29/8/08

Un sobreviviente del "Pozo de Banfield" narra últimos momentos de uruguayos

La Comisión para la Paz recibió en el 2001 el testimonio de Eduardo Corro, un argentino sobreviviente del "Pozo de Banfield", centro de detención clandestino durante la dictadura militar. Corro testificó haber conocido a varios de los 21 uruguayos allí detenidos y también torturados, la mayoría de los cuales están hoy desaparecidos.

En una extensa entrevista, Corro recordó los meses vividos en el "Pozo de Banfield", donde permaneció entre marzo y octubre de 1978, trasladado a partir de una primera detención en la Brigada de San Justo. Con fechas precisas, el testigo relató que allí conoció a los uruguayos Aída Sanz (desaparecida el 23 de diciembre de 1977) y su madre, Yolanda Casco (23.12.77), María Victoria Artigas de Moyano (30.12.77), Ileana García Ramos de Dossetti (12.5.77), María Antonia de Martínez, Alfredo Moyano (30.12.77), Andrés Carneiro (30.12.77) y Carlos Martínez, que estaban allí desde diciembre del año anterior. No obstante, los uruguayos detenidos eran veintiuno. Corro indicó que el "Pozo de Banfield" tenía doce celdas a cada lado colindantes con un muro. Llegó allí una noche de la Semana Santa de 1978, esposado y con los ojos vendados. Su primer contacto fue, a través de una pared, con Alfredo Moyano, quien le habló de "los uruguayos. Nos comunicábamos a través de la pared y por código morse, aprendido por las circunstancias".



Nacidos en cautiverio
Los detenidos en el "Pozo de Banfield" intercambiaban sus historias "con la esperanza de que el que saliera pudiera avisar a los parientes o a los organismos de defensa de los derechos humanos". Entre las cosas que supo Corro está el nacimiento del hijo de Aída Sanz, quien tuvo "un parto precipitado por las torturas que había recibido en diciembre. La niña (Carmen Sanz, recuperada en junio de 1999) nace con ella esposada a la camilla. Junto con ella estaba su madre, una mujer mayor, también uruguaya, de unos sesenta años. La mamá había viajado a Buenos Aires para acompañarla en el parto y tenía dificultades para mantenerse de pie". Corro también supo del nacimiento del hijo de Yolanda Casco (Carlos D'Elía, cuya identidad fue restituida en 1995), que ya se había producido cuando llegó al lugar. Durante los meses que duró su estadía, fue testigo de un tercer nacimiento: la hija del matrimonio Moyano (María Victoria, recuperada y restituida en 1987). El trabajo de parto de María Victoria Artigas de Moyano fue "compartido por todos. Su compañera de celda golpeaba la pared de atrás y contábamos el tiempo de duración de cada contracción. Cuando terminaba golpeaba la pared de al lado, donde yo estaba y contaba el tiempo transcurrido entre cada contracción. Ese trabajo empieza una noche de agosto y termina al otro día al mediodía. La bajan, tiene a su niña, trata de retener sus rasgos y nos comenta que tiene las orejas del padre. Esa misma noche vino un oficial y se la llevaron". Los familiares recuperaron a la hija del matrimonio Moyano doce años después de su nacimiento. Había estado "en manos de un subcomisario de la Policía que estaba emparentado con un militar torturador". Según supo Corro por las conversaciones mantenidas en el "Pozo de Banfield", los uruguayos habían sido interrogados previamente en Martínez, un comando de operaciones tácticas de la Provincia de Buenos Aires. Originalmente eran 26 y "fueron interrogados y torturados por oficiales uruguayos y argentinos. Allí se repite el nombre de Saracho" como uno de los militares uruguayos que participaban en las torturas. Cinco de esos primeros 26 fueron enviados a Uruguay desde Martínez, incluyendo en ese grupo al esposo de María Sara Gallo. Los otros 21 fueron al "Pozo de Banfield". Según Corro, "las torturas fueron muy duras para los compañeros uruguayos. En la Brigada de Banfield muere Carlos Martínez con un ataque de asma. Su esposa María Antonia, que era médica y lo asistía, pide el medicamento pero nunca se lo dan. Esto fue en marzo de 1978".

En abril, el resto fue llevado durante diez días a la Brigada de Quilmes "para torturarlos. Allí aparece otra vez el nombre de Saracho. En esa ocasión, Saracho se acerca a Aída Sanz para darle noticias de su hija, para decirle que está bien y que no se preocupe y le pide que firme unos papeles referentes a la hija".



Coordinación constante
El testigo de aquellos meses oscuros constató que "tanto en Martínez como en Quilmes había oficiales uruguayos y argentinos".

El 15 de mayo de 1978, los uruguayos fueron trasladados desde el Pozo de Banfield con destino desconocido. Solamente quedaron María Victoria Artigas e Ileana Ramos de Dossetti, "la primera porque tenía un embarazo avanzado y la segunda porque presumía que estaba embarazada. Nunca se supo a dónde fueron trasladados los demás".

En el mes de junio, "llega al 'Pozo de Banfield' procedente de Uruguay el matrimonio Lugares, que habían sido secuestrados en Uruguay, trasladados a Argentina, torturados e interrogados en la Brigada de San Justo y llevados al 'Pozo de Banfield'. La noche que los llevan, el jefe del grupo que los trasladó vino a visitarme a mi celda, a hacerme preguntas".

Mónica Logares (argentina, secuestrada en Uruguay el 18.5.78 y trasladada a la Argentina) fue alojada en la celda que estaba en diagonal a la de Corro. Ella le contó por dónde había pasado y su preocupación por lo que habría sucedido con su hija, también secuestrada (Claudio Logares, su esposo también fue secuestrado el mismo día). La hija de los Logares fue uno de los primeros niños recuperados. Corro considera que en Argentina los testimonios tuvieron el gran logro de "promover las movilizaciones y los grupos de defensa de los Derechos Humanos, haciendo que los responsables estén inculpados y cuestionados por la Justicia" pese a la existencia de una Ley de Punto Final. La aplicación de prisión preventiva a varios comandantes del proceso militar es destacada por Corro, que considera que "siempre hay brechas y recursos jurídicos que permiten remitir a la Justicia a los responsables de la represión". A su entender, las leyes uruguayas son similares, por lo que planteó a la Comisión para la Paz su esperanza de que "todo esto que estamos haciendo sirva para algo y no se quede en meras declaraciones".

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