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14/7/08

Punta Gorda

La historia del barrio se remonta a comienzos del siglo XX.

Los primeros pobladores de la zona se situaron en el almacén Mendizabal parada casi obligatoria quienes por el camino Aldea (Avenida Italia) o por el camino a las Quintas de los Ferreira (actual Avenida Bolivia) procuraban internarse en los inmensos médanos de arena y montes de eucaliptus de toda esta zona.

En la década de 1910 a 1920 Punta Gorda era un gran monte cubierto de eucaliptus, transparentes, pinos, tamarindos, sauces llorones y álamos en grandes cantidades, pequeñas lagunas de agua pura ubicadas más o menos en el centro del actual barrio (General Paz y Caramurú) y un arroyo que corría paralelo a la actual calle Príamo y que se perdía en esa zona de cachimbas.

Los siguientes 15 años fueron los de los pioneros del barrio, familias que construyeron al principio ranchos de madera para pasar los domingos y errantes que preferían la soledad que se afincaron en pequeñas casas de material.

La "Calle N° 1" fue el primer camino que bordeaba el arroyo y que llegaba hasta la loma de la Punta Gorda, y al resguardo aduanero, partiendo del camino a las Quintas de los Ferreira, esa calle es la actual General Paz.

Los días de lluvia en el cruce con la actual Caramurú, más de un desprevenido "turista" de fin de semana dejó su coche empantanado.

Aquellos aventureros que no tenían medio de transporte propio y deseaban compartir picnics con familias y amigos tomaban el tranvía N° 8 ó el N° 24 de la Sociedad Comercial llegando a la terminal en la actual Concepción del Uruguay. Para llegar hasta Punta Gorda el resto del viaje lo hacían a pie atravesando grandes arenales.

La real y verdadera expansión urbanística del barrio se efectuó en dos etapas bien diferentes :

*En la década del 50: casas habitación.
*En la década del 70: las cooperativas de viviendas en la zona norte entre Avenida Rivera y Avenida Italia.

El actual nomenclator del barrio se inspiró en hechos culturales por encima de nombres y apellidos, con excepción de General Paz, en homenaje al militar argentino que actuó durante la Guerra Grande a la orden del Gobierno de la Defensa.

Así fueron nominadas: "Palmas y Ombúes" y "Caramurú", obras de Magariños Cervantes; "Motivos de Proteo", obra de José Enrique Rodó; "Nativa", "Ismael", "Grito de Gloria" y "Brenda", obras de Acevedo Díaz; "Hernani", obra de Víctor Hugo; "Otelo", obra de Shakespeare; "René", del Vizconde de Chateaubriand; "Germinal", obra de Emilio Zolá; "Príamo" ( último Rey de Troya), "Esther de Cáceres", poetisa fallecida en 1971; "Tayuyá" ( actual Vicente Rocafuerte, prócer y estadista ecuatoriano, 1783-1847), "Mangaripé" ( actual María Espínola, educadora uruguaya, Directora en San José, miembro del Consejo de Primaria, 1878-1963), "Yaguaneses" ( actual Ciudad de Guayaquil), caciques charrúas.

26/6/08

La Aguada

Este barrio céntrico de Montevideo debe su nombre a que en los primeros años de Montevideo sus pobladores recurrían a los pozos de la zona para abastecerse de agua. Uno de los pozos más importantes estaba ubicado en lo que hoy es La Paz, entre Cuareim y Yi, el cual tenía una profundidad de 14 metros.

El arroyo de Las Canarias, hoy entubado bajo Yaguarón entre La Paz y Galicia; Yi, Brig. Juan A. Lavalleja y la ex Estación Central de FFCC también proporcionaba el vital elemento.
En pocas manzanas se reúnen puntos de interés histórico. El templo de la Aguada es uno de ellos, en Avda. del Libertador, Venezuela y Yaguarón. Entre febrero y Abril de 1829 se reunió allí la Asamblea Gral. Constituyente Legislativa debido a que un huracán destruyó la modesta sala de sesiones, en la Villa de Canelones, a principios de 1829.

En la Guerra Grande (1843/51) la Capilla fue convertida en cuartel.

La famosa "Quinta de las Albahacas" se encontraba en Ejido, entre Cerro Largo y Miguelete y servía de esparcimiento a las familias, durante la Guerra Grande. Se ofrecían espectáculos de música y se cenaba.

En Brig. Juan A. Lavalleja y Lima está el Colegio de la Sagrada Familia y el Instituto Batlle y Ordoñez, hoy Instituto Nacional de Docencia "Gral. Artigas", en Brig. Juan A. Lavalleja entre Nicaragua y Venezuela.

El majestuoso Palacio Legislativo fue construido en el predio de la Plaza
Flores. El Arq. Italiano Cayetano Moretti fue el responsable de llevar adelante esta obra.
Mármoles de la cantera "Nueva carrara", conocida como Burgueño, en Maldonado, fueron utilizados para su revestimiento. Es una obra inconclusa, entre otras cosas falta pasar a mármol los monumentos que se encuentran, en bronce, en las esquinas del parque que rodea al Palacio. Simbolizan "El trabajo", "la ciencia", "la Ley" y "la Justicia" y son obra del escultor italiano Giannino Castiglioni.

Dejo para el final la casa ubicada en Nueva York 1415, entre Yaguarón y Barrios Amorín: la Casa de Becho, la casa de Gerardo Mattos Rodríguez. Los que conocieron lo que fue uruguayos.nu recordarán que había bastante material sobre esta casa. Fue recuperada por Luis Garisto y su esposa Blanquita, sin apoyo económico alguno ni ninguna exoneración tributaria.
La primera vez que nos encontramos con Luis, en esa casa, íbamos a charlar pocos minutos y a proporcionarme material para la página. Nos quedamos hablando tres horas, en algunas oportunidades la seguimos en casa.

Carlos Echinope Arce

25/6/08

El Reducto

El origen del nombre de este barrio se adjudica al hecho de haber contado con un reducto militar, establecido por el Gral. Rondeau en 1813, durante el segundo sitio de Montevideo por parte de las fuerzas patriotas.

El Gral. Rondeau fue un militar argentino, soldado de la independencia de América. Tuvo una dilatada vida, para aquella época, 71 años, de servicio a la libertad. Comandó las fuerzas libertadoras en la importante batalla del Cerrito, donde vencieron a las fuerzas españolas.
Quizás no sea tan casual que este barrio tenga como algunos de sus límites el Br. Artigas y la Avda. Garibaldi, el "héroe de dos mundos".

Según investigadores de fuste, el reducto mencionado estaba ubicado en las cercanías de las actuales Avdas. San Martín y Burgues.

Cabe mencionar, como hecho anecdótico, que ladrillos de este reducto sirvieron para la construcción de parte de la iglesia de Las Piedras (Canelones).

La Iglesia del Reducto es una de las construcciones más significativas de este barrio. A su frente está la plaza Eugenio Garzón, la cual cuenta con uno de los pocos monumentos emplazados en Montevideo obra del prestigioso escultor compatriota Bernabé Michelena; este monumento se llama "El trabajador urbano". Esta plaza está ubicada en la zona delimitada por las Avda. Garibaldi, y las calles Marsella, Pando y Ceibal.

El Cnel. Garzón fue un militar uruguayo, soldado de la independencia americana.
Sirvió a las fuerzas de Artigas, se incorporó posteriormente al "Ejército de los Andes" del Gral. San Martín, participando en las campañas libertadoras de Chile, Perú y Ecuador. Participó en la importante batalla de Ayacucho (Perú), bajo las ordenes del Gral. venezolano Sucre, en la última batalla librada por la independencia americana del dominio español (1824).

Garzón acompañó al Gral. Urquiza durante la Guerra Grande, falleciendo dos meses después de la finalización de la misma, cuando se perfilaba como seguro nuevo Presidente de Uruguay. Según los entendidos este hecho pautó la marcha de los acontecimientos futuros en nuestro país.

Otras construcciones importantes en el Reducto son El Hospital Sanatorio Español en la Avda. Garibaldi y la escuela "Alemania", en Vilardebó casi San Martín.
Apuntes futbolísticos: el club Colón tiene su sede en San Martín y Fomento; Racing, hoy afincado en Sayago, nació en el Reducto y marcó una época en el fútbol amateur el legendario Dryco.

Carlos Echinope Arce

24/6/08

Cerrito de la Victoria

Su primera denominación fue "Montevideo chiquito", bautizado así por Pedro Millán.
Millán, capitán español, tuvo a su cargo importantes tareas en el proceso fundacional de Montevideo, por 1726. Procedió al reparto de solares dentro de la planta urbana de la incipiente ciudad, repartió las chacras fuera del "ejido" de la ciudad y también distribuyó tierras para estancias entre los vecinos de Montevideo.
El nombre de "Cerrito de la Victoria" se debe a la victoria de las fuerzas sitiadoras patriotas, al mando del entonces Cnel. Rondeau, sobre las fuerzas españolas al mando de Vigodet, el 31 de diciembre de 1812 (vaya fin de año!!).
La época de esplendor de este barrio montevideana data de la época de la Guerra Grande, ya que el Brig. Gral. Manuel Oribe tuvo su cuartel general entre las actuales calles Juan Acosta, Santa Ana, Francisco Plá y Joaquín Artigas.
El Santuario Nacional, en la cumbre del Cerrito, es una de las clásicas imágenes montevideanas. Hace ya unos años esta construcción sufrió un severo deterioro debido a filtraciones de aguas pluviales por su cúpula, hoy felizmente solucionado el problema.
El cuartel de Blandengues es una magnífica construcción, sobre la Avda. Gral. Flores, entre García de Zúñiga y Tobas.
Tuve oportunidad de visitar este cuartel, invitado por un amigo, en ocasión del relevo de su comandante.
Es de una superficie apreciable, en su interior, con un gran predio para actividades hípicas.
Los blandengues fue un regimiento de caballería creado en 1797 para vigilancia de la campaña y fronteras de la Banda Oriental. En este cuerpo hizo Artigas su campaña militar, bajo la bandera de España, desde la creación del mismo hasta su pasaje a la revolución oriental (1797/1811).
Es emotivo ver en los desfiles de este cuerpo ver a la cabeza del mismo un caballo moro, sin jinete, de la brida de un blandengue, simbolizando la presencia de Artigas.
Muy cercana a este cuartel está la cancha de Sud América, lugar donde trabajé en sus boleterías, como cobrador de la Institución. Sufrida hinchada la de este club, que en un tiempo fuera muy importante, con una sede envidia le, el ex Palacio de la Cerveza, y hoy, perdida la sede, está en un ostracismo casi total.
Los "bichos colorados" de Rentistas, junto a sus vecinos de Cerrito, ambos recién ascendidos a la "A", tienen sus sedes en la zona.

Carlos Echinope Arce

Parque de los Aliados

Del Campo del Chivero a los Hongos de Tálice

Nuestra ciudad ha sido ponderada con justicia por sus parques, algo que responde sin duda a una evidente realidad.
Pero cuando se toma en cuenta esa caracterítica de la geografía montevideana, muchas veces no se valoran en la misma medida todos sus espacios verdes.
Por ejemplo, se ha hablado y escrito mucho en relación al Parque Rodó o al Prado, los remansos mas venerables que tenemos, pero en general se olvidan otros tan venerables como ellos.

El caso mas notorio en ese sentido es el Parque de los Aliados (o Batlle, como es su nombre oficial, aunque el primero no ha perdido vigencia).
Resulta algo curioso esto, pues se trata de un espacio muy frecuentado por gran parte de nosotros.
Lo vemos necesariamente camino al estadio, y lo bordeamos en ómnibus o en auto a la altura del Obelisco o por Avenida Italia.

Si hay un parque que se pueda considerar tal de manera decidida y rotunda, éste es el que hoy nos interesa.
Si no existiera, gran parte de Pocitos, todo el barrio La Blanqueada, aledaños del Buceo, la parte este del populoso Cordón, la Comercial, carecerían de su único desahogo.
En todos los casos nombrados, si exceptuamos alguna plaza pequeña o muy raros predios privados que vayan quedando, los rincones arbolados no abundan.

Y se trata, en toda la periferia del parque, de zonas de alta densidad de población, con avenidas de intenso tráfico y consecuente polución.
Además, los espacios verdes alternativos de calidad similar quedan, en todos los casos salvo el de Pocitos que tiene a Villa Biarritz, muy alejados.

Por lo expresado, este parque cumple una función ecológica no desdeñable para Montevideo.
A pesar del descuido en que se lo tiene, la calidad y riqueza de su flora sigue siendo hoy un privilegio que nos envidiarían incluso ciudades mas pequeñas en países vecinos.

Si recorriéramos el Parque de los Aliados con atención, descubriríamos en él una variedad de árboles y plantas sólo parangonable a la del Jardín Botánico.
Hay allí palmeras de diversas variedades, pinos y cipreses, cedros, nogales, ombúes, sauces, eucaliptus, ceibos y otros ejemplares nativos.
Su césped sufre esa mezcla de descuido y depredación sistemática que es ya una lamentable marca de nuestra patología urbana, pero de todos modos en los sectores mas profundos y alejados de las calles nos podemos llegar a sentiro como en el campo todavía.

