares de los desaparecidos, que tienen todo el derecho a saber qué pasó. Es una información que no se les puede negar. Hay muchas personas en este país que están comprendidas en la Ley de Caducidad a las que no les costaría –tal vez les costaría porque tienen ese pacto de silencio ya impuesto por sus propios pares– tanto aliviar el sufrimiento de los familiares dando algún dato, y tal vez eso contribuyera a la reconciliación que tanto se ha buscado.

EC - ¿Tiene la impresión de que un procesamiento como el del teniente general Álvarez puede llevar a que militares que tengan información sobre el destino de estos desaparecidos se resuelvan a hablar? ¿Puede haber alguna relación entre una cosa y la otra?

MG - No tengo la menor idea, no lo creo. El procesamiento de Álvarez en sí no puede ser determinante de una situación de ese tipo. Tiene que haber un sinceramiento y una resolución que depende de otras personas. Tal vez sí una investigación judicial prolija, incluso de otro tipo, que provenga del Poder Ejecutivo, del equipo de antropólogos con todos los datos que hay para continuar excavaciones. Lo deseable sería que se llegara a la verdad y que muchas personas de edad que han peleado durante años para saber qué pasó con sus familiares tuvieran una satisfacción, por lo menos un alivio al fin de su vida, al saber qué pasó con sus hijos, con sus hermanos, con sus familiares directos.

El Espectador
18/12/07

25/11/08

Entrevista a Rosencof

Rosencof: gente del Escuadrón "hoy anda dando vueltas por ahí"




La captura en Argentina del sicario de la CIA y el pachecato Nelson Bardesio (68), cuya extradición se dispone a gestionar la Justicia uruguaya, abrió una "caja de Pandora" que promete exhumar, con alto impacto, episodios y protagonistas medulares de la "prehistoria reciente": los días en que la dictadura rompió el cascarón.

Mauricio Rosencof (75), descorre para LA REPUBLICA los entretelones de su trascendente participación en ellos.

El apodo de "el Ruso" combina la asociación fonética de su apellido con el mote popular en Argentina para con los judíos, presentes en las raíces de Mauricio. 36 años atrás, con un pie y medio en la clandestinidad, este hombre transcurría mayormente en los zapatos de "Leonel", su nombre de guerra en la cúpula tupamara, que ya sonaba hasta en la periferia de la trastienda política. El tema es Bardesio, pero Rosencof agarra para el lado político previo al secuestro por parte del MLN, en febrero del '72, del ex cazatupamaro hoy detenido en Buenos Aires. Automáticamente se coloca como frente a las cámaras de televisión que lo entrevistaron ayer, cuya mediación y audiencia no parece diferenciar de LA REPUBLICA y sus enterados lectores. Abunda, entonces, en el clima de represión antipopopular que precedió al día "A", por aciago, como él llama al 14 de abril de 1972: desde las muertes de los estudiantes en las calles, hasta la oleada de atentados salvajes contra locales del FA y abogados de presos políticos, para terminar en el asesinato por el Escuadrón de la Muerte de cuatro jóvenes militantes, el más reciente de ellos Héctor Castagnetto, el que hoy pende sobre el detenido Bardesio.

Rosencof se remonta por las ramas de los grupos paramilitares que brotaron por toda aquella América Latina en ascuas, y luego por las de los talas de los montes de Marmarajá, a cuya sombra escuchó "la frase clave en el pensamiento de Raúl (Sendic)", contemplando a los peones arroceros recortados contra las rayas del alba: "Es un ejército". Hasta que al fin Mauricio aterriza en Leonel, al mencionar la Juventud Uruguaya de Pie, semillero del incipiente Escuadrón de la Muerte. De eso se trata.



La punta de la madeja
"Empezamos a recibir mensajes del centro de operaciones de la Policía, datos muy precisos, impactantes, de alguien que se comunicaba con nosotros. Decidimos no operar en función de ellos, por la prevención de estar ante 'carne podrida', una celada. Pero en determinado momento, ese extraño informante anónimo se va de vacaciones a París. ¿Quién era esa persona?".

Los ojos celestes de Leonel, el ruso Mauricio, se iluminan en el umbral de "la historia fascinante" que va a relatar.

"Cuando Uruguay rompe relaciones diplomáticas con Cuba, allá en el '60, se asilan algunos cubanos en la embajada uruguaya en La Habana. Entre ellos, se asila un muchachito que así, en vez de ir para Miami, va para Uruguay. El joven llega acá, no tenía trabajo, era cubano anticastrista, le facilitaron las cosas y entró a la policía; hizo carrera hasta casi comisario. Y resultó que era él quien nos mandaba los mensajes. Y como no le dimos pelota, se fue a París. Y de París se fue para Cuba: aquel muchacho que se había asilado era, en realidad, un joven de los servicios de la inteligencia cubana".

