5/6/08

Ralph W. McGehee


Un agente arrepentido de la CIA, Ralph W. McGehee, que formó parte de la organización entre 1952 y 1977, publicó un libro llamado "Deadly Deceits: My 25 years in the CIA" ("Engaños mortales: Mis veinticinco años en la CIA"), donde detalla la participación de EEUU a través de la CIA en la preparación de las dictaduras latinoamericanas y en la represión que impusieron luego de conquistar el poder.

A partir de la desclasificación de documentos, la historia de la CIA "está haciéndose dolorosamente clara", sostiene el ex agente.

El entrenamiento para torturas "que rivalizaron con los nazis" y la asociación de la CIA con los "escuadrones de la muerte" para los que "el Departamento de Información e Inteligencia sirvió de cobertura", son algunas de las confesiones realizadas por el ex agente sobre las operaciones de la CIA en Uruguay. En el rubro torturas destaca particularmente la participación como instructor del "conocido torturador" Dan Mitrione.

Según McGehee la CIA armó directamente "la policía secreta" y "escuadrones de la muerte" en "El Salvador, Guatemala, la Nicaragua presandinista, Corea del Sur, Irán, Chile y Uruguay". El ex agente señala que esas operaciones son las responsables de "torturas, desapariciones y muertes´´.

McGehee reconoció también que "en 1973 la CIA supervisó y asesinó al presidente Salvador Allende" en Chile y señaló que la empresa electrónica norteamericana ITT "ofreció un millón de dólares a la CIA para que diera un golpe". Agregó que la agencia colaboró con los militares chilenos desde 1971 para elaborar un listado de "20.000 candidatos a ser asesinados la mañana del golpe".

En un libro donde se reconoce la participación norteamericana en crímenes cometidos en 42 países de todo el mundo, también se admite la existencia de la "Operación Condor" para concretar el "arresto y asesinato de políticos e intercambio de prisioneros entre Paraguay, Argentina, Chile y Uruguay". Según McGehee, "Estados Unidos brindó inspiración y asistencia financiera y técnica para la represión. La División de Servicios Técnicos de la CIA proveyó de equipamiento de tortura" a las dictaduras latinoamericanas.

En otros países del continente, la CIA "organizó grupos terroristas para atacar y asesinar políticos de izquierda sin implicar a los gobiernos. Estos grupos incluyen La Mano Blanca y Ojo por Ojo en Guatemala, La Banda en República Dominicana y El Escuadrón de la Muerte en Brasil".

McGehee, que fue durante 14 años "oficial de operaciones" en el extranjero y durante 11 años oficial de alto rango en el cuartel general de la CIA en Langley, no duda y afirma que en función de todo lo expuesto la organización para la que trabajó durante un cuarto de siglo "debería ser abolida, su liderazgo terminado y sus principales miembros juzgados por crímenes contra la humanidad".





La lección de Mitrione
McGehee asegura que en Uruguay la CIA "estuvo asociada a los escuadrones de la muerte. La estación de la CIA tuvo un control sobre las listas de los más importantes activistas de la izquierda. Entregó nombres de sus familias y amigos. Mediante el servicio de alianza, la CIA obtuvo y entregó (a los servicios de inteligencia y al escuadrón de la muerte) nombres completos, fecha y lugar de nacimiento, nombre de los padres, direcciones, lugar de trabajo y fotografías. Fue una información invalorable para las operaciones de control de los subversivos y una variedad de otros propósitos".

En 1969, la agencia envió a nuestro país al "conocido torturador" Dan Mitrione. El ex agente comenta que hasta ese año, "las fuerzas de derecha solamente habían utilizado la tortura como último recurso. Mitrione los convenció para que la usaran como una práctica rutinaria. Su dicho era: 'El dolor exacto, en el lugar exacto, en la cantidad exacta para obtener el efecto deseado'. Las técnicas de tortura que enseñó a los escuadrones de la muerte rivalizaron con los nazis. Finalmente se volvió tan temido que los revolucionarios lo secuestraron y asesinaron un año después".