Aunque suene bien extraño, es posible hablar también de la fauna de este parque.
Por cierto que no es numerosa ni variada, pero la hay y está integrada por aves.
Palomas, venteveos y cotorras proliferan en sus enormes arboledas.

En realidad el Parque de los Aliados es uno de los mas nuevos del áárea urbana.
En la década del 20 iba desde el Obelisco hasta un poco antes de donde hoy se encuentra la fuente luminosa.
Lo demás eran quintas, terrenos baldíos y perímetros constituídos por esas verdaderas "tierras de nadie" que al presente siguen separando barriadas no muy céntricas.

Se cuenta incluso que, a la altura del año 25, los paseantes no se internaban mucho en el parque, pues en una isla de ombúes (que todavía está, aunque algo esmirriada) habitaban algunos "bichicomes" no muy pacíficos.
Por otra parte, en la década siguiente, el rincón conformado por la cancha de Central y el polígono de tiro era - junto con las manzanas adyacentes y hoy construídas - una enorme extensión de dunas sin mayor interés.

El surgimiento del Parque de los Aliados tuvo mucho que ver con una suerte de homenaje a los triunfadores de la guerra del 14-18.
A la muerte de Batlle recibió el nombre del caudillo colorado, pero el pueblo se ha empecinado en nombrarlo por su nombre anterior.
Esa gran extensión, antes todavía de llegar a ser parque, era el Campo del Chivero, llamado así por la abundante crianza de esos animales en el lugar.
En donde se encuentra hoy el Estadio Centenario manaba una de las fuentes que alimentaban el arroyo de los Pocitos.

El parque fué adornado, a fines de los 20, con alegorías deportivas vagamente griegas, en recuerdo a las gestas olímpicas del 24 y 28.
Posee incluso - a la altura de las avenidas Italia y Centenario - una réplica en bronce del Discóbolo de Mirón.
Encierra además varias obras escultóricas estimables:
La archifamosa Carreta de Belloni, el no tan conocido monumento a la maestra de Bernabé Michelena (ejemplo de integración de la obra en su entorno), pero también alguna de Ferrari y otros escultores nacionales.

Allá por el año 1950 el Dr. Rodolfo Tálice, en monografía publicada en el almanaque del Banco de Seguros, ilustraba sobre distintas especies de hongos comestibles de nuestro país, indicando que el Parque de los Aliados era un sitio muy rico en ellos.
Los que de niños tuvimos el privilegio de frecuentarlo en esa década, recordamos haber visto - en los días siguientes a las lluvias, sobre todo en otoño - proliferar hongos que hoy sabemos son altamente apreciados, como los del eucaliptus y los deliciosos.
Esa peculiaridad del parque ya es historia, como también lo es la existencia de numerosos ciervos en él, otra cosa de la que fuimos testigos de chicos.

De todos modos sigue siendo un hermoso y extendido espacio verde, que deberíamos proteger y mantener con celo, al que podemos acceder sin necesidad de un largo tiempo de traslado.
Está allí, esperándonos, no sólo para bordearlo con intención de ir al estadio o de cruzarlo para acceder a la pista de atletismo, sino para aprovecharlo como lo que és, un parque.

"Rincones de Montevideo"
Alejandro Michelena
Editorial Arca - Montevideo - 1988

23/6/08

Aires Puros

Por Aires Puros y alrededores
Podemos tomar como "centro" impreciso de Aires Puros la cumbre de Atahona y Vaimaca, conocida especialmente por la cercana presencia del hotel de alta rotatividad "Los Paraísos".
La particularidad de la zona es precisamente los declives de las calles, no tan pronunciados como uno ve en San Francisco, pero bastantes molestos si hay que "treparlos" a pie, la llamada cuchilla Juanicó domina la zona.
En un alarde de creatividad hay un club, bastante importante para ser amateur, en la zona, llamado "Repecho".
El cercano Parque Posadas motivó a la empresa COMESA a dotar de dos líneas de transporte esta zona: el 522 (Pocitos - Sayago) y el 538 (Aduana - Buceo).
El Gobernador de Montevideo José Joaquín de Viana vivió en lo que hoy es Atahona 3922, casi Reyes.
Zona de grandes chacras y quintas, muchas de ellas con costas sobre el Miguelete, navegable y no contaminado en aquellas épocas, Francisco Juanicó tuvo la suya, restos que quedan en pie en Eusebio Valdenegro 4151.
Juan Antonio Lavalleja vivió en la zona, restos del Mirador de Lavalleja se encuentran en Atahona 4014, entre Vaimaca y Celedonio Rojas. En agosto de 1845 fuerzas de la Defensa al mando de Garibaldi habían tomado Colonia, obligando a la familia Lavalleja a abandonar su estancia de Conchillas, por lo cual se afincaron en las inmediaciones del Miguelete.
En Pedro Trápani y Domingo Ordoñana se encontraba el Palacio Piñeyrúa, hoy convertido en hogar para ancianos.
Fue rematada dicha propiedad en la primera década del siglo XX por Piria. Tuve oportunidad de leer el aviso de dicho remate en un diario de la época y recuerdo algunas cosas que destacaba. Decía Piria que en un país donde un adoquín era más caro que un diamante el alhajamiento de la propiedad era un regalo.
En esa oportunidad fue adquirida la propiedad por el Conde de Das, el cual escandalizaba a la sociedad porque vivía con un joven ...
Dámaso Antonio Larrañaga tuvo su quinta en Luis A. De Herrera 4196, hoy propiedad del Centro de Almaceneros Minoristas, Baristas y Afines del Uruguay (CAMBADU), adquirida en 1981 a los herederos del Dr. Alejandro Gallinal, el cual vivió ahí durante 40 años.
En los años 1870/72 se construyó la Capilla de la Sagrada Familia en el predio, por el arq. Francés Víctor Rabú, hermosa construcción simil estilo gótico, con un valor agregado .. el 19 de marzo de 1981 me casé ahí.
Muy cercano se encuentra el club de basket Albatros, más conocido por los espectáculos de carnaval.

Por Aires Puros hay algunos clubes que luchan por mantenerse, especialmente dentro de una barriada de clase media/baja.
El Club Ciclista Amanecer está en Pantaleón Artigas 3721. Entre los más destacadas ciclistas que defendieron sus colores podemos mencionar a los hermanos Alcántara, Saúl, el más recordado, y Carlos.
En Trápani 4071 está la sede del recién ascendido a la "B": La Luz.
Otro destacado deportista, este nacido en la zona, fue José "Pepe" Sasía.
La peluquería de su hermano sigue en la calle Máximo Gómez, siendo un cliente fiel el suscrito.
El Ipiranga es de la zona, calle paralela a Máximo Gómez, entre Spikerman y Burgues. Su cancha está en ex-Propios al lado del cantegril de la zona.
En Millán y la costanera del Miguelete está el Museo Blanes, en un principio la construcción era parte de la quinta de Raffo, luego de Morales. El Jardín Japónes se transformó en un punto de interés fuerte a los fondos del Museo.
El Espacio Barradas nació de lo que eran unos galpones abandonados dentro del predio.
El puente de las Duranas estaba donde hoy está el puente sobre el Miguelete, en Millán.
El cercano Parque Posadas ocupa un predio de 10 hectáreas y cuenta con un poco más de 2.000 apartamentos. El último dueño del predio fue Luis Posadas y el arq. Pérez Noble el encargado de llevar este emprendimiento adelante.
La zona fue elegida para denominar varias calles con nombre de los integrantes de los 33 Orientales, por ejemplo la rambla Francisco Lavalleja, Avda. Felipe Carapé, Agustín Velázquez, Ignacio Medina, etc. Una calle que desemboca en el Parque Posadas es Patriotas.


Carlos Echinope Arce

22/6/08

La Unión

VAIVENES DE LA UNION
Hacha, tiza y mostrador

Para muchos estudiosos y vecinos, la adjudicación del nombre de la Unión un 24 de noviembre de 1851 fue apenas una rectificación de partida en un acto fundacional producido realmente un 24 de mayo de 1849, cuando Oribe decidió crear la entonces Villa de la Restauración: un tramo de historia que vale recordar una vez más, cuando Montevideo es Capital Iberoamericana de la Cultura y cuando el heterogéneo territorio en cuestión parece sumergido en una problemática urbana que ya arrastra consigo varias décadas de forcejeo entre el posible embellecimiento y el constante deterioro. El alma especulativa de la historia nacional ha dicho que si el general Oribe hubiese atacado Montevideo por sorpresa, el 16 de febrero de 1843, entonces la Villa de la Restauración no habría nacido. Por mucho tiempo más, hubiese tal vez continuado siendo el antiguo y caótico caserío del Cardal, ubicado en el área de tierras comprendida entre el Arroyo del Cerrito y el Río de la Plata.
Concretamente el 24 de mayo de 1849, ante el crecimiento incesante aunque desordenado de tal aldea, el Ministerio de Gobierno decretó en el Cuartel General del Cerrito de la Victoria; erigir un nuevo poblado. Por convocatoria del Coronel de Ingenieros José María Reyes, (delegado del presidente legal y encargado de establecer la planta del pueblo), el vecindario se reunió y comenzaron a abrirse calles según un plano delineado aparentemente por Eugenio T. Cavia, dentro de un movimiento lúcido que se apoyó en el consenso de la gente y en dos catalanes que al fin terminaron considerados los verdaderos arquitectos de la empresa: Vicente Mayol y Antonio Fontgibell. En poco más de un año, ellos coadyuvaron al cambio sustancial del pueblo, al derrumbe del rancherío de barro y a la construcción de una urbe de material y azoteas cuya calle principal dejó su nombre de Restauración y pasó a denominarse del General Artigas.

A poco de su fundación, junto a las casas de familia, abundaban ya en el lugar los establecimientos de educación primaria y secundaria, se impartían cursos de inglés y francés, piano y guitarra, había un destacable comercio de libros, revistas o periódicos, proliferaban las boticas, funcionaron dos circos, reñideros de gallos en cafés o almacenes, juegos de pelota o bochas en canchas linderas a las pulperías y hasta un Cosmorama, es decir: una especie de gabinete de óptica, equipado con lintema mágica y pantalla para la proyección de imágenes en precario movimiento. Servicios y placeres todos que, al fin de cuentas, hicieron de buena base para soportar la Guerra Grande y después, para auspiciar la continuación del desarrollo en un clima de pretendida mayor concordia entre todos los uruguayos. Algo que, en los papeles, comenzó a suceder el 11 de noviembre de 1851 cuando el presidente Suárez decretó la nueva denominación de Villa de la Unión. Pero que, en los hechos, hubo de exigir y gastar más paciencia.
Al terminar la guerra, el 8 de octubre de 1851, en verdad, las calles se vaciaron de gente y el grueso de los comerciantes partió hacia el Centro de la capital y otros puntos. Se paralizaron tiendas, herrerías, jaboneras, saladeros y baños públicos entre muchos más negocios, varios de ellos propiedad del argentino -de ascendencia vasca- Don Norberto Larravide González de Noriega, uno de los grandes afectados pero también uno de los principales impulsores de la nueva era que se abrió desde 1853, cuando se importó un par de autobuses desde Inglaterra y se logró consolidar una empresa de ochenta socios que, solo en el primer año transportó más de sesenta mil personas y con ello revirtió el estado depresivo de los habitantes, algunos de los cuales estaban pensando en la mudanza pero se contuvieron para participar de las novedades junto a nuevos pobladores que comenzaban a arribar desde otros sitios.