Muchos de los enterados lectores de LA REPUBLICA ya sospecharán de quién se trata este agente encubierto del G2, la seguridad cubana, que proveyó al movimiento tupamaro la primera hilacha de la madeja que desembocaría, ya por fuera de su control, en acontecimientos tan dramáticos como cruciales de la historia nacional. Manolo, como lo evoca Rosencof, era Manuel Hevia Cosculluela, que llegó a convertirse en pieza clave de la "guerra contra el comunismo" en Uruguay por parte de la embajada de Estados Unidos a través de la CIA, o viceversa. Las novelas de John Le Carré palidecen al lado de su peripecia. El escritor Rosencof no desaprovecha la bolada.



"Nosotros teníamos compañeros permanentes en Cuba, amigos, periféricos; una embajada, digamos. Entre otros, estaba el entrañable Carlitos Núñez, periodista de primera línea, que contacta con Manolo, a quien los servicios tenían en lo que se llama 'la congeladora'. Con la información que le da a Carlitos, éste empieza a hacer fichas. Entonces yo viajo a Cuba, previo paso por Chile donde me reúno con el presidente Allende".

Escritor conocido desde su reciente obra de teatro "Los caballos", periodista por analogía, político fogueado en la cocina del Partido Comunista primero y las entrañas tupamaras después, hasta convertirse en el activo puente del MLN con figuras de primer nivel en el Partido Nacional, el Partido Colorado y el Frente Amplio, Mauricio Rosencof sumó la función de canciller de la guerrilla en sus relaciones internacionales. En Cuba lo recibió Fidel, con quien tuvo varias reuniones en "casas de seguridad", o de protocolo, como se reciclaron después. Fidel lo encaminó hacia Manolo, de cuya boca Mauricio escuchó por primera vez el nombre de quien, poco tiempo después, a 6 mil kilómetros de distancia, tendría a merced de su interrogatorio, detenido en la subterránea Cárcel del Pueblo, calle Juan Paullier esquina Charrúa: Nelson Bardesio Marzoa, mano derecha del jefe de la estación de la CIA en Montevideo, William Cantrell.

"Pero Manolo Hevia no llegó a penetrar todo el Escuadrón de la Muerte, que incluía desde civiles, un profesor viceministro del Interior, capitanes de la Marina, comisarios de Policía. Bardesio era clave, pero sólo la punta, había que averigüar todo lo demás. La guerra la gana el mejor informado, como decía Clausevitz".



El doble poder
Bardesio es "detenido" por la justicia revolucionaria del MLN el 24 de febrero de 1972, cinco días antes de la asunción presidencial de Bordaberry y mezclado en el noticiero de la noche con el secuestro de Homero Fariña, redactor responsable del diario "Acción" de Jorge Batlle.

No existe certeza de las formalidades con que Rosencof fue presentado a Bardesio en la Cárcel del Pueblo, si fue anónimo, o como Leonel o, según los comunicados oficiales de la guerrilla que reprodujeron aquel "interrogatorio", con el sugestivo cargo de "el Fiscal del Pueblo". Mauricio disuelve esas fórmulas en la corriente de "la fantasía, el mito, la leyenda".

"No es un interrogatorio, es una conversación, café de por medio, donde yo me hago el sota, le pongo tramperos. Le digo: mire Bardesio, cuanto más antes terminemos, más rápido va a volver a su casa; no queremos perder tiempo ni que lo pierda usted. Pero queremos esta información. Me acuerdo que le digo: ¿Usted conoce a un estudiante que participa en estas operaciones, que se llama Miguel Sofía?".

Rosencof había dado la vuelta olímpica por América, más los años y el periplo recorridos por Manuel Hevia en las cornisas del espionaje y en las vísperas del "salto cualitativo" a un ínédito nivel bélico, la primera pregunta del jefe tupamaro al valioso rehén es: ¿Usted conoce a Miguel Sofía?

- No, responde Bardesio.