Posteriomente McGhehee afirma que entre 1970 y 1972 los oficiales de la CIA "utilizaron el respaldo de informantes para ayudar al Departamento de Información e Inteligencia, que a su vez fue cobertura de los escuadrones de la muerte". El ex agente norteamericano se refiere o al Departamento de Inteligencia y Enlace de la Policía.




El asesinato de Allende
A fines de 1971 la CIA estaba estrechamente conectada con los militares en Chile. Según McGehee, los agentes de la organización "comenzaron a recolectar la clase de información que sería esencial para una dictadura militar después de un golpe de Estado: listas de civiles que deberían ser arrestados, aquellos que serían protegidos y las instalaciones gubernamentales que deberían ocuparse de inmediato".

En 1973 los militares "prepararon las listas de cerca de 20.000 mandos medios de las organizaciones populares, candidatos a ser asesinados en la mañana del golpe. Hubo otra lista con tres mil altos mandos que serían arrestados. Las listas detallaban nombre, dirección, edad, profesión, estado civil y amigos más cercanos". Los representantes de la CIA justificaron su presencia en Chile en aquellos años argumentando la existencia de una misión militar norteamericana.

McGehee recuerda que en junio de 1973, militares chilenos y agentes norteamericanos terminaron de elaborar la lista de extremistas y líderes políticos. Allí estaban incluidos "periodistas marxistas, agentes del comunismo internacional y cualquiera y todas las personas que hubieran participado con cualquier grado de vigor en organizaciones vecinales, comunales u organizaciones nacionales. Se había pedido al Pentágono que autorizara a la CIA a dar a la Armada chilena listas de chilenos relacionados a países socialistas".

Los nombres fueron divididos en dos grupos: personas desconocidas públicamente pero de importancia para las organizaciones de izquierda y personas conocidas que ocuparan importantes posiciones. Veinte mil ocuparon el primer grupo y debían ser asesinados. Tres mil fueron al segundo para ser encarcelados.

En 1973 la CIA "supervisó y asesinó Salvador Allende, el primer líder socialista democráticamente elegido en Latinoamérica. El problema comenzó cuando Allende nacionalizó sectores controlados hasta entonces por firmas norteamericanas. En ese momento la ITT le ofreció un millón de dólares a la CIA para que diera un golpe, lo que fue rechazado. La CIA reemplazó a Allende por el general Augusto Pinochet, quien torturó y asesinó a miles de sus compatriotas".



"Crímenes contra la humanidad"
Luego de una extensa experiencia integrando la organización, el ex agente criticó duramente la necesidad de ocultamiento desarrollada por la misma y ratificada por el gobierno norteamericano. En ese sentido, rememoró el discurso pronunciado por el ex presidente Bill Clinton en la celebración del 50 Aniversario de la agencia, cuando dijo: "Por necesidad, los americanos nunca sabrán la historia completa de su coraje". A su entender, esto quiere decir que "los americanos deberían dejar de criticar a la CIA porque no saben lo que realmente hace. Una agencia que está más allá de la crítica también está más allá del comportamiento moral. Su secreto y falta de control permite el crecimiento de su corrupción. Por otra parte, el comentario de Clinton simplemente es mentira. La historia de la agencia está haciéndose dolorosamente clara con la decalificación de sus documentos".

McGehee comentó que la CIA "usualmente ha despreciado las alianzas con los defensores de la democracia, la libre expresión y los derechos humanos, prefiriendo la companía de dictadores y tiranos. Ha respaldado las dictaduras de derecha porque éstas permiten a los americanos ricos explotar el trabajo y los recursos de otros países. Pero los americanos pobres y de clase media pagan el precio luchando en guerras que son consecuencia de las acciones de la CIA, desde Vietnam hasta la Guerra del Golfo pasando por Panamá.

Además habría que preguntarse la razón para que los 'intereses americanos' se alcancen a costa de los derechos humanos de otras personas".

Desde su punto de vista, la organización para la que trabajó durante un cuarto de siglo "debería ser abolida, su liderazgo terminado y sus principales miembros juzgados por crímenes contra la humanidad".

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