LOS TOROS EN EL BIOGRAFO
En ese tren de ir "pa´adelante", en 1855, por ejemplo, se concretó la construcción de una Plaza de Toros para 12 mil personas sentadas en un anfiteatro circular. En ese ruedo, cuyas gradas se demolieron en 1923, además de las lides protagonizadas por aficionados locales y especialistas españoles, también se domaron potros, hubo carreras a pie, un encuentro de box, un duelo a espada, un combate a muerte entre un toro y un tigre e incluso un fusilamiento de un soldado brasileño convicto de haber matado a un funcionario aduanero.
El mismo año 1855, se inauguró también un Mercado Público en el extremo Oeste y en 1868 se instaló una plaza de frutos frente al molino del Galgo, directo origen del Parque César Díaz y antecedente del Mercado Modelo inaugurado en1937 en el predio de Larrañaga y Cádiz. Por la mitad de aquellos cincuenta del siglo XIX, la villa-barrio contaba asimismo con una sala llamada Teatro de la Unión, pionera en un rubro espectacular al que luego se sumaría el "biógrafo", dando nombres famosos de salas como los de Roma, Empire Theatre, Trianón, Universal (luego Gaumont y después Capitol), Glüsckman Palace, el Italia (luego Magestic), Metropol, Broadway, Trafalgar, Prender e Interrnezzo, el último sobreviviente, convertido ahora en centro de baile tropical. Para decirlo con otras palabras: nombres y sucesos de un mapa cultural esfumado, en el cual deben agregarse otras especialidades y recintos más o menos trascendentes, por ejemplo el Hipódromo o Circo de Montevideo, que duró desde 1889 hasta el '96, entre las avenidas Larrañaga y Propios.
Fuera o dentro del orbe estricto de la diversión, casi en su totalidad muchos baluartes de la Unión han desaparecido, algunos dejaron tenues huellas materiales en el paisaje (como el Molino del Galgo, encerrado hoy en el Club de básquetbol Unión), y otros, se mantienen en una mística subterránea, (como las tierras sumergidas en la Plaza de Toros, traídas especialmente desde las orillas romanas del Tiber con el fin de asentar mejor las hileras de ladrillos en el predio enmarcado por las calles Purificación, Orense, Tripoli, Pamplona y Túnez).
También invocando al museo de las fotografías y al archivo de las palabras, pero con una presencia más palpable e influyente en el paisaje y la vida contemporáneos, la Unión guarda entre otras reliquias más o menos reformadas, algunos clásicos centros sociales como la confitería La Liguria, erigida en 1869 en un solar de 8 de Octubre y Cipriano Miró, donde antes habían funcionado un comercio de artículos de marina y después el restorán Veneciano. A pocos metros hacia el sur, conserva también, por ejemplo, la cúspide de la torre del Hospital Pasteur y todo este edificio, realizado por etapas y en varias ocasiones reconvertido en su destino de uso: primero Academia de Jurisprudencia, y después Colegio Nacional, Universidad Menor de la República, cárcel, enfermería de guerra, asilo de mendigos (hoy de ancianos Piñeyro del Campo) y, por último, hospital.
Igualmente ubicada con frente a la Plaza Miró, pero hacia el Oeste, puede visitarse también la Iglesia de San Agustín (ahora en plena refacción de su ala Sur): construida a partir de 1906 bajo el modelo de Saint Joseph de Lyon, inaugurada en 1917 y cimentada sobre el mismo terreno que antes ocupó el templo ordenado por Oribe y erigido en la mitad del siglo XIX.

DE COMERCIO A CARRASQUITO
Por lo apuntado y mucho más, la Unión es sinónimo de rica historia, moldeada por personalidades relevantes como Juana de Ibarbourou, Francisco Acuña de Figueroa, Clemente Estable, Juan Manuel Blanes (pintor de la patria y de las chapas de la nomenclatura del viejo Pueblo de la Restauración), Eduardo Acevedo Díaz (n. en Calle Pan de Azúcar en 1851), Pedro Visca (n. sobre el Camino Propios en 1840), Domingo Aramburú (n. en el Cardal en 1843), José Irureta Goyena (n. en una casona de Larravide y Avellaneda en 1874), Romeo Gavioli (n. en calle Morelli en 1913), y Rómulo Pirri …."Tito Pastrana"- (n. en la Villa en 1919).
Pero junto al ayer, la Unión también es hoy. Y por encima de la evocación frondosa, este barrio/ pueblo hace tiempo que parece exigir otras notas periodísticas y otra memoria complementaria que permita seguir hablando de él en el siglo XXI. Una memoria que resuma los proyectos y (des)órdenes más recientes, como se lee por ejemplo en el detalladísimo informe técnico de la Facultad de Arquitectura, efectuado en 1988 a pedido de la Comisión de Fomento Edilicio y Social de la Unión. Allí, se estableció ya un diagnóstico y un programa de revitalización urbana que poco ha circulado fuera de órbitas interesadas y que sin que sin embargo posee un interés general, sobre todo teniendo en cuenta que poco o nada de lo escrito -en una obra mamotrética que alcanza las 300 páginas- ha visto realización efectiva, o atisbos de labor encaminada.
En el escaso tiempo transcurrido desde entonces, es cierto que ya se modificaron algunas realidades; por ejemplo, no hay más trolebuses - desde 1992- circulando por 8 de Octubre y la calle Serrato ha sido atiborrada demencialmente de puestos autorizados. Pero otros asuntos en cambio, positivos o negativos, se mantienen inalterados o traslucen un histórico vaivén entre el nuevo desarrollo y el nuevo decaimiento, algo que lleva a pensar que se ajusta muy bien a la Unión aquella reflexión que dice: "el futuro es hoy, solo mañana". En este sentido, la encrucijada es múltiple y para recorrerla conviene dejar constancia de que los límites jurídicos de la Unión no coinciden con los verdaderos de la vida diaria, hecho que aumenta por tanto una heterogenidad social y urbanística ya visible dentro de los contornos más tradicionales. La precisión en este caso implica un punto de vista morfológico-espacial y también el propio criterio de estimación de los problemas emergentes. Pero el asunto no es sencillo. Para entender mejor el panorama es suficiente mencionar que la Comisión de Fomento tiene un radio de influencia aprobado en resoluciones oficiales de 1953 y 1979 -que se divide en 8 zonas y resultó alterado de común acuerdo en el último relevamiento de los especialistas universitarios que siguió a otra investigación de 1957, constituida a la vez en trama valiosa para el diagnóstico comparado.
En el más reciente trabajo, el barrio considerado tiene por límites las calles Cádiz-Brazo Largo, Claramount (al NW). Camino Corrales, 20 de Febrero (al Este). Isla de Gaspar, Minessota (al S.Este), Av Italia (al Sur). L. A. Herrera -Br. José Batlle y Ordóñez (al W). En total: 271 manzanas que se distribuyen en 377 hectáreas.
La Comisión de Fomento por su parte, en sus convocatorias a asambleas y otros eventos, maneja una superficie de 613 hectáreas, en 407 manzanas habitadas por unas 69 mil personas. Para ejemplo de la variedad anotada, alcanza con acercarse al famoso rincón-jardín bautizado popularmente como "Carrasquito", dos manzanas y media que estarían hoy dentro de la Unión, comprendidas entre las calles Mateo Vidal, Timoteo Aparicio, 24 de Setiembre, Agustín Abreu y ex Propios.
Este espacio de corte residencial, con origen en un fraccionamiento de 1947 e integrado a los proyectos del Plan Regulador de la Intendencia de Montevideo, en absoluto sin embargo, en la práctica cotidiana, puede ser involucrado dentro del ritmo unionense, que va sí, de la cumbia al rock, pero no tanto.

CON LA FUERZA DE LA HISTORIA
33 escenas de la Unión
Más de una treintena de fechas y hechos, aseguran el peso incuestionable de la Unión en el tejido barrial de Montevideo. La capital, sin embargo, ha descuidado bastante en las últimas décadas el patrimonio y la salud urbana y cultural de este barrio que, durante mucho tiempo, quiso asentarse como algo más que un centro de servicios comerciales de segundo orden, aunque obviamente haya sido este perfil el gran articulador de su desarrollo cotidiano.

1)-El 6 de diciembre de 1842 Oribe había vencido a Rivera en Arroyo Grande, éxito que el 16 de febrero de 1843 le permitió instalarse en el Cerrito con doce mil hombres poniendo sitio a Montevideo. En el '44 se creó el Juzgado de Comercio y en el '45 se instaló el Juzgado de la Unión en la Quinta de los Olivos, al Este de la actual calle Serrato ex Industria.

2)-El 24 de mayo de 1849 se decreto la nomenclatura de las calles de la nueva Villa de la Restauración. Las chapas fueron pintadas por Juan Manuel Blanes. Entonces, 8 de Octubre, que era la Calle de la Restauración, pasó a llamarse Calle del Gral. Artigas. Comercio era la Calle del Cardal.
Cabrera era la Calle que va al Molino. Juanicó era Maroñas. Rousseau era 25 de Mayo, Fray Bentos era la Calle del Carmen. Gobernador Viana era la Calle del Buceo. Serrato -ex Industria- era la Calle de los Olivos. Y Cipriano Miró era San Agustín. (Ver 1867).

3)-En 1847, el General Oribe mandó edificar la planta baja del actual Hospital Pasteur, con destino de Colegio. (En 1850 se estableció allí la Academia de Jurisprudencia. Fue cárcel en 1851. Universidad Menor en 1856, de nuevo cárcel en 1857 y Asilo de Mendigos en 1860. En 1878 se construyó una segunda planta y en 1895 y 1902 se recompusieron los pabellones de hombres y mujeres).

4)-En 1849 se construyó la cúspide del actual Hospital Pasteur, revestida de azulejos españoles.

5)-En 1851 se inauguró el primer servicio de diligencias que empezó a conectar la Unión con el centro de la ciudad, sustituido dos años después por el servicio de ómnibus-diligencias; los dos primeros fueron traídos de Inglaterra y la segunda flota, desde Francia.

6)-El 19 de enero de 1854 fueron velados en la Iglesia de San Agustín los restos del Gral. Fructuoso Rivera. Este año marcó el inicio de una nueva larga vida periodística cuyo primer mojón había sido El Defensor de la Independencia Americana, editado en la Imprenta Oriental del Cuartel del Cerrito. La primera publicación de esta etapa ocurrió un 6 de setiembre y se llamó La Unión, nombre que se reiterará en varios diarios más. Después en el tiempo, tendrán cierta repercusión: El Omnibus (1857), El Molinillo (1872), La Voz del Pueblo (1903), La Cruzada (1917), El Duende Satírico (1919), El Comercio (1928), La Semana (1934), La Voz (1935) y Noticias (1937).

7)-El 18 de febrero de 1855 se inauguró la Plaza de Toros.

8)-En 1867 se realizó el empedrado de la calle principal, luego llamada 8 de Octubre (al mismo tiempo que el de 18 de Julio). Esto permitió el tendido de rieles franceses y la inauguración del llamado tramway de caballos, el primero de Montevideo, un 25 de mayo de 1868. Junto al aumento de los edificios de mampostería y el volumen del comercio surgieron nuevas calles y se creó una nueva nomenclatura el 4 de noviembre. La actual Pan de Azúcar, que se llamaba Toledo, pasó a denominarse Vilardebó. La actual Félix Laborde, que se llamaba Del Pantanoso, pasó a denominarse Del Plata, Lindoro Forteza, que se llamaba Del Miguelete, pasó a denominarse Gral. Flores. Serrato que se llamaba De los Olivos, pasó a denominarse Industria. Gobernador Viana, que se llamaba Del Buceo, pasó a denominarse Artes. La Del Cardal pasó a denominarse Comercio (hoy Solano López desde Av. Italia al Sur). La actual Rousseau, antes llamada 25 de Mayo, pasó a denominarse Monte Caseros. La actual José Cabrera, que se llamaba Calle que va al Molino, pasó a denominarse Figueroa. Al antiguo trazado se sumaron las calles La Paz, Progreso y Buceo (actuales Munar, Sanguinetti y Crocker). A la calle por donde iría la vía del tren a Pando (actual Avellaneda), se la bautizó Gral. Rondeau. La actual Timoteo Aparicio se llamó Nueva Palmira. (Ver 1870 y 1919).

9)-En 1870 se construyeron los corrales de abasto y nació así el nombre Corrales para el antiguo camino De Sierra que, como tantos de la época, era de tierra, con postes de madera a los costados y faroles con velas de sebo. (Ver 1886).

10)-El 1º de enero de 1872 se instaló el servicio de aguas corrientes, colocándose dos surtidores en la calle 8 de Octubre. Se extendió a la villa el alumbrado a gas que se mantendría hasta 1897 cuando se instauró -en la Unión- la línea eléctrica.

11)-El 15 de agosto de 1876 se realizó en la Plaza de Toros un combate de box entre un peleador de Filadelfia y otro de Nueva Orleans, caso curioso ya que en Uruguay no aparecerá este deporte hasta fines del siglo XIX.

12)-El 11 de noviembre de 1886 se puso en la Unión el primer empedrado de cuña. Hasta entonces los caminos eran de tierra.

13)-El 8 de setiembre de 1888 murió en la Plaza de Toros -en plena corrida- el español Francisco "Punteret" Sanz. Cuatro días después se sancionó una ley para prohibir el espectáculo que, de todos modos, reaparecerá en 1890, frente a cinco mil espectadores, extendiéndose después hasta 1912. (La demolición del Coliseo se producirá en 1923).

14)-En 1897 el Arzobispo Mariano Soler dispuso la construcción de la nueva Iglesia de la Unión. La piedra fundamental se colocó dos años después. Las obras comenzaron en 1906; en el '13 se habilitó el crucero y en el '17 se procedió a la inauguración. Hoy, junto al altar de La Pasión, se halla el nicho con los restos del Brigadier General Manuel Oribe, muerto el 12 de noviembre del '57 y sepultado aquí meses después, un 19 de abril. En el mismo sitio estaba, desde 1849, la iglesia otorgada precisamente por Oribe al padre Ereño que, hasta entonces, había oficiado en la capilla construida por la audaz comerciante Mauricia Batalla, en Asilo y Pernas, (clausurado en 1896) o en otra ubicada a un kilómetro de la actual 8 de Octubre al norte, por el Camino del Campamento o de los Olivos (Serrato, ex-Industria).

15)-En 1906 comenzó a circular en Montevideo el tranvía eléctrico, administrado por una sociedad inglesa que obtuvo del gobierno la concesión para una línea desde la Unión a Pocitos, otra a Maroñas y una interna hasta el Buceo.

16)-El 10 de diciembre de 1916, en el paraje conocido como Las Carretas, se inauguró la Plaza de Deportes, actual Nº 5 de la Comisión Nacional de Educación Física, organismo que la recibió en 1919 de parte de sus creadores: integrantes de una Comisión Vecinal presidida por Félix Laborde.

17)-El 20 de julio de 1919 se fundó el Club Unión, dedicado por entonces al atletismo, el volley y el básquet. A partir de este año, la calle principal de la Unión, llamada 18 de Julio, pasó a denominarse 8 de Octubre. La calle Montevideo pasó a llamarse Pernas. Otros nombres flamantes: Cipriano Miró, Gobernador Viana, Munar, Sanguinetti, Crocker.

18) En diciembre de 1921 el dúo Gardel-Razzano colmó las instalaciones del Cine Empire Theatre.

19)-En 1922 comenzó a funcionar el Hospital Pasteur en el actual edificio de Larravide y Cabrera. El Asilo pasó a un edificio de la que fuera Quinta de Basáñez y poseía entonces Asistencia Pública. Calle Larravide 2351.

20)-En 1923, una línea de trolebuses y ómnibus se sumó al transporte entre Plaza Independencia y 8 de Octubre. El 25 de agosto nació la feria vecinal de la calle Larravide. La Plaza ubicada entre las calles Cabrera y Asilo y entre la Iglesia y el Hospital, pasó a llamarse General Cipriano Miró. Antes se había denominado: San Agustín (hasta 1897), 17 de Setiembre (hasta 1905) y luego Juan Carlos Gómez.

21)-El 22 de noviembre de 1925 se inauguró la escuela Sanguinetti. El 31 de diciembre se eliminó el último tranvía a caballos.

22)-A mediados de 1927 se efectuó la primera exposición montevideana de autos de paseo. El 17 de julio se fundó el Club de básquet Larre Borges, así llamado en referencia al aviador uruguayo que se aprestaba a cumplir la travesía del Atlántico.

23)-En noviembre de 1928 fueron detenidos los famosos asaltantes del Cambio Messina, en una casa de la calle Rousseau, esquina Gobernador Viana.

24)-El 11 de marzo de 1929 quedó habilitada al público la biblioteca popular que en 1943 pasará a llevar el nombre del Dr. Francisco Alberto Schinca.

25)-La primera exhibición de películas sonoras en la Unión ocurrió el 27 de marzo de 1930 en el cine Giücksman Palace, ubicado en 8 de Octubre e Industria (hoy Ing. Serrato), con capacidad para mil cien personas, dotado de refrigeración y calefacción, inaugurado el 1º de agosto de 1929.

26)-En octubre de 1934 se fundó el Club Unión Ciclista y en diciembre, la Comisión de Fomento Edilicio y Social de la Unión (la más antigua en su género).

27)-En 1938 corrió el último convoy ferroviario que, en su tránsito desde Cordón a Manga, pasaba por la calle Avellaneda.

28)-En 1945, hacia la esquina de las calles Larravide y Juanicó se instaló la Escuela Industrial. (Sus raíces se encuentran en 1922, en una escuela nocturna ubicada en José de Béjar y 8 de Octubre).

29)-Un decreto de 1947 tradujo una realidad ya visible en el inicio de la década: la Unión quedaba definitivamente incorporada a la planta urbana de la ciudad.

30)-En 1951, AMDET (formada en 1947) inauguró los primeros trolebuses, entre ellos el Nº 64, que en su origen correspondió a la Unión.

31)-El 12 de octubre de 1953 se estrenó un nuevo alumbrado para la avenida 8 de Octubre, que será ensanchada y repavimentada en 1960.

32)-En 1963, en la casa-quinta de la familia Ramponi de 8 de Octubre y ex Propios, se instaló el Liceo Nº 14 que antes se situaba en una casa de 8 de Octubre y Belén.

33)-El 12 de octubre de 1978 se inauguró el grupo habitacional UCOVI, construido donde estuvo instalado primero el antiguo Cuartel de Artillería y luego el Escuadrón de la Guardia Republicana, en 8 de Octubre y Pan de Azúcar.

BIBLIOGRAFIA:
-Aguafuertes de la Restauración y Sombras heroicas, de Luis Bonavita; Montevideo. 1943 y 1945.
-Cobre Bruñido. Evocaciones de la Restauración, de M. Ferdinand Pontac (Luis Bonavita). Montevideo. 1962.
-Historia urbanística y edilicia de la ciudad de Montevideo, de Hugo Baracchini y Carlos Altezor. Montevideo, 1971.
-Apuntes para una historia de la Unión, de Rubens D. Calabria; Montevideo. 1984.
-Diagnóstico para la revitalización del barrio de la Unión. Montevideo.
Instituto de Teoría de la Arquitectura y Urbanismo. Facultad de Arquitectura.
-Los barrios de Montevideo. 2/La Unión, de Aníbal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie. Montevideo. 1991.
-La Unión, de Fernando Assuncao e Iris Bombet Franco. Cuadernos de la Fundación Banco de Boston. Serie Montevideo. Nº 3, 1991.
-Historia de tres nombres (Del Cardal, De la Restauración, de la Unión), de Juan Carlos Lazzarino. Montevideo. Abril de 1995.
-Villa de la Unión (grabaciones). Libretos de Juan Carlos Lazzarino.
Montevideo. 1995. (Material cedido por el Dr. Ubaldo Delorenzo Violante, junto a un completo dossier de boletines e informes de la Comisión de Fomento de la Unión).

21/6/08

Punta Carretas

El origen del nombre de "PUNTA CARRETAS"

Diferentes versiones circularon respecto al motivo del nombre de nuestro barrio.
Muchos años atrás subía al tranvía "35" don Alvaro Barros-Lemes, hoy destacado Profesor Universitario e lnvestigador Histórico.
Nos cuenta Don "Alvarito", que en una investigación que está realizando sobre los viajeros al Río de la Plata, desde el descubrimiento hasta la Independencia, encuentra en un viejo libro "Hacia allá y para acá", escrito por el Misionero Jesuita Florian Paucke, nacido en Silecia en el año 1719, la siguiente nota:
... el mar con las olas agitadas por el viento nos levantaba y seguimos con felicidad más adelante hasta que vimos más cerca el puerto marítimo y la fortaleza de Montevideo. Anocheció y nosotros quisimos alcanzar el puerto; la luna lucía clara porque el cielo estaba sin nublazón. En la 8ª hora llegamos hasta cerca del puerto marítimo, vimos enfrente a mano derecha una hilera de peñascos bajos contra los cuales nos empujaba el mar. Los Españoles llamaban a esta hilera de peñascos, las carretas. Creímos que el viento nos alejaría pero la corriente nos arrojaba hacia los peñascos.
Nuestro piloto vio el peligro que nos amenazaba, subió al mástil y vio que el buque se acercaba siempre a los peñascos (y) gritó entonces desde arriba en el mástil: ¡caiga el ancla! (esto) significa: Falle dar Anker. El ancla ya estaba lista y se hundió sin demora. Cuando cayó experimentó nuestro buque un fuerte temblor que nos causó un buen consuelo como una seña de buena esperanza pero a un sacerdote alemán de mi edad y también a un misionero de 21 años le causó el mayor susto pues creyó que el buque ya naufragaba contra una roca y comenzó a gritar fuertemente: ¡el buque naufraga y nosotros perecemos!. Si bien por su candor y gran elocuencia era un favorito del capitán asimismo el capitán le reprochó por su miedo y le mandó callarse.
Los Marinos Españoles al pasar frente a esta zona (nuestro barrio) asociaban esas rocas con una larga fila de Carretas y seguramente dirían "estamos pasando frente a la Punta de las Carretas".


EL LEGENDARIO HIPÓDROMO DEL ESTE NACIDO EN EL 1881
Lejos del brillo de antaño, el Hipódromo Nacional de Maroñas suele recobrar en las clásicas jornadas de enero, algún resto de sus pasados esplendores. Hoy, por "la recta de los recuerdos", viene avanzando la mítica estampa de un antecesor del más que centenario circo de Ituzaingó, que al par que decretó el alejamiento del gaucho jinetazo -desplazado por el "jockey" de perfil británico- ayudó a crear entre nuestra gente la afición por el turf.

Casi al mismo tiempo en que el Director de "The English High's School" - Mr. Heary Castle Ayre , dedicaba el descanso sabatino a instruir a sus alumnos para la práctica del football en algún lugar de la desértica Punta de las Carretas, algunos compatriotas suyos protagonizaban, en la misma zona, capítulos importantes de la naciente historia del turf.
A los niños que concurren actualmente al Shopping Center de ese sector de la capital, les resultará difícil creer que, hasta hace poco, existía allí la Cárcel Penitenciaria: y a quienes sumen más de quince años y conocieron la mole del Penal, tampoco los será fácil imaginar que, en las proximidades de ese establecimiento de reclusión hubo, en remotos días, un hipódromo que tuvo una irregular actividad entre los años 1881 y 1890.
Fue en ese lugar, precisamente, que se fundó el primer club hípico que conoció el Uruguay, con la entusiasta acogida de la colectividad británica, y una significativa adhesión de caracterizados personajes de nuestras principales esferas.


RELATIVA REPERCUSION EN EL ESTRENO
Para la jornada inaugural -domingo 13 de marzo de 1881- se esperaba recibir a una concurrencia desbordante. Aparte de la atracción que despertaba el programa entre los flamantes turfmen, estaba la perspectiva de disfrutar de la belleza del panorama desde el gran palco, verdadero mirador que acercaba la visión del mar. Cabía allí, cómodamente, un millar y medio de personas, las que podían alternar sin molestia alguna en el amplio café-restaurant para saborear un humeante cafecito, o saciar su sed con un buen refrescado de grosella o granadina.
Sin embargo, los cálculos optimistas de los organizadores fallaron lamentablemente. Un público reducido ofreció una opaca respuesta a la convocatoria; y sólo la presencia en el palco del presidente de la República, Dr. Francisco Antonino Vidal, aportó una mención importante a la crónica social del acontecimiento.
En tren de buscar explicación más o menos lógica a tal ausencia masiva, se creyó hallarla en el precio de las entradas. Aún cuando el acceso de las damas era libre, los caballeros debían abonar algo así como un peso y medio para ingresar al palco... (una exageración para aquéllos días).
Seis fueron las pruebas y disputadas en la ocasión: y todo habría transcurrido normalmente, de no haber cometido una injustificable imprudencia el aficionado Luis Ríos, que empujado hasta la copa de un ombú por su pasión turfística, se olvidó de la riesgosa posición en que se encontraba y comenzó a aplaudir calurosamente a su candidato que acababa de ganar. Hacerlo y precipitarse al suelo fue todo uno. Huesos fracturados y un tremendo susto, arrojó como saldo doloroso aquella exteriorización triunfal, tras la cual el jefe de la policía local -Comandante Clark- condujo el operativo de auxilio al herido.
Concluida la reunión, los responsables de la programación sirvieron "una abundante comida a las autoridades e invitados especiales, en una gran carpa de las inmediaciones".


UN LARGO PERÍODO DE INACTIVIDAD
Tal vez cundió el desánimo entre los administradores del circo esteño, ya que por un espacio dilatado de tiempo no se renovó allí la emoción del espectáculo hípico.
Recién el 30 de junio de 1881 se llevó a cabo una segunda reunión, tanto como para romper momentáneamente la inercia: y nuevamente, se abrió una pausa que se extendió hasta el 11 de diciembre de ese mismo año. El movimiento del "sport" fue bastante pobre, superado ampliamente por las apuestas "mano a mano" que se cambiaron entre varios concurrentes al palco. Algún éxito aislado se anotó en la reseña de este hipódromo: pero ello no alcanzó para consolidar una larga permanencia en el lugar, llegándose al cierre definitivo en l890, cuando ya se había inaugurado el Hipódromo Nacional de Maroñas.
En Punta Carretas, la mujer no había mostrado interés por "el deporte de los reyes": contadas con los dedos de las manos las presencias femeninas, pocas veces contribuyeron con su belleza a realzar el brillo de las jornadas en aquel escenario, vecino de la ya nacida Parva Domus. Hubo que esperar varios años -justamente hasta la puesta en marcha del hipódromo maroñense- para lograr que las damas enriquecieran mediante asistencia frecuente el paisaje turfístico, con la distinción de sus atuendos y sus elegantes siluetas.


EL DESTINO DE UNA ZONA
El football (como se escribía antes de la castellanización de la palabra); y el turf, vieron llegar un día hasta Punta Carretas, a su compañero de triángulo deportivo: el golf.
Antes de fin del siglo XIX -allá por 1894- otros ingleses estrenaron algunos "links" donde estuviera el Hipódromo del Este y dieron origen a la creación del Golf Club de Montevideo, actual Club de Golf del Uruguay.
El paraje -un auténtico regalo de la Naturaleza, que el hombre supo apreciar y aún mejorar con un tratamiento excepcional constituye en la actualidad uno de los puntos más hermosos de la panorámica capitalina.

Según pasa el tiempo.
REBAR - Diario El País
12 de enero de 1997.


20/6/08

Guruyú

El francés Gounouillou tenía un apellido tan difícil de escribir y de pronunciar, que la gente terminó llamándolo simplemente Guruyú. Y con este nombre acriollado (o simplemente adaptado al español) pasó a la historia en el característico barrio situado en el extremo de la península de la ciudad vieja.
Gounouillou, un industrioso inmigrante llegado al país al mediar el siglo pasado, se dedicaba a los negocios del ramo marítimo y fundó un muelle en el puerto capitalino, al final de la calle Patagones (que hoy se llama Juan Lindolfo Cuestas).

Eran esos los terrenos resultantes de la demolición del antiguo Fuerte de San José, que se alzaba sobre la punta del mismo nombre en la extremidad Nor-Oeste de la península. Derribado el fuerte se trazó la calle Isla de Lobos, de una sola cuadra de extensión, entre Piedras y Cerrito, cuya ubicación y breve longitud no tienen otra explicación histórica que ese hecho.

El francés de tan endiablado apellido adquirió los restantes terrenos que ocupara el fuerte, y levantó allí su muelle al que anexó, al parecer, un precario establecimiento de baños, porque en aquel entonces las aguas de la bahía estaban limpias e invitaban a pegarse un fresco remojón cuando "la" calor del verano se adueñaba de la ciudad. Se dice que, por pocos vintenes, se podía alquilar una casillita de madera para cambiarse la ropa y ... al agua!

Pero quien dió al lugar su definitivo perfil de lujosa estación balnearia no fue el naviero Gounouillou, sino el imaginativo y emprendedor español don Emilio Reus, quien soñó un moderno balneario en aquellos confines de la península. Y manos a la obra. Del sueño pasó rápidamente a la realidad cuando adquirió las instalaciones de Gounouillou y construyó en ese predio lo que los montevideanos de la época llamaron "las piletas", un suntuoso establecimiento de baños públicos, con agua de mar y agua dulce, para solaz y deleite de sus hedonistas coetáneos.

Pero no sólo la estación balnearia estaba en la mente del activo empresario. Asociado con el coronel Carlos Gaudencio, Reus proyectó frente a sus piletas, despues desaparecidas y transformadas en plaza de deportes, la construcción de un espectacular hotel, cuya ejecución quedó a medio camino por causa de la devastadora crisis económica de 1890.

El monumental edificio del Hotel Nacional, que todavía se halla en pie y hoy está pidiendo a gritos una restauración, ocupa la manzana delimitada por las calles Juan Lindolfo Cuestas, Piedras, Ingeniero Monteverde y Cerrito, frente al establecimiento balneario. Su construcción quedó detenida en 1895, cuando el Estado se hizo cargo de las obras y lo destinó a sede de la Facultad de Matemáticas. Hasta hace unos 25 años atrás, antes de clausurarsele por su estado ruinoso, funcionó en el edificio la Facultad de Humanidades.

Allí es exactamente el Guruyú, un barrio que, como tantos otros, es muy difícil saber donde empieza y donde acaba. Con la particularidad de que este paraje siempre tuvo, por lo menos desde fines del siglo XIX, dentro de la despersonalizada Ciudad Vieja, una autonomía perfectamente definida.

Barrio vivido por el vecindario, barrio popular como el Albaicín de Granada, a diferencia del resto de la península montevideana, que es territorio de bancos, oficinas y palacetes del patriciado, el Guruyú fue cuna de populares comparsas de carnaval y mitológicas figuras del fútbol, como Isabelino Gradín y otros muchos que todavía son objeto de evocación emotiva en distintas crónicas.

Pero retornemos al sueño frustrado de Reus. Su establecimiento balneario constaba de dos grandes piletas de 60 metros de largo, una para señoras y otra para caballeros, alimentadas por agua de mar bombeada por máquinas y recubiertas por altas claraboyas de vidrio. Grutas y cascadas que se deslizaban en los declives del terreno, completaban la ostentosa decoración de esta fantasía romana que, aunque no se pueda creer, existió hace un siglo en Montevideo.

Camarines en los corredores de las piletas, departamento de hidroterapia medicinal, duchas frías y calientes, salobres y dulces, servicios de peluquería, tocados de señoras, completaban la suntuosidad refinada de una institución tan exclusiva como podía exigirlo aquella brillante "belle epoque" finisecular.

Reus y Gaudencio continuaron a ritmo sostenido la construcción de su gran hotel, que cuando se le habilitó definitivamente ya no fue hotel, porque la despiadada crisis se lo llevó todo como un huracán: las piletas, las claraboyas, el salón de hidroterapia, el hotel . . .

La piqueta dió cuenta rápidamente de las faraónicas instalaciones del balneario que los montevideanos "chic" vieron desaparecer con asombro y con rabia. Años más tarde. en lo que había sido aquel exclusivo reducto de la alta sociedad, se alzó una plaza de deportes.

Hoy sólo queda la ruinosa mole del Gran Hotel Nacional, como fantasma sombrío y vigilante al borde del puerto, pero enhiesto a pesar de su calamidad, como desafiando el siglo XXI para que se le recicle y se le dé un destino útil otra vez. Y queda también el nombre del barrio, heredado del nombre del francés de los negocios marítimos, el entrañable Guruyú que evoca a sus personajes populares, a sus pescadores de la escollera, a sus negros lubolos, a sus campeones del fútbol.

Cosas que pasaron, gente que pasó, ilusiones que se hicieron añicos en el perímetro del único barrio de la Ciudad Vieja que pudo sobrevivir hasta el día de hoy con una personalidad propia y diferenciada del entrono.

"Los barrios de Montevideo"
Ricardo Goldaracena
Ediciones Arca - Montevideo

19/6/08

Cordón

Para muchas personas resulta difícil imaginar por qué el dilatado e histórico barrio del Cordón, que se extiende hacia el Este de la Ciudad Nueva, lleva ese nombre. La primera idea que esa denominación sugiere es la de "cuerda", lo cual, etimológicamente, es correctísimo. Cordón procede del latín "chorda": cuerda.
Pero el sentido común y la investigación etimológica no nos explican del todo por qué causa esa denominación es aplicada a uno de los barrios más típicos y arraigados de la ciudad de Montevideo. Para desentrañar la interpretación correcta, que no es ningún misterio insondable, será necesario recurrir a ciertos datos históricos que rápidamente nos arrojarán luz sobre el orígen de este topónimo.

En el tiempo de los españoles, cuando la ciudad estaba cercada por una muralla reciamente fortificada, lo que estaba más allá de ella era el territorio de "extramuros". A partir de esa muralla comenzaba el paraje del "ejido", que los antiguos vecinos llamaban Campo de Marte, expresión de orígen romano con que aquí se designaba la extensión comprendida fuera de los portones, pero dentro del "tiro de cañón", extensión que se calculaba en unas 600 toesas - medida antigua - lo que equivalía a unos 1.200 metros, vale decir, aproximadamente unas doce cuadras de hoy.

Lo de "tiro de cañón" calculado en 600 toesas era sólo una medida longitudinal teórica, y se usaba para marcar la distancia entre los muros y el "ejido". Probablemente nunca nadie disparó un tiro de cañón desde el Portón de San Pedro, o desde el de San Juan, para comprobar hasta donde llegaba la bala. Pero lo cierto es que en el área del mentado "Campo de Marte", que se calculaba en base a esa medida teórica, estaba prohibido edificar desde la época de la vigencia de las leyes de Indias. Esos terrenos se guardaban para desarrollar en ellos una futura extensión o ampliación de la ciudad, ampliación que no se verificó nunca en tiempos del rey, per sí en cuanto se inició la era republicana, cuando se diagramó allí la "ciudad nueva" de Montevideo.

La prohibición de edificar se justificaba, además, por el peligro que entrañaba la posición de esas tierras, tan próximas a los muros, en caso de un ataque. Pero el impedimento de levantar construcciones en esa zona, que legal y teóricamente habría sido imperioso durante la colonia, en los hechos no lo fué tanto. La disposición resultó constantemente transgredida y fueron muchos los vecinos que levantaron allí casas, tahonas, depósitos y otros edificios, aunque de fajina y no de materiales, para poder despejar rápidamente el lugar en cualquier emergencia.

De modo que el "tiro de cañón", las 600 toesas, marcaba el límite del "Campo de Marte" en los "ejidos" de la ciudad, y se situaba, más o menos, por donde hoy corre la calle que lleva el nombre testimonial de Ejido. Después del ejido, hacia el Este y hacia el Norte, empezaban los "propios" del Cabildo, que eran las dehesas para pastura del ganado común, según preveían las leyes de Indias. Estos terrenos que, como los del "Campo de Marte", también eran de propiedad fiscal, finalizaban donde comenzaban las chacras repartidas por la corona a los pobladores de Montevideo.

El límite entre los "propios", o dehesas del Cabildo, y las chacras de los pobladores, estaba marcado, desde el siglo XVIII, por la línea que se llamó "de Propios" (y ahora es el bulevar Batlle y Ordóñez, ex camino Propios). Esta línea se extendía, y se sigue extendiendo, entre el "Cerro de Montevideo Chico" (ahora llamado Cerrito de la Victoria) y el Río de la Plata (a la altura del actual barrio del Buceo).

Pero nos habíamos propuesto desentrañar el orígen del nombre del Cordón. Ahora sabemos que después de las murallas de Montevideo se extendían los "ejidos", cuyo límite estaba marcado por el tiro de cañón a una distancia de 600 toesas de la fortificación. Y más allá se extendían los "propios" o dehesas del Cabildo, que eran campos para pastura del ganado. En un mapa se puede observar que las actuales calle Ejido y bulevar Batlle y Ordóñez corren aproximadamente paralelas.

Pues bien, en 1750 se dispuso, según relató don Isidoro de María, el disfrutable cronista del Montevideo antiguo, que se practicara una demarcación, con mojones, en la línea del "ejido" que separaba el "Campo de Marte" de los "propios" del Cabildo.

Este "cordón de mojones", trazado en 1750 para delimitar ambos parajes, dió orígen al nombre de Cordón con que se conoció entonces la zona por donde se extendían estas señales, nombre que después, desde el siglo XIX, se comunicó al barrio que da inicio a la "ciudad novísima", al Este de la "ciudad nueva".

El primer mojón se colocó en la llamada "piedra nativa", contigua al arenal de la fuente de las Canarias, en la Aguada (lugar que situamos aproximadamente en la hoy intersección de las calles La Paz y Yaguarón, donde estuvo la archifamosa Quinta de las Albahacas). La línea demarcatoria continuaba hacia el sur, cruzaba la Cuchilla Grande por donde hoy están la plazoleta del Gaucho y el Palacio Municipal, y culminaba en el Río de la Plata, en la playa que se llamó de Santa Ana, aproximadamente donde se cruzan ahora Gonzalo Ramírez y Barrios Amorin.

Este primer trazado del "cordón de mojones" debió ser rectificado en 1786. Para entonces, la pérdida o destrucción de muchas de las marcas y la presencia de vecinos asentados ilegalmente en el paraje - con su secuela de complicados pleitos -, obligaron al Cabildo a practicar una nueva diligencia de mensura, que esta vez fué encomendada al perito agrimensor don Matías Sánchez de la Rozuela.

Pero en esta diligencia de 1786, el Cabildo varió la medida primitiva de las 600 toesas y la sustituyó por una distancia de 1.600 varas contadas a partir del extremo de la Ciudadela, lo cual llevó la línea del "cordón de mojones" unos 400 metros mas al Este del lugar donde había estado emplazada la primera.

El sitio donde presuntamente, en 1786, se colocó la "ahuja" (léase hoy "aguja") para trazar la línea habría sido ubicado en un predio de la hoy calle Hermano Damasceno, entre Galicia y Cerro Largo. En la finca No. 1728 de esa calle, existe una placa conmemorativa de esta segunda medición, colocada allí, en 1950, en ocasión de los festejos del bicentenario del Cordón.

Queda claro, entonces, que, como lo indica la palabra, el Cordón no es otra cosa que un "cordón de mojones". Su objeto fue, simplemente, el de separar los terrenos del ejido de las tierras de propios.

"Los barrios de Montevideo"
Ricardo Goldaracena
Ediciones Arca - Montevideo





EL CORDON - Visto por un Cordonense

Quien observa hoy las propiedades horizontales de 18 de Julio entre Ejido y el Bulevar, como una auténtica realidad montevideana; quien advierte toda la movilización existente entre la referida arteria y la de Constituyente; quien, en una palabra, halla al Cordón como una cosa vieja que se va renovando, tendrá sus problemas para relacionar todo ello con aquella seudo teoría según la cual, para resolver los problemas urbanísticos, habría que construir las ciudades en el campo...
Y, sin embargo, el Cordón es buena prueba de que no andaba tan errado el proyectista de marras. Porque toda esa zona, no fue otra cosa que un pedazo grandote de campo en el que se construyó, no sólo para regalárselo a la Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, sino para suplirla y hasta para convertirse en el centro mismo de la urbe. Hoy – y hasta que se haga su reconstrucción magnífica proyectada- aquel Montevideo peninsular, aquel Montevideo post-Isidoro de María, va que dando como cosa arcaica tan lejana, no obstante sus pergaminos y su prestancia mientras el antes despreciado Cordón representa una inyección biológica que asombra a los mismos cordonenses que lo conocieron hace poco más dé medio siglo.


UNA LEYENDA BALÍSTICA MENOS
Aquello de que el Cordón, o línea imaginaria trazada en los límites del Ejido de la ciudad, tuviera su origen en un tiro de cañón lanzado desde la misma Ciudadela, para convertir todo el espacio intermedio en un terreno despoblado, defensivo de la villa militarizada, terreno que llevó el muy mitológico nombre de Campo de Marte, sonaba a origen ilustre, a ritmo bélico de 1812 de Tchaikowsky, o por lo menos, a charanga de un apuesto regimiento de artillería. Ese tiro quedaba muy bien. Grande habrá sido la decepción de algunos, cuando en 1950, el 26 de abril para ser más exacto, quedó deshecha la hipótesis, al convertirse lo balístico en un simple problema de agrimensura militar. Fue el arquitecto D. Carlos Pérez Montero, quien en conferencia dictada en el Instituto Histórico y Geográfico, con motivo de los festejos motivados por el Bicentenario del Cordón, dijo "que el tiro de cañón era una unidad de medida que se empleaba para señalar una distancia determinada-, y que ahora la tradición modificó la realidad de los hechos convirtiéndolo en un acto simbólico que la imaginación popular lo ha tomado... como un precioso documento".


UN AUTENTICO HEROE EN LA BARRIADA: ARTIGAS
Si la verdad histórica pudo deshacer una hermosa leyenda, en cambio riquísima documentación prueba que el héroe máximo de la Patria, tuvo larga presencia y mando dentro de la zona. Ahí están los espléndidos tomos Publicados por el Archivo Artigas, para demostrarlo. Un documento de 1804, demuestra las dificultades en medio de las cuales vivían los vecinos. "La extensión de los nuevos muros de fortificación hasta el punto que designa el terreno dominante a esta ciudad y se conoce con el nombre del Cordón es una instancia que al paso que se dirige a constituir al Pueblo en un estado excelente de defensa se consulta con ella al subsistencia de un crecido número de buenos edificios, y se enjuga el llanto de tantos vezinos (sic) que especifica el empadronamiento que acompaña este expediente que sin otro delito que hallarse situados en la distancia del tiro de cañón de la Plaza miran con dolor la demolición de sus avitaciones (sic) con que a cada paso se les “amenaza” (Op. cit, III, LVIII). Y se transcriben muchas listas de Revista. Siempre en las mismas está presente, con cargos de jerarquía, D. José Artigas. Por momentos, se le da como ausente por cumplir importantes comisiones en campaña. Mientras la Guardia del Cordón, recibe a muchos presos, envidos precisamente por el futuro Precursor. Todo ello demuestra que el Cordón fue centro, y buen centro, de actividades del blandengue inmortal.


MAS DE HERÁLDICA CORDONENSE
Esto de heráldica, no puede pasar de frase generosa, porque según el testimonio de D. Isidoro, "los cardos y las lagartijas campeaban por sus respetos”, en el Cordón del 1795, aunque abonaran en favor del futuro barrio “la ausencia de arenales estériles y el recuerdo, sobre todo, de que veinte y tantos años antes (1767) se habían delineado en el Cordón unas sesenta cuadras con calles de quince varas de anchura, para población, por Bartolomé Mitre, poblador del paraje y comisionado al efecto”. De donde se deduce que el Cordón fue bienquisto por el fundador de una rama ilustre en la nación argentina. Y se dan más apelativos: Ximénes, del Valle, Medina, Melilla, Sandobal, sin faltar la Paraguaya. Además, el más importante: José Antonio Artigas.
Es de saberse que, hacia el año cita do, el párroco de la Matriz, solicitó para el Cordón la calidad de viceparroquia, lo que obtuvo poco después, y la capilla se construyó a los fondos de lo que todos conocemos por iglesia del barrio. Mientras tanto, allá donde ahora se halla la Universidad, los Hnos.
Fernández, ubicaron su Cristo, actualmente mudado junto al muro eclesiástico, mientras ellos descansan en el Cementerio Central, bajo la cruz de piedra del 2º cuerpo.
Mientras las lagartijas habrán fugado el año 1807, los cardos pasaron a la historia, pues a la batalla donde pereció Maciel, "EI Padre de los Pobres”, se le conoce precisamente por el Cardal. Como vecino meritísimo de la zona en la época, De María cita al cirujano fernandino D. Francisco Dionisio Martínez. Y después del 10, a los Morales, Lezama, Arismendi, Fernández, Pisani, Portugal, Beltrán, Meléndez, Gracia, Cienfuegos, Abalos, Buxareo, de los cuales tenían hornos de ladrillos Arismendi y Portugal, además de Macuzo, Meneses, Casal, Acosta y Barreiro.


ANTIGÜEDAD Y TOROS EN EL BARRIO
Aunque la piqueta se está llevando muchos rastros, la prueba de que Montevideo cumplió con la orden de "no edificandi" entre la Ciudadela y la línea del Cordón, la proporciona ese conjunto de construcciones viejísimas allá por las calles Paysandú y Cerro Largo, bien enclavadas en zona cordonense, y que aceptan cualquier comparación de vejez con las de la llamada Ciudad Nueva. Otra prueba la dan las desigualdades con respecto a la línea de la calzada. Pero quien quiera observarlo, apresúrese porque la propiedad horizontal no tiene mucho respeto que digamos por la tradición y por la historia.
De lo que nada queda, y esto ya hace muchísimos años, es de la plaza de Toros, ubicada sobre la línea misma del ejido, a la altura, aproximadamente, de la calle San José. Fue el espectáculo de mediados del siglo pasado, y el ruedo resultó el intermedio entre el de la hoy calle Sarandí -bien cercano a la Escollera-.y de la Unión, que llegamos bastantes a conocer. De esa plaza, permanece sólo un hecho literario, Las TORAIDAS, de D. Francisco Acuña de Figueroa, el ilustre autor del Himno.


UN CRIMEN Y UN MOTIN
Ya el Cordón poblado, con sus típicas casonas de un piso, de patios grandotes, adornados con macetones de barro, fue sacudido por dos hechos trágicos en la última década del siglo. El primero de ellos, tuvo una repercusión que llega hasta nosotros por circunstancias especialísimas.
Fue el crimen de la calle Chaná. Todavía se conserva la casa que dio motivo al hecho. Se le ve desde la callo Juan A. Rodríguez -antes Sierra- en dirección hacia Chaná. Salía una noche de ella el Sr. Butler, que había actuado en las patriadas, y fue muerto misteriosamente de un balazo. Había un motivo romántico: la visita fue motivada por razones de amor. Dentro del misterio, no faltó quien acusara a un militar, el mayor Almeida, qué tenía relaciones amorosas con la hermana de la novia del Sr. Butler. ¿Causas? Desavenencias entre ambos, motivadas por la tirantez política de aquellos años. ¿Pruebas? El mayor había estampado dos veces su firma en el album mortuorio de Butler. Y Almeida fue a la cárcel, porque aquello, que seguramente no pasó de una distracción tan posible, hizo ver a algunos un estado emocional especialísimo, como de quien tiene parte en un delito. Hacia, la época, el mundo había sido convulsionado por el famoso “affaire” Dreyfuss, por supuesta venta de documentos secretos a potencia extranjera; la conmoción producida en Francia; la reclusión del desdichado militar en la Isla del Diablo, luego de su degradación; el formidable "J'acusse" del escritor Emilio Zola, y, por fin, la rehabilitación de Dreyfuss. El crimen de la calle Chaná fue nuestro caso Dreyfuss en miniatura. E hizo de Zola, un abogado que se inmortalizaría luego como extraordinario pintor de nuestros candornbes y de nuestros gauchos: el Dr. Pedro Figari. Fue tan convincente la defensa, que también se llegó a la declaración de inocencia del desdichado mayor Almeida, cosa ratificada bastantes años después por las declaraciones de un moribundo, verdadero asesino de Butler. Pero el dolor producido por un gran yerro judicial, no hay fuerza humana capaz de hacerlo desaparecer del todo. El segundo hecho convulsionó al Cordón de extremo a extremo. Aquí sí hubo metralla, pero no con fines de imposible medición, sino con los de toda la artillería del mundo. Se trata del motín del 4 de julio del 98, contra el presidente Cuestas, que, a pedido de una formidable manifestación popular, había dado un golpe de estado el 10 de febrero anterior.
Las fuerzas amotinadas llegaron desde la Unión, tomaron el cuartel de la calle Carmen (hoy Víctor E. Haedo ex Dante) y República, la comisaría de 18 de Julio y Salsipuedes (hoy J.,Paullier) y se dirigían hacia el edificio de 18 de julio y Yaguarón, terreno que en la actualidad ocupa el diario "El Día” ( ocupaba, hoy hay una galería comercial – N.E.). Pero el ministro D. Rufino Domínguez y el después General D. Sebastián Buquet, entonces jefe del plantel de artillería ubicado donde se halla la Municipalidad, con las tropas en la calle y las granadas por el aire, detuvieron la intentona. Son de imaginar los sinsabores de los pacíficos vecinos de las calles Rivera chica (Guayabos) y Lavalleja, donde llovieron las balas. Las buenas señoras utilizaban cuanto hallaban a mano, hasta frazadas, y colchones, para evitar las incómodas visitas balísticas. Conserva el autor, un cuadro del conocido pintor D. Diógenes Héquet, en que queda inmortalizado el episodio, a la altura de Lavalleja y Magallanes.
A nuestra generación le cupo conocer otro golpe de estado cordonense. Pero éste no necesitó de descargas.
Fue el del 31 de marzo de 1933, que tuvo al Cuartel de Bomberos como eje de actividad ...


PELIGROS DEL MICROCOSMOS
He escrito mucho sobre el tema, lo cual hace sumamente difícil no repetir algún recuerdo, algún pensamiento o alguna anécdota. No obstante lo simpático que resulta el desarrollo, permanentemente hay que estar venciendo otros impulsos. Los de la sensiblería propicia al microcosmos infantil y de la primera juventud, con su imán de posibles bandoneones. Pero subsisten dos recuerdos firmes al margen totalmente de esos inconvenientes: la tranquilidad aldeana y el patriarcalismo.
Las anteriores alusiones a sangre, pueden hacer pensar al desprevenido lector que el Cordón de hace medio siglo, fue aventurero y escandaloso.
Todo lo contrario. Una placidez de soneto aldeano de Julio Herrera y Reissig, presidía el panorama. Mucha sangre vascongada, bastante italiana, conocimiento de todos por todos, patriarcalismo suave. Los declives convertían la esquina de Lavalleja y Magallanes en el foco inundable y obligaban a la eterna presencia de los "cuarteadores", que ayudaban en la cuesta a los últimos tranvías de caballitos, con su cuerno imborrable de la primera memoria, como resabio de imposibles cetrerías. Hacia fines de la primera década de este siglo que vivimos surgieron, con la electrificación, los iniciales 32, por Lavalleja, a 18 y Bulevar, y los 19, de “La Transatlántica" por Magallanes, al Parque Urbano (hoy Rodó). Mientras aparecían aquellos armatostes, llamados arcos voltaicos, que obligaban al cambio diario de los carbones, y que un día sí, y otro también, por mala calidad de los mismos, por vientos, o por lo que fuera provocaban “apagones” de cuenta propia. Y permítaseme que repita una mi imagen que ya he gastado, porque la quiero mucho. De todo ese conjunto, como síntesis vegetal, el paralelismo verde de la calle Lavalleja.


LA CIUDAD UNIVERSITARIA
Hubo mucha gente que hizo bien a la infancia y la juventud en la zona.
Tanta, que seguramente se ha de incidir en omisiones, si no se tiene a mano la colección completa de "La Voz del Cordón", un meritísimo periódico dirigido por el Sr. Walter Perna, organizador también y presidente por varios períodos de la Comisión Pro Fomento del barrio, uno de esos Quijotes que tanto se necesitan para crear vínculos y espíritu solidario. Y que, al revés del hidalgo manchego, no debe abandonar su ínsula, aunque sea muy dura la empresa.
Hay un nombre venerable, que puede sintetizar a todo el magisterio: Aurelia Viera, directora por muchos años de la escuela de Guayabos y Gaboto. Fue una verdadera guía, formó hombres, no provocó "traumas' -como ahora gusta decirse con su cierta dureza. Salieron de sus clases muchos que no pasaron a aulas superiores y que, sin embargo, llevaron un bagage magnífico de aptitud y de conocimientos. También fueron afama das la escuela de las Srtas. de Manrupe, la de la Srta. de Aguirre, y tantas otras.
Yo me formé en dos las del escuelas del barrio. Mejor dicho en tres ambientes, uno sin escuela. Me refiero a quien me enseñó a leer, y hoy es mi muy distinguida secretaria particular honoraria, la Srta. Eusebia Pebet, a quien, con motivo del bicentenario cordonense, se le hizo entrega de un diploma que acredita haber vivido más de medio siglo en la barriada. Las escuelas fueron, la de la Srta. Josefina y el Colegio Alemán. La primera de ellas, estaba situada en la entonces calle Rivera chica (Guayabos) entre las de Minas y Piedad (Carlos Roxlo). Subsiste la casona, algo reformada.
Era doña Josefina Marín de María nieta del clásico autor del "Montevideo Antiguo”. Y la escuela se llamaba precisamente “Ysidoro de María”. Aquello era un sacrificio sin lágrimas, la negación de la comodidad, del funcionalismo y de las clases diferenciadas. Todo se desarrollaba en dos modestísimas piezas, con pisos cimbreantes. Y sin embargo, se enseñaba bien y se aprendía mejor. Había un "duende" especial en aquellas maestras, sin huelgas y sin reivindicaciones. Eran nada más que alma. Y un darse continuo a los niños, con un mínimo de retribución La "Deutsche Schule" era cosa muy distinta. Calle Soriano, frente a lo hoy Carlos Roxlo. Ambiente que me resultó muy extraño y donde conocí a dos excelentes preceptores: Herr Schmid, director, y Herr Wille (sanducero, a pesar del "Herr), luego este catedrático de Alemán en Secundaria. Ese magnífico edificio, donde hice “turnen” e intenté “singen” (vale decir: gimnasia y canto), es hoy sede de las escuelas públicas “Venezuela" y "Cervantes”. Deben recordarse, además, escuelas religiosas, como el todavía llamado “Seminario”, así como la itálica y la gala.
Pero, además y por sobre las escuelas, el Cordón fue nuestra Ciudad Universitaria, a partir de 1910 en que los estudiantes entonces portuarios, se vinieron a 18 de julio y a Lavalleja. Con ellos, la animación. Con ellos, los largos desfiles post-clase. Con ellos.. ., las huelgas. ¿Cómo no voy a añorar el edificio de Lavalleja, si en él lo he sido todo, menos portero? Y perdóneseme el "ego" exagerado.
Hacer la historia cordonense de la entonces Sección de Enseñanza Secundaria y Preparatoria, insumiría espacio excesivo. Quede para el año próximo. Hubo allí figuras excepcionales, que mucho han hecho por nuestra cultura. ¿Y el Paraninfo, de la Universidad? Desde sede de la Constituyente del 17, hasta tribuna de Einstein. Y está dicho todo. Todo no. Porque durante muchos años, allí se centró un hecho esencial: la cátedra de conferencias del Dr. Carlos Vaz Ferreira, el magno.


OTRAS INQUIETUDES
Política, religión, actividades sociales, beneficencia, han adquirido importancia suma en el lugar. ¿Política? Recuérdense las primeras asambleas colegialistas del “Stella D´ Italia"; la escisión anticolegialista, que explota en el club de la 7ª, de Constituyente y Magallanes, en edificio existente, hoy vidriería; tantas manifestaciones nacionalistas; es decir toda la realidad y la discusión vernáculas. En materia religiosa, aparte de hermosos templos protestantes, la clásica hermandad de los Capuchinos ha proporcionado nada menos que el primer Cardenal uruguayo. Sobre beneficencia, ahí está la obra admirable de la Liga Uruguaya contra la Tuberculosis, que provocaba el interés de la ciudad plena hace 40 años, con sus colectas callejeras, quizás las primeras de importancia realizadas con nobles propósitos, al margen, se entiende, de las casi prehistóricas de la Hermandad de Caridad en el Montevideo viejo. Otra institución de auténtica solidaridad, que honra al barrio, es la Sociedad "Cristóbal Colón". Y no olvidemos al Hermano Marcelino.


EL TEATRO EN EL CORDON
El subtítulo, también da para mucho, pues el Cordón ha sido y es un amplísimo escenario. A estar a los, papeles que he hallado, el origen es de los de franja verde -seguramente muy ingenua- pues en 1824, cuando comenzaba la decadencia de la Cisplatina, se quejan de dos titiriteros, Pedro Falcón y José Valenzuela, porque "representaron modernamente en el Cordón y en esta Ciudad (la ciudad era Montevideo), la escena de un Frayle y de un Penitente, confesándose con él por el orden numeral del Decálogo hasta incluir el sexto precepto de la Ley divina...”Hay que llegar al 1867, para apreciar en la prensa un TEATRO EN EL CORDON, contiguo a la plaza de Artola, con el prestidigitador Julio.Bosco. Un año después, ya se le designa Teatro de la Esperanza e interviene la Cía. mimoplástica de S. Sanguinetti. Por el 71, cobró bastante importancia otro lugar de espectáculos en el Recreo del Cordón, existente en las inmediaciones de Gaboto, Chaná y Charrúa. Mereció elogios de José Pedro Varela. Contiguos al actual monumento al Gaucho, hubo un Club Dramático Italiano y la Sociedad Stella D' Italia, hasta que ésta, en 1895 da el campanazo, e inaugura su teatro, en Mercedes y Yaro (hoy Tristán Narvaja), que hoy es el que sigue al Solis en esas cosas de la subsistencia. Ha habido en la sala, con altibajos, actividades escénicas de todo tipo. En un principio, las familias del Montevideo viejo se abstuvieron de concurrir, pero luego, con conjuntos aceptables, fue vencida la resistencia. Y por muchos años, hasta que murió a raíz de un accidente ocurrido en dicha sala, Enrique Montefusco hizo de bufo y de héroe. El Pabellón Nacional, (hoy terreno ocupado por la Municipalidad) tuvo su auge a fines del siglo pasado, Zarzuelas, sainetes y circo criollo fueron su condimento. Allí José Enrique Rodó, el grande, se enamoró platónicamente de la actriz Lola Millanes, y le dedicó una de sus contadísimas composiciones en verso.
Allí nació la revista criolla, con el estreno de "A vuelo de pájaro" de D. Enrique De María. Allí trabajó el famoso Frank Brown.
El teatro de aficionados, tuvo también su auge cordonense. Hacia fines del siglo XIX, D. Santiago Fabini y el Dr. Guglielmetti, concitaron el interés musical de muchos elementos jóvenes, en lo que llamaron Conservatorio del Cordón, en la trastienda de la Botica Americana, de 18 de Julio y Vázquez. El Centro Artístico Nacional, fundado el 19 de setiembre de 1894, en la principal Avenida entre Magallanes y Gaboto, sótano del Cnel. Muró, tuvo mucha importancia. Orosmán Moratorio (padre) y Enrique De María, fueron de sus grandes animadores. Por su parte, Ricardo Passano fue el puntal del Centro Artístico de Aficionados, en Magallanes y Canelones. El 4 de octubre de 1904 se fundó el Centro Artístico Uruguayo, Santa Lucía (hoy Santiago de Chile) y Soriano. Tuvo su importancia, especialmente por la presencia de dos figuras que produjeron para el teatro grande: José Pedro Bellán y Alberto Lasplaces. Otras inquietudes: el Centro Larrañaga,,el Círculo Católico de Obreros, el Centro Artístico del Cordón, el Centro Mr. Lasagna, la Sociedad Democrática Italiana, la fundación de la Escuela Nacional de Declamación, de la apostólica profesora doña Concepción Antonelli de Requesens. Hubo también numerosos circos, algunos de interés por iniciación de futuras figuras escénicas, como Luis Vittone. Pero no puede dejarse en blanco, una referencia de interés, ya que no ha pasado a las biografías. Allá por 1904, Florencio Sánchez tuvo sus ratos de bohemia cordonense, junto al entonces llamado “chiquilín” Herrerita.


TIPOS POPULARES
Como último recuerdo de la aldea que fue, cabe mencionar a algunas figuras pintorescas aunque muy al pasar: las damas del "dragoneo" barroco, las del "abre el pino y corre el lino, para que penetre el céfiro matutino"; el coronel, famoso guerrero, pero más famoso por sus analfabetismos que por sus derrotas; la ultra famosa "Cotorrita del Cordón" toda reminiscencia cromática del pasado; él báquico "Negro Pío"; el no menos alcoholizante "Garibaldi con carabanas", frutero y maldiciente; Pablito, el lotero; y el ultra fiel y ultra divertido Vicente Alvarez Galarza
(1) Se cita de memoria el artículo que, el autor dedicara a este último, en el suplemento, Dominical de "El Día", el 10 de agosto de 1952. No se trata, por cierto de un alarde nemotémico, pues no todos los días como ese se sufre, casualmente en el Cordón, una operación gravísima.

J. C. SABAT PEBET

18/6/08

Sur y Palermo

Palermo y las brisas del Sur

Hacia el lado de la rambla Sur se ubican dos barriadas de Montevideo que en general no diferenciamos con la debida exactitud.
Es común la confusión, la identificación sobre todo, de lo que es el barrio Sur propiamente dicho con Palermo.
Esto se explica por el común origen de ambas zonas, y mas que nada en su vinculación cultural a esa música que hace el mas auténtico folcklore de la ciudad: el candombe.

Pero Palermo tiene su personalidad propia, diferenciada del Sur.
Aunque ambos fueron perjudicados, allá por los años veinte, con la "piqueta fatal" que les comiera parte de sus calles, casas y además sus playas, para construir la rambla.
Hay todavía personas de bastante edad que recuerdan cómo era la costa en su niñez.

A esa altura se encontraba la playa Santa Ana, pequeña y encerrada entre dos puntas rocosas (que todavía existen en su parte final y son aprovechadas por los amigos del sol en el verano).
En aquellos lejanos tiempos sin rambla, la playa no estaba contaminada y era disfrutada plenamente por los vecinos.
La zona rocosa lucía mucho mas grande y variada, y hubo que cortar todo ese granito, que hoy seguimos viendo bajo la forma del murallón.

Nos contaba una testigo memoriosa que sobre las últimas casas vivían los pescadores, quienes diariamente se hacían a la mar desde allí nomás, vendiendo luego su mercadería en el mismo barrio.
Que había un hombre "de a caballo", encargado de recorrer la zona costera, de Ramírez al Centro, serpenteando entre los vericuetos que dejaban las grandes rocas.

Talvez la construcción de la rambla Sur haya sido el gran sacudón urbanístico que tuvo Palermo, tanto que las anécdotas acumuladas durante los años que duraron las obras siguen todavía circulando en la memoria colectiva.
Lo único que, aunque de carácter negativo e injustificado, se asimila a aquello - en cuanto a la transformación radical del barrio -, es la demolición de una de las manzanas del Reus y el abandono de la otra, so pretexto de peligro de posibles derrumbes.

Porque si bien la rambla arrasó con un perfil entrañable e irrecuperable del lugar, era necesaria para lograr una vía de tránsito que todavía hoy sigue significando un progreso objetivo e indudable, y que fuera uno de los grandes trabajos de ingeniería de una década rica como pocas en materia urbanística en Montevideo.
Por el contrario, la destrucción del Reus descalificó el área, generando un baldío y ruinas patéticas, y sobre todo expulsando a decenas y decenas de familias afincadas allí por generaciones.

Esos desalojados forzosos no han recibido aún una compensación acorde al daño habitacional, moral y cultural que tuvo el lugar al erradicarlos violentamente de ese entorno.
Si bien mas cerca en el tiempo se realizó un concurso de proyectos de "reciclaje- construcción" del Reus, inexplicablemente no se ha dado ningún paso concreto para comenzar las obras, mientras siguen desmoronándose poco a poco las contadas casas que todavía quedan, abandonadas (de aquellas con típicas buhardillas).

Fuera de estos dos cambios traumáticos, Palermo se mantiene empecinadamente fiel a si mismo.
Barriada de trabajadores, que se entremezclan con sectores de clase media (sobre todo ancianos), en tiempos de carnaval vibra el corazón de sus conventillos con el repiquetear de las lonjas.
Ya no se pueden finalizar las tradicionales Llamadas en la calle Ansina, pero igualmente culminan en Palermo, que esa noche extiende su fiesta colectiva hasta el amanecer.

Con casas mas bien bajas, a lo más de dos pisos, y construcciones en las que predomina el característico estilo popular con balcones a la calle y patios de claraboya, pero donde todavía se encuentran muchas casonas de patio abierto e incluso aljibe.

Solamente en sus límites - Sur y Norte - es decir por el lado de la Rambla y de la calle Maldonado, podemos encontrar edificios altos construídos en los últimos treinta o cuarenta años; el resto se remonta casi todo a los años veinte, a principios de siglo e incluso más atrás.

Por sus costados Palermo limita más o menos con el barrio Sur a la altura de Ejido, y con la zona del Parque Rodó, en Magallanes.
De cualquier manera sus fronteras son imprecisas, habiendo polémica en cuanto a si tal sector le pertenece o no.

Encierra en su seno algunos centros de enseñanza, que están acordes con el perfil trabajador que tiene su población: la vieja Escuela de Artes y Oficios (hoy Universidad del Trabajo) - ubicada en la calle Gonzalo Ramirez - y la actual Escuela de Artes Gráficas (donde hace muchos años había un cuartel, en la calle Durazno).

La peculiar calle Encina sale en diagonal desde Maldonado, baja empinada para morir dos cuadras después, en Durazno, a la altura de la plaza Juan Ramón Gómez, único espacio verde del interior del barrio.
La arteria es angosta y sin árboles, de casas de un sólo piso, haciendo recordar a tantas de las ciudades del interior.
Allá por mil novecientos sesenta y pico los estudiantes de Bellas Artes pasaron por allí pintando cada fachada de un color diferente; los vecinos tomaron la idea, y en Encina se encuentran, todavía hoy, casas que siguen testimoniando aquel espíritu de "sensibilisación visual" que anunciaba a los "anarco-líricos" de la ENBA.

En la esquina de Maldonado y Lorenzo Carnelli se ubica Anticuario, un restaurant de estilo 1920, más bien "pitucón" y frívolo.
Su historia es sin embargo interesante: quienes lo instalaron no tuvieron que hacer muchas reformas, salvo comprar algunas mesas y sillas antiguas para completar las que faltaban, cambiar de lugar el mostrador y quitar la mampara que separaba el almacén del bar.
Porque eso es lo que hubo en la esquina, desde fines de los veinte hasta casi el ochenta: un "almacén y bar" que regenteaban dos hermanos, el que se mantuvo tal cual hasta la muerte del mas longevo de ellos.

A su vez, en la esquina de Durazno y Carnelli se encuentra la farmacia El Cóndor, una pequeña joya conservada bastante bien en sus características originales (con partes del mostrador, estanterías y vidriera, aunque ya no con aquellos botellones de vieja botica).
Vale la pena verla, aunque no es la única farmacia antigua en Montevideo, ciudad donde por suerte tales comercios han corrido, en parte, mejor suerte que los cafés tradicionales.

"Rincones de Montevideo"
Alejandro Michelena

17/6/08

La villa de Colón

Un filósofo montevideano a quien poco se tiene en cuenta, consideró alguna vez, con sentido del humor, que se podría hacer un paralelismo entre la Avenida Lezica de Colón y la de los Campos Elíseos en París, cerca de la cual había estado viviendo de más jóven en condición vagamente estudiantíl. Más allá de la posible ironía de la observación, es innegable el aire afrancesado que posee la tranquila vía de tránsito todavía en algunos tramos, a pesar de que los eucaliptus no tengan nada de galos. Esos lugares son los últimos vestigios de lo que fuera a fines de siglo pasado el auge de Villa de Colón.

Surgida alrededor de la estación del ferrocarril, y vinculada desde siempre a la zona de viñedos que la circunda aún en parte y que constituye la más antigua producción vitivinícola del país, Colón pasó a ciera altura a ser una zona apetecida por nuestras clases altas como residencia veraniega.

Ello tuvo lugar al mismo tiempo que Paso Molino y Capurro iban perdiendo su condición de zona de quintas, cuando éstas comenzaron allí a ser literalmente cercadas por la acelerada urbanización fruto de la conjura entre rematadores como Piria y las compañías de tranvías, en la que sería la última gran expansión de la ciudad.

Colón conservó todavía, durante varias décadas del siglo que está culminando, su atmósfera semirrural y tranquila, pero la moda de la costa - con el esplendor de Pocitos primero y más adelante Carrasco - liquidaría para siempre su condición de barrio residencial. Por eso es que viene dando, desde hace tanto tiempo, la impresión de una década sostenida, que sin embargo no llega nunca a su culminación. Muchas grandes casaquintas han sido demolidas, surgiendo en esos vastos terrenos viviendas hechas en forma cooperativa por sectores populares de la población.

Quedan sin embargo, sobre Lezica y a pocas cuadras de la plaza colonense, añejos palacetes funiseculares con sus jardines húmedos y tristes. Uno de ellos se destaca por la imponencia y desmesura de su mole neoclásica: fué la residencia de verano de la familia Idiarte-Borda, y es hoy un potencial museo que a pesar de pertenecer hace ya años a la órbita del estado no se asume como tal.

Caminando por Lezica precisamente, es posible experimentar de un modo vivencial el aire sutil que impregna todavía esas enormes y antiguas rejas, imaginando lo que podía ser en los atardeceres de verano de mil ochocientos noventa y pico el trajinar por allí de volantas y carruajes. o los encuentros en el banco de mármol de alguna de las quintas entre el dandy enamorado y la señorita bien encorsetada en su vestido blanco.

Siguiendo por Lezica, llegamos al colegio Pío, una institución de la zona. Regenteado por los padres Salesianos, fué en su momento una escuela agraria, en la rama vitivinícola sobre todo, transformándose con los años - ya avanzado el siglo XX - en colegio especializado para párvulos díscolos e ingobernables, suerte de casa de corrección para niños de clase alta.

Su observatorio astronómico y su museo de historia natural eran lugares de visita - incluso en la década del 50 - para alumnos secundarios de todos los colegios católicos. También, hasta ese tiempo, la insólita "chancha", así era llamada popularmente la antigua bañadera salesiana, un ómnibus de principios de los veinte en uso hasta casi el sesenta acarreaba jóvenes futbolistas semanalmente hasta los campos del Colegio Pío.

Pero Colón es hoy una barriada pujante, que ha crecido por ejemplo hacia Progreso, quitándole espacio a las zonas urbanas. En los aledaños de su plaza se ha constituído un centro comercial de movimiento bastante intesnso, que llena las necesidades de una amplio radio rural y urbano circundante, cuya lejanía del centro es ostensible.

A pesar de todos los cambios, Colón aún posee en ciertas partes esa combinación de manzanas construídas y apacibles campos con viñas. Los árboles, el verde, están presentes en los viejos eucaliptus de sus calles y en los grandes jardines también arbolados. Lo suficientemente lejos de las áreas mas densamente pobladas de Montevideo, también fuera de los círculos apetecidos en materia inmobiliaria, Colón ha sabido mantener un equilibrio con su ámbito natural y agrario bastante ejemplar en una ciudad donde no ha quedado casi en los últimos años curso de agua sin contaminar ni arboleda que no resultara esquilmada.

"Rincones de Montevideo"
Alejandro Michelena
Editorial Arca - Montevideo - 1988

16/6/08

Capurro

Capurro playa, parque, estación balnearia y barriada montevideana, es un arraigado nombre capitalino. Es uno de los mas hermosos parajes que se recuestan sobre la bahía de Montevideo. Paraje y paisaje, porque la vista que se disfruta desde la playa de Capurro es, sin duda, una de las mas elocuentes de la ciudad, con su paisaje portuario a la izquierda, la pequeña mole del Cerro enfrente, absolutamente emblemática con fortaleza y todo, y la península estirandose como un bostezo, a lo lejos, con esos edificios que dan a Montevideo tono de urbe mayor, empezando con el Palacio Salvo y siguiendo por la Catedral, el Correo, la Iglesia de Lourdes, el edificio de la Aduana y tantos mas . . .
Capurro, entonces, paisaje elocuente de barcos fondeados o abandonados en la bahía, paisaje costero y portuario, para el recuerdo, para la fotografía del aficionado, para la nostalgia. Con una iluminación distinta según sea de mañana o de tarde. Con actividades diferentes según sea de día o de noche.
El topónimo Capurro se debe al infatigable y emprendedor empresario italiano Giovanni Battista Capurro, marino genovés venido al país en tiempos de la jura de la primera Constitución. Cavaliere del reino de Cerdeña, Capurro acumuló aquí una envidiable fortuna como agente marítimo y accionista de distintas compañías. Su tacto y su buen olfato para los negocios, circunstancias que tantas veces hemos destacado en personajes similares a él, lo llevaron a cristalizar excelentes inversiones.

En 1836 se había casado aquí con doña Prudencia de Castro, fundando una honorable familia. A su muerte, en 1872, la fortuna que dejaba a los herederos alcanzaba el millón de pesos, suma verdaderamente caudalosa para su tiempo. A su hijo Juan Alberto, ingeniero, arquitecto y empresario, amén de legislador y ministro, Montevideo debe importantes obras públicas y privadas, entre otras muchas, el histórico puente que une Montevideo con San José, en la Barra de Santa Lucía, construído en 1925.
En la zona donde había estado establecido el Caserío de los Negros, en la margen izquierda de la desembocadura del arroyo Miguelete, el armador genovés adquirió un predio donde edificó una hermosa casa quinta, de 24 cuadras cuadradas, rodeada de paradisíacos jardines, que pobló de pájaros y especies forestales. La quinta de Capurro, que estaba frente a la playa antiguamente denominada "Honda", sobre la bahía, se llamó "La Meca", y allí vivió su fundador con su esposa y demás familiares hasta que falleció.

Según el historiador Aníbal Barrios Pintos, los arenales y pozos de agua existentes en la costa de "La Meca", sobre la "playa Honda", continuación natural de los pozos de la Aguada, fueron explotados por Capurro con destino a los buques de ultramar que regresaban sin carga a Europa y necesitaban lastre y, por supuesto, agua dulce.
Despues, el activo armador y hombre de negocios construyó sobre la bahía el "Muelle Capurro", para cargar arena como lastre en los barcos que regresaban desde Montevideo. De a poco, los médanos de la zona fueron desapareciendo, a consecuencia de ser trasladados a Europa a través de los buques cargados por la empresa de Capurro.

La instalación de la "Compañía de Tranvías al Paso del Molino y Cerro", desde 1869, trajo importantes cambios al paraje y gran afluencia de visitantes. Los trenes eran tirados por caballos y se establecieron dos ramales desde la calle Agraciada hasta la costa. Uno iba por la actual calle Capurro hasta la bahía, y el otro por la calle Francisco Gómez hasta la vía férrea, que había sido inaugurada el 1o. de enero de aquel año 1869.
El tranvía popularizó la playa de Capurro como estación balnearia. En 1872, la Compañía de Carritos de Ramírez y Capurro atendía un recreo, donde se expendía agua mineral de Vichy. Las familias de Montevideo iban hasta allí en tranvía, en sus propias volantas o en coches de alquiler, con el objeto de tomar sus refrescantes baños de mar. Cuando se estableció el vaporcito que hacía la carrera desde el puerto al cerro, en las temporadas estivales, tanto en el viaje de ida como en de vuelta, existía una escala en el muelle de Capurro.

Según cuenta don Isidoro de María, en 1866, con motivo de una gran sequía, Giovanni Battista Capurro "se ofreció a traer toda la precisa de su establecimiento". En sólo 18 días se repartieron entre el vecindario 2.133 pipas de agua, costando ese servicio a la Comisión de Salubridad 1.514 pesos.
Tan buen negocio se prometía, que Capurro ofreció al Municipio un servicio de agua desde sus manantiales por cañerías. Pero cuando se discutía esta oferta, llovió copiosamente y se solucionó la angustia de la sequía , los aljibes se colmaron "y Capurro - según De María - se quedó con sus manantiales, sin poder concretar su iniciativa".
La estación balnearia, hotel y parque de Capurro fueron proyectos de los hijos del genovés, Juan Alberto y Federico, quienes crearon, al finalizar el siglo XIX, la sociedad denominada "Gran Balneario de Playa Honda", cuando el paraje se conocía todavía con el nombre de la playa.

Esa sociedad confió al arquitecto Juan Tosi los planos para la construcción de un hotel para 450 pasajeros, con 285 habitaciones y un restorán, terrazas, gimnasio y sala de hidroterapia. Pero la crisis del año 90 frustró este ambicioso proyecto.
La quinta fué fraccionada y vendida, permaneció solo el casco, donde tuvieron su sede las escuelas públicas Nos. 47 y 108, cuyo moderno edificio sustituye hoy a la vieja casa de los Capurro. En 1910, en los terrenos de la costa, se inauguró el "Parque Capurro", trazado por el ingeniero alemán Julio Knab, cuya parte arquitectónica, de amplias y hermosas escalinatas y demás construcciones, fué obra del arquitecto florentino Juan Veltroni.
El paso del siglo XX redujo a recuerdos el hermoso parque que ya casi nadie visitaba. Sin embargo, la construcción de la nueva ruta de salida al Oeste, que en algún momento amenazó destruirlo definitivamente terminó poniendolo en vigencia nuevamente. En 1988, las construcciones planificadas por Veltroni fueron recicladas por el Municipio.

"Los barrios de Montevideo"
Ricardo Goldaracena
Ediciones Arca - Montevideo