22/10/08

Las actividades clandestinas de un jerarca militar

El procesamiento por la justicia militar del capitán de navío Enzo Baudo, director de Seguridad Interior de la Dirección Nacional de Inteligencia del Estado (Dinacie) explotó la semana pasada como un torpedo en la línea de flotación de la Inteligencia del Estado.

Las actividades clandestinas de un jerarca militar ponen en estado de alarma a la inteligencia del Estado y disparan la inquietud del Partido Colorado.

El episodio, cuyos alcances recién comienzan a calibrarse, exhibe el esquema de una novela de John le Carré: contactos horizontales entre agentes de inteligencia de dos países, reclutamientos mediante ardides amorosos, viajes clandestinos, tráfico de información, presuntas operaciones de tipo financiero, relaciones empresariales, vínculos políticos y una labor de contrainteligencia en que los espías resultan espiados.

No existen antecedentes recientes de una medida tan grave como el procesamiento con prisión, por delitos militares, de un oficial de ese rango. El ministro de Defensa, José Bayardi, prefirió bajar el perfil del suceso al mencionar públicamente que Baudo cumplía la “sanción” en una unidad militar, cuando en realidad lleva ya 35 días de prisión en el FUSNA. Los delitos que el juez militar Washington Bertrand le tipificó comprenden los de omisión de servicios y desobediencia en reiteración. La omisión refiere al abandono del comando en 13 oportunidades, entre abril y julio de 2007, sin establecer un relevo y sin comunicarlo a sus superiores, dejando expuesta a la División de Seguridad Interior de la DINACIE mientras hacía sus viajes a Buenos Aires, casi siempre los miércoles entre las primeras horas de la mañana y las últimas de la noche; la desobediencia refiere a no cumplir, en dos oportunidades, una orden verbal que le prohibía hacer esos viajes y cualquier contacto con servicios argentinos.

En primera instancia, el procesamiento está motivado en el abandono del trabajo y en el uso de vehículos oficiales para desplazamientos personales, pero la causa que impulsa a decretar la prisión (en una pena que puede extenderse de cuatro meses a cuatro años) tiene que ver con las verdaderas razones de sus viajes a Argentina, lo que abre un campo alarmante de posibilidades y una delicada preocupación ante eventuales filtraciones en la inteligencia militar. El capitán de navío Baudo fue arrestado a rigor por 30 días en agosto del año pasado, después de una investigación administrativa originada en una tarea rutinaria de control del uso de los vehículos oficiales y del gasto de combustible en la DINACIE.

Dichos controles revelaron que en diversas oportunidades Baudo utilizó un vehículo oficial para trasladarse a Colonia, donde quedaba estacionado durante todo el día; también lo dejaba estacionado durante horas en la terminal de Tres Cruces, mientras viajaba a Buenos Aires vía Buquebus. La investigación sobre sus movimientos dejó al descubierto una inesperada historia, cuyos alcances aún no están totalmente determinados, aunque la labor de contrainteligencia descartó las especulaciones de la prensa, especialmente la argentina, sobre un eventual espionaje relacionado con el conflicto por las pasteras.



UNA RELACIÓN AMOROSA.

Baudo, que se había desempeñado como ayudante del ministro de Defensa Yamandú Fau durante la preSIDEncia de Jorge Batlle, fue designado como agregado naval ante la Junta Interamericana de Defensa, en Washington, en una decisión polémica, adoptada a fines de enero de 2005, un mes antes de que Batlle traspasara el gobierno a Tabaré Vázquez. Baudo integró el estado mayor de ese organismo dependiente de la oea hasta principios de 2007. En su calidad de participante en congresos y encuentros sobre terrorismo, tráfico de estupefacientes y lavado de activos, conoció a María José Meincke, una abogada argentina, magíster de la Universidad Católica Argentina, que se de-sempeñaba en cargos de responsabilidad en la Unidad de Investigaciones Financieras del Ministerio de Justicia, organismo que tiene un destacado protagonismo en la represión del lavado de activos de origen delictivo.

Tal como confesó al juez militar, Baudo mantuvo una intensa “relación sentimental” con la abogada, relación que no se suspendió cuando fue trasladado a Montevideo en febrero de 2007. En el curso de 2006, a pesar de los esfuerzos realizados por operadores del Opus Dei argentino, Meincke fue forzada a abandonar la Unidad de Investigaciones Financieras debido a que, entre otras razones, estaba vinculada a dos personajes investigados por dicha unidad, el abogado Emilio Eduardo Massera, y el empresario y banquero Raúl Moneta. Massera ­hijo del almirante Emilio Massera, integrante de las juntas militares de la dictadura, con responsabilidad directa en las atrocidades cometidas en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma)­ es cabeza del Grupo Puente, una sociedad de bolsa con oficinas en Buenos Aires y en el World Trade Center en Montevideo; Moneta fue procesado por su responsabilidad en el vaciamiento de dos instituciones bancarias. Ambos están acusados de participar en esquemas de lavado de dinero.

Quizás porque Baudo integra en la Armada el grupo conocido como La Higuera (porque a su sombra no crece nadie), el comando de dicha fuerza lo propuso para servir en la Inteligencia del Estado; asumió como jefe de la División de Seguridad Interior de la DINACIE en marzo de 2007. Seguridad Interior se ocupa de las tareas de inteligencia en el ámbito local y coordina con distintos organismos estatales. A comienzos de abril de 2007, apenas un mes después de ingresar en la inteligencia militar, Baudo retomó su relación con Meincke. Se trasladaba una vez por semana a Buenos Aires para lo cual, según confió a su abogado defensor, concurría a su oficina a las 6 de la mañana, para “adelantar trabajo” y disponer órdenes y medidas que dejaba por escrito; y por la noche, a su regreso, tomaba conocimiento de la actividad del día. El argumento pretende establecer que en realidad abandonaba su puesto apenas unas dos horas, en la medida que su horario de trabajo era de seis horas diarias.