"Entonces, mire: acá hay una fotografía que le van a alcanzar. ¿Ve? Acá está usted, sonriente con el que está a su derecha, que lo abraza por el hombro, sonriente también, ¿me podría decir cómo se llama esa persona? Entonces Bardesio mira la foto y me dice: Miguel Sofía. A partir de eso, él llegó a la conclusión de qué información queríamos, ampliando la que teníamos. Después de eso le digo: bueno, mire, cualquier cosa que usted nos cante errado nosotros vamos a saber qué baraja tiene. Entonces lo más sencillo y sensato es que usted nos cuente lo que nos interese. Cómo desapareció Ramos Fillippini, los que pusieron las bombas, quién es quién dentro del Escuadrón de la Muerte. Yo sé que usted tiene su beneficio en todo esto, pero nuestro costo es muy grande.

- Sí, tiene razón, admitió Bardesio.

Por obra de la luz apropiada, el prisionero no alcanzaba a ver la cara descubierta de su fiscal, pero éste podía ver a Bardesio, "sentado, tranquilo, cabizbajo, pero bien", relata Rosencof. La dureza de aquel Leonel, que hoy encubre a medias el entrevistado Mauricio bajo el aura de su vasta erudición, su proverbial amenidad y su apasionante biografía, debió constarle al esbirro cautivo por el metal de su voz, que aún hoy alisa.

"Yo le voy a proporcionar una cuadernola y un lápiz, y usted va escribiendo todos los días. Cuando termine la historia, bueno, cerramos el libro y buenas tardes muchas gracias, le dije. Tal cual, y todos los días escribió páginas y páginas. Terminó dándonos los planos de la Seccional 9ª de Policía en 18 de Julio, que parte de Inteligencia venía para ahí, y nos contó todo lo que sabía. Con una particularidad: que él resguardó a sus mandos naturales, no a sus compañeros de trapacerías. Yo no lo volví a ver. Pasamos todo aquello a máquina para difundirlo y ahí se formó la discusión en la Orga, si alcanzaba con divulgar ese informe o, al mismo tiempo, habia que actuar.

Después pasó lo que pasó, pero la culpa la tienen los políticos que conocían la existencia del Escuadrón pero no hicieron nada, como es el caso de Sanguinetti".



Los cráteres abiertos
De nada valieron las denuncias en el Parlamento de las atrocidades de la banda cívico-militar armada por la CIA, ni siquiera la visita al recluso Bardesio ­para dar fe de su credibilidad- del presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Gutiérrez Ruiz, uno de los activos vínculos del Partido Nacional con los tupamaros, que llegaron a "financiar durante mucho tiempo al diario blanco El Debate, en cuya dirección estaban el Titito Heber, el Toba y Furest", aseguró Rosencof. Bardesio fue liberado recién el 2 de junio, 100 días casi desde su detención. El Uruguay que asomó ante el oscuro agente de la CIA había dado ya una voltereta dramática hacia el lado oscuro de su naturaleza, mitad propia, mitad importada.

A diferencia de otros 9 integrantes del Escuadrón, listados con 3 uniformados y Miguel Sofía a la cabeza, Bardesio no fue condenado a muerte "para que se supiese que no le habíamos tocado un pelo y dar garantía ética de que, si detenemos a alguien para dar información, no le cambiamos después la pisada", mezclan los tiempos Mauricio y Leonel. Otra que Berríos, la película de terror que gira en torno a Nelson Bardesio, cuyos nuevos y quizás no menos sorprendentes capítulos se habrán de conocer próximamente, emerge a la actualidad desde los cráteres aún abiertos por el terremoto de la prehistoria reciente. Fantasmas conocidos que mantienen cuerpos sin tumba hasta el día de hoy. Que aún perturban el sueño de Mauricio con "la pesadilla de que había no uno, sino dos García Pintos, otro que integraba la JUP", el almácigo estudiantil del Escuadrón.

Casi 40 años después, Nelson Bardesio está preso de nuevo, a la espera ­extradición mediante- de afrontar en Uruguay al fiscal Ricardo Perciballe, que le interrogará, en nombre del pueblo, por el crimen de Héctor Castagnetto y 3 militantes más, sus autores y sus cómplices.

Ya se sabe mucho, así que no hará falta, esta vez, provocar sus confesiones con una foto, "sobre todo esa foto", subraya Mauricio Rosencof, "que había salido en El Diario de la noche, en que aparece Miguel Sofía, que es uno de los hombres que no ha dado cuenta y se dedica a la radiofonía, era integrante del Escuadrón, porque además fue una de las claves en las actas de Bardesio. Está vendiendo sus bienes, él que tenía una demanda pendiente contra el Estado, y ahora anda dando vueltas por ahí".

"¿Usted conoce a Miguel Sofía?", le pregunté. "No", respondió Bardesio.

La República
30/07/08