Sin embargo, fuentes militares aseguraron a Brecha que el cargo de jefe de división implica una “actividad de combate”, es decir una disponibilidad de 24 horas. En su alegato, Baudo sostiene que mientras se ausentaba de Montevideo por “razones personales” mantenía permanente contacto telefónico mediante el sistema de roaming de su celular. Los viajes a la capital argentina se reiteraron semanalmente hasta julio de 2007.



CONTRAINTELIGENCIA.

A partir del control del uso de vehículos, y una vez que quedaron en evidencia los viajes a Buenos Aires, Baudo fue objeto de una vigilancia que desembocó rápidamente en una investigación administrativa orientada a establecer la razón de esos viajes. Se obtuvieron constancias de los pasajes y de la forma de pago y se investigaron las llamadas telefónicas que hacía desde su celular. Así se descubrió que Baudo mantenía frecuentes conversaciones telefónicas con distintos interlocutores en Argentina, entre ellos con la abogada Meincke, contactos que no estaban justificados por su actividad como jefe de Seguridad Interior.

Pero el rastreo de las llamadas telefónicas de Baudo deparó una sorpresa. Algunas de ellas fueron realizadas a la central telefónica de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y otras a personas vinculadas con ese aparato de inteligencia argentino. Baudo, en principio, negó esas llamadas y después, cuando las admitió, no supo explicar el contenido de sus conversaciones con agentes de la SIDE. Fuentes consultadas en Buenos Aires sostienen que la abogada Meincke también mantiene un vínculo con la SIDE. Sin embargo, en principio se descarta que las actividades de Baudo en Argentina tengan que ver principalmente con un esquema de agentes dobles, aunque se presume que hubo trasiego de información de inteligencia.

Se cree, por el contrario, que son relaciones de tipo personal, en las cuales la condición de agentes de inteligencia facilita el acceso a información sobre elementos relacionados con actividades del crimen organizado. Durante la investigación se pudo comprobar que en diversas oportunidades Baudo se interesó por cuestiones de lavado de dinero, un tema que no entra en las atribuciones de la división a su cargo. La SIDE exhibe una abundante historia de funcionarios o ex funcionarios que aplican sus conocimientos para provecho personal, historia que está relacionada con el papel de la inteligencia del Estado argentino en el terrorismo de Estado de la dictadura, cuando la “guerra sucia” facilitaba la incursión en otro tipo de delitos. Algo similar ocurrió en Uruguay con los aparatos dedicados a la represión de actividades subversivas.



PREOCUPACIÓN COLORADA.

La investigación administrativa llevada adelante por el coronel Luis Mayer derivó en el arresto a rigor de Baudo por 30 días, y en el arresto por diez días de otro oficial de la Armada adscrito a la DINACIE, el capitán de navío Gastón Tournier, quien, luego de cumplir la sanción, solicitó la baja. Tournier oficiaba de enlace con otros aparatos de inteligencia. Los datos recabados en la investigación y en el sumario indujeron a elevar todos los antecedentes a la justicia militar, además de solicitar un tribunal de honor al comandante de la Armada. Baudo fue interrogado primero por los oficiales que instruyeron el sumario (interrogatorio en el que cayó en varias contradicciones) y después por el juez Bertrand, quien, según pudo saber Brecha, fue objeto de fuertes presiones.

Ante el juez se presentaron, en forma conjunta, el ex ministro de Defensa Fau y la esposa de Baudo, quien en una carta alegó a favor de su marido afirmando que éste era objeto de persecución política, cuando la falta cometida por su esposo estaba motivada en una aventura amorosa. El juez Betrand, según fuentes de Brecha, se sintió particularmente molesto cuando, durante una reunión en el Centro Militar, el senador Julio María Sanguinetti intentó un acercamiento, preguntándole si él era juez militar. Sospechando la intención, el coronel Bertrand habría respondido, secamente: “Hace 14 años que soy juez, y usted lo sabe”. La defensa de Baudo está a cargo del abogado Jorge Barrera. El capitán hoy en prisión es identificado como simpatizante del Foro Batllista, aunque esa única relación no explicaría el interés que han manifestado por el caso los dirigentes de ese grupo del Partido Colorado.

El procesamiento dictado por el juez, por los delitos de omisión de funciones y desobediencia, se apoya exclusivamente en los elementos confirmados de la investigación. Los otros elementos de la conducta de Baudo sugieren aspectos más complejos, referidos a sus relaciones “personales”, que no se sabe a ciencia cierta hasta qué punto configuran una brecha en la seguridad del aparato de inteligencia del Estado. Si como hipótesis se analiza que los viajes frecuentes de Baudo a Buenos Aires no tenían como objetivo único (ni siquiera principal) los encuentros amorosos, entonces todo el episodio representa apenas “la punta de iceberg”, como dijeron a Brecha las fuentes consultadas. La eventualidad de que una nueva investigación abunde en esos aspectos queda exclusivamente en manos del ministro de Defensa, quien podría derivar los antecedentes a la justicia ordinaria, en la medida en que la justicia militar no cuenta con instrumentos ni pericia para analizar delitos complejos.

Samuel Blixen
Junio 2008